La versión de mí que te amó

CAPÍTULO 8

Ana me acompaña hasta mi casa. En el camino las dos vamos en silencio. Yo intentando dejar de llorar, ella mirándome con preocupación, sin soltar mi mano ni un segundo.

Trato de serenarme antes de abrir la puerta de mi casa y Ana me abraza con fuerza.

—Vas a estar bien. No dejes que esa perra te afecte, eso es justo lo que quería— me dice con molestia.

—No es ella la que me ha afectado tanto, Ana… Es David

—Pero ¿cómo? Él estaba jugando, no sabe lo que dijo Eliana. Quizá hasta sea mentira…

—El me vio, vio que ella me estaba diciendo algo y que yo estaba reaccionando mal, y… su cara cambió, se le veía una expresión de culpa. Eso fue lo que me hizo sentir que hay algo más. ¡Algo pasó entre ellos, estoy segura!

—¡Mierda!

Ana se queda un rato más allí conmigo en silencio, solo acompañándome. Y eso es todo lo que necesito de ella para sentirme un poco más tranquila hasta que me recompongo y, por fin, entro a mi casa.

Mamá sale de su habitación, con una mascarilla de barro en su cara y mirada curiosa.

—Has vuelto temprano — dice al verme, pero luego se fija en mi expresión y se ve más preocupada —¿Estás bien, cariño?

—Si… Solo me siento cansada, y creo que me cayo mal algo de lo que comí allá— ella no parece muy convencida pero no insiste.

—Te prepararé una manzanilla, ve y acuéstate en mi cama, enseguida vuelvo.

Yo hago lo que me dice, me meto a la cama de mi madre y me cubro con sus cobijas. Huelen a ella, su olor es reconfortante.

Unos cuantos minutos después, me trae mi taza de manzanilla caliente. Y se mete a la cama junto a mí, luego pone una película. Creo que ni vi el final de la película porque el sueño me vence.

***

La mañana siguiente me despierto casi a las diez, mamá está en la cocina. Puedo escuchar que está en movimiento, mientras tararea una canción. Yo me levanto, voy al baño, hago lo que tengo que hacer y luego voy a la cocina.

Al entrar me recibe el olor de un chocolate caliente, huevos revueltos y panqueques. ¡Qué rico! ¡Amo a mamá!

Ella se da la vuelta apenas me escucha llegar y sonríe.

—¿Los tuyos con miel o con mantequilla?

—Buenos días mami

—¡Verdad! Buenos días— dice riendo.

—Los míos con miel y los huevos…

—En otro plato, ya sé, te conozco desde que estabas en mi vientre— yo solo sonrío.

Comemos conversando un poco, mamá no vuelve a preguntar si algo me pasa, lo que agradezco. Luego me invita a jugar a las cartas, algo que termina siendo bastante divertido porque la descubro varias veces intentando hacer trampa.

***

Después del medio día, tocan a la puerta y mamá va a abrir. La escucho hablar y luego dice que estoy en mi habitación. Unos momentos después, mi puerta se abre, dejando entrar a Ana, Dayana y Liliana, que vienen cargadas con bolsas. Colocan todas las bolsas en la cama y se acercan. Las tres se me lanzan encima en un abrazo grupal que consigue hacerme reír, aunque casi me sacan todo el aire de los pulmones.

No preguntan nada, ni dicen nada sobre David. Solo conversan alegremente tratando de hacerme sentir mejor.

—Ok, hay que comerse esos helados porque se van a derretir— dice Dayana.

—Voy a decirle a tu mamá para servirlos— comenta Lili caminando hacia la puerta de mi habitación con la bolsa que tiene los helados.

—¿Qué tanta cosa trajeron ustedes en ese montón de bolsas?

—Chocolates, dulces, helados, empanadas y pastelitos de pollo— dice Ana contando con los dedos a ver si falta algo más —y más dulces.

—¿Pero por qué exageradas? ¿me vieron cara de muerta de hambre?

—¿Y quien dice que era para ti?

—Ah ok, disculpen, no he dicho nada— nos reímos.

—Aquí vienen los helados chicas— se escucha la voz de mama acercandose a mi habitación.

—Gracias señora Maya, usted es un sol— le dice Dayana —Quedese con nosotras un rato, aqui hay muchas cosas de comer, es demasiado para nosotras solas.

—Solo porque veo milhojas me voy a quedar.

Comemos, riendo y bromeando con mamá, que siempre se ha llevado bien con mis amigas y ellas la aman. Luego ella dice que está cansada y se va a su habitación.

Yo me quedo con las chicas hasta que se hace tarde y ellas se van a sus casas. Ya nos veremos mañana en el colegio.

***

Cuando estoy sola de nuevo, reviso mi teléfono, que no he querido verlo desde que me vine del juego de anoche.

Apenas lo enciendo, comienza a vibrar con notificaciones de mensajes y llamadas perdidas. Demasiadas llamadas perdidas. Unas 55 llamadas, todas de David. Mi estómago se retuerce con malestar y nervios.

Reviso los mensajes, son muchos, en cada uno se siente más su desesperación. Quiere hablar conmigo. El corazón se me arruga. Respiro profundo y vuelvo a apagar mi teléfono. Ya lo veré mañana en el colegio…

Me levanto a las 9 am. Este año tenemos nuevo horario de clases, de 12:30 a 6pm.

Desayuno con tranquilidad, me baño, hago mi ritual de arreglar mi cabello hasta que está perfecto, me maquillo. Saco mi uniforme nuevo del closet y me lo pongo. Estoy emocionada por este nuevo año, aunque no tanto como podría haber estado en otras circunstancias. Más que nada, estoy nerviosa. ¡Muy nerviosa!

Me despido de mamá y salgo camino a mi colegio, totalmente llena de nervios e incertidumbre. ¿Qué me espera este nuevo año?




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