La versión de mí que te amó

CAPÍTULO 5

David se va a la cancha junto a sus compañeros después de un rato porque ya va a comenzar el partido. Yo subo a las gradas y voy hacia mis amigas que ya están allí desde hace rato y me han guardado puesto.

—¡Apareció la perdida!— me dice Dayana, levantándose y dándome un abrazo. Luego saludo a Liliana y Ana Maria de igual manera, ya que también tenía un mes sin ver a las chicas.

—¿Qué tal estuvieron tus vacaciones? ¿Y lo más importante, cómo están los papasitos de tus primos?— pregunta Lili y yo no puedo evitar reír. Mis amigas viven enamoradas de mis primos, que no se puede negar que son muy guapos.

—¡Uff si!! ¿Cómo están?— me dice Ana uniéndose a la conversación.

—¿A ti que te importa? Tu estas con Andrés— le dice Dayana a Ana

—¿Y eso qué? Estoy con Andrés pero no estoy ciega. Los primos de Mady están buenos, eso no se puede negar. Además, solo pregunté cómo están, hay que ser educada.

—Bueno, Ana tiene un punto— dice Lili y todas reímos.

***

El partido comienza y yo, la verdad, no estoy prestando mucha atención más allá de ver a David, quien de vez en cuando me mira y sonríe. Pero decir que entiendo de qué va el juego sería mentir, no soy para nada fan de los deportes.

Desde que llegué me he sentido observada, pero como obviamente estamos rodeadas de personas, supongo que puede ser cualquiera que en algún momento pone sus ojos en mi.

Aun así, el peso de una mirada se siente de forma tan intensa que no puedo evitar buscar con mi mirada el origen. Me parece muy curioso cómo es que somos capaces de sentir cuando alguien nos está mirando con tanta intensidad.

Después de pasear mis ojos entre la multitud, me fijo en las gradas que están del otro lado de la cancha frente a nosotras. Y no puedo evitar el sobresalto que siento en el corazón cuando descubro que los ojos que me miran con tanta intensidad son, nada más y nada menos, que los del chico nuevo.

Por un momento mi mente se queda en blanco. Mi corazón parece detenerse un par de segundos antes de dar un salto fuerte en mi pecho, y siento cómo se me calientan las mejillas. Él, que no ha apartado sus ojos de mí, me regala una sonrisa ladina de labios cerrados. Yo reaccionando por fin, aparto mis ojos de él.

—No te quita los ojos de encima— la voz de Ana llama mi atención y la de las chicas.

—¿Quién?— pregunto extrañamente nerviosa, no sé por qué.

—Ay no te hagas, te vi viéndolo…

—¿A quién?— preguntan casi al mismo tiempo Dayana y Liliana.

—¡A Joaquin!— dice Ana poniendo los ojos en blanco.

—¿Quién rayos es Joaquin?— pregunta Dayana, haciendo en voz alta mi pregunta.

—El sobrino de mi cuñado, el chico nuevo que va a estudiar aquí este próximo año, ¿ya se olvidaron de él?

—¿Estás loca? ¿A quién se le olvida una cara y un cuerpo como ese?— dice Lili —¿Dónde está? No lo he visto. ¿Estaba mirando a Mady?

—No solo estaba mirándola, no ha dejado de hacerlo desde que llegamos, solo que la sonsa no tiene ojos para nadie que no sea David y no se había dado cuenta hasta ahora.

— Ok ya, no es para tanto, seguro ando despeinada o algo asi y por eso me mira— digo quitando peso al asunto —¿Mi cabello está bien?

—Mmm si, seguro que es por que tienes el cabello enmarañado o se te ve un moco, que el te esta viendo— dice Ana completamente sarcástica y las chicas riendo.

Están todas dándole vueltas al asunto todavía cuando un rato después llegan Eliana y sus amigas justo a las gradas donde nos encontramos.

Pasan frente a nosotras, y Eliana se me queda mirando con un gesto de burla y sus amigas dejan escapar unas risitas tontas. Luego pasan más allá y se sientan lejos de nosotras.

—¿Eso fue raro o solo son ideas mias? — le pregunto a las chicas.

—Definitivamente fue raro— dice Dayana dándome la razón.

—Bueno, ellas son raras, solo a los chicos les parecen hermosas— comenta Liliana con gesto de desagrado.

—Eliana es una perra loca, y sus amigas son sus títeres, no les prestes más atención de la que merecen— agrega Ana. Todas tomamos en cuenta su consejo y seguimos conversando normalmente y viendo el partido que ya casi va a terminar.

***

Al terminar el partido, que obviamente el equipo de David ha ganado, él sube corriendo las gradas y me besa. A pesar de que está todo sudoroso, no me desagrada para nada su cercanía, todo lo contrario.

Está emocionado por el partido de hoy y quiere que vayamos junto con sus amigos a celebrar, iremos a comer. Las chicas también vendrán con nosotros.

La gente ha ido saliendo poco a poco de las gradas, solo quedan unos cuantos. Nosotras estamos esperando que los chicos se duchen y se cambien para ir con ellos al restaurante. Por desgracia siguen por allí Eliana y sus amigas sin cerebro. No sé que estarán esperando.

Unos minutos más tarde salen todos los chicos de las duchas y vienen entre empujones y bromas. Veo a David entre ellos y lo saludo con la mano para que vea donde estamos ahora, ya que nos alejamos del lugar en que estábamos antes.

El se aleja trotando del grupo y viene hacia nosotras sonriendo, pero a mitad de camino voltea hacia el grupito de Eliana y las estúpidas, y su sonrisa se esfuma un momento, luego vuelve a mirarnos y vuelve a sonreír. Eso definitivamente fue raro.

—¿Qué tal jugué?

—Perfecto como siempre

—¿Cómo sabrías que jugué perfecto si ni siquiera te has molestado en saber las reglas del juego?— me pregunta riendo divertido.

—No necesito saber las reglas para saber que jugaste perfecto— le digo entre risas —Me basta con ver como te mueves en la cancha, cómo parecen estar todos cronometrados en tu equipo. No sé de deportes, pero sé distinguir cuando lo están haciendo bien.

—Ok tienes un punto, te creo— suelta una carcajada — Ahora, mejor vamos, que me estoy muriendo de hambre.

Estamos por ir donde están el resto de chicas y chicos esperándonos cuando escucho la molesta voz de Eliana.




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