La versión de mí que te amó

CAPÍTULO 7

Esta última semana mamá y yo hemos ido un par de veces a la ciudad para comprar mis uniformes nuevos, zapatos, morrales, cuadernos y todas las cosas que voy a necesitar para este nuevo año escolar que comienza el próximo lunes.

Hoy es jueves y decidimos que estos días que quedan los pasaremos en casa viendo películas, comiendo y pasando el rato juntas, así que ella pidió permiso en su trabajo por 3 días.

Mientras estamos cenando y viendo una serie que nos gusta mamá comienza a hablar.

—¿Y cómo está ese muchachito que te gusta? — casi me ahogo con lo que tengo en la boca, así que trago lo mejor que puedo y carraspeo.

—¿David?

—Si, es ese ¿no? ¿O es que ahora te gusta otro?

—¡No! Por supuesto que no… Y David está bien. El sábado en la noche tiene el partido final de Baloncesto.

—Él parece un buen chico… Su mamá y yo somos amigas desde antes de que ustedes nacieran— me sorprende escuchar eso —Últimamente casi no nos vemos, pero yo te llevaba siempre cuando estabas más pequeña y te pasabas horas jugando con él.

¿De verdad? ¿Por qué no recuerdo eso?

—A ella siempre le emocionó la idea de que nuestros hijos al crecer se hicieran novios…

—¿De verdad? — no puedo evitar el tono sorprendido de mi voz.

—Si… — mamá se queda en silencio un momento y luego continúa —Que yo esté en contra de que sean novios no tiene nada que ver con él…

—Mamá David y yo…

—No, escúchame, necesito decirlo. No quiero que tengas novio hasta que cumplas 18 porque quiero que sigas como hasta ahora, concentrada en tus estudios. Se que tal vez pienses que nada cambiaría teniendo un novio, pero se que si, tendrías que dividir tu atención entre tus estudios y tu novio, porque los novios exigen atención y si no le das la suficiente… bueno para qué tenerlo.

—Lo se mamá… David no es mi novio…

—¿No lo es?

—Él nunca me lo ha pedido… Quizá porque desde el comienzo le dije que tu no quieres saber nada de qué yo tenga novio hasta después de los 18.

—Entonces soy el ogro de su cuento— dice mama sonriendo.

—No lo eres, lo prometo. Todos saben que eres una mama genial.

Seguimos conversando largo rato, y cuando nos damos cuenta es pasada la medianoche, así que nos vamos a dormir. Me voy caminando detrás de mamá hacia su habitacion.

—¿A dónde vas?

—A tu habitación

—¿Por qué? Justo ahí está la tuya— dice mamá divertida señalando la puerta de mi propia habitación

—Pero quiero ir a la tuya— digo haciendo carita de cachorrito y ella se ríe

—Ya estás muy grande para querer dormir conmigo, vamos a dormir apretadas

—No exageres, tu cama es bien espaciosa

—Bueno, está bien, pero no te acostumbres

—Lo prometo, solo serán estos 3 días

—¿Qué? ¿No era solo esta noche? — dice mamá fingiendo estar alarmada y las dos reímos.

***

Ya es sábado y le digo a mamá que iré para ver el partido final y me vendré temprano a casa para ver una película con ella antes de irnos a dormir.

Esta vez iré con Ana Maria solamente, las demás aún no regresan de sus viajes, seguramente llegarán mañana porque ya el lunes estaremos en clases.

Nos encontramos en la plaza que está cerca de nuestro colegio y desde allí caminamos juntas. Al llegar vamos directo a las gradas, y nos sentamos. Aún no está tan lleno, todavía hay bastantes asientos libres.

David ya está en la cancha junto a sus compañeros conversando concentrado. Seguramente hablando sobre el partido que van a tener. Los chicos del otro equipo están reunidos al otro extremo.

Veo que pasea su mirada por las gradas buscando, hasta que me ve con Ana y su sonrisa ilumina su cara. Yo le devuelvo la sonrisa. Luego sigue con su conversación.

Cuando el juego tiene rato de haber comenzado, veo que se acerca Eliana con su fiel sirvienta Aimara. ¡Qué fastidio! Eliana viene y se sienta justo en el asiento libre que está a mi lado. Yo inmediatamente me tenso. ¿Qué quiere ahora?

—Hola, espero no te moleste que me siente aquí— ¡Estupida!

—Mm normal, los puestos son libres…

Siento que me está mirando, pero la ignoro por completo. Sigo conversando con Ana, que está tan fastidiada como yo por tener a estas sin cerebro cerca.

El juego continúa y nuestro equipo va ganando, lo que tiene a la mayoría de las personas emocionadas, gritando y silbando, yo sólo río de verlos. A mi no me parece tan emocionante pero si me alegro por David. Se cuanto le importa este juego.

Estoy tan distraída que se me olvida que tengo a la ridícula a mi lado hasta que abre su bocota.

—Que bien está jugando nuestro David, ¿verdad? — ¿Qué dice?

—¿Nuestro?...

—¡Claro! ¿Tú no eres su amiga?

—¿Y eso que tiene que ver contigo?

Ni siquiera le veo la cara mientras hablo, una sensación extraña me recorre el cuerpo. Así que solo me dedico a mirar a David.

El voltea hacia donde estoy y me sonríe, luego parece notar quien está sentada a mi lado y su expresión se descompone, tensando la mandíbula y frunciendo el ceño. Luego sigue con su juego.

Por alguna razón, ver su reacción solo empeora lo que estoy sintiendo en ese momento, no tengo ganas de estar más aquí.

—¿Qué? ¿David no te ha contado?

—¿Contarme qué? — le digo, sintiendo como mis manos se van enfriando, mi respiración se va haciendo superficial y mi pulso se hace tembloroso.

—¡Sobre nosotros!

—¿Sobre ustedes? ¿Qué tendría que contarme sobre ustedes?

—Lo siento— dice de forma tan falsa como sus pestañas —Creí que ya sabías…

Yo tengo la mente hecha un caos, siento náuseas y tengo ganas de llorar, aunque todavía no se ni que se supone que debería saber. Pero siento que es algo que me va a doler.

No puedo apartar los ojos de David, que continúa jugando como si nada. De pronto voltea a verme, y algo que ve en mi expresión hace que se detenga en medio del juego, uno del equipo contrario aprovecha y le quita el balón. Sus compañeros le reclaman pero el solo se queda allí viéndome, y su expresión pasa por varios estados de ánimo en cinco segundos, preocupación, miedo, tristeza y culpa ¡Culpa!




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