Al llegar al boulevard veo a todos mis amigos sentados en diferentes grupitos, todos hablando emocionados, riendo, algunos saludándose después de meses de no verse. No puedo evitar sentirme un poco contagiada de su emoción.
Las chicas me llaman apenas me ven. A lo lejos veo a David con uno de sus amigos, pero no está sonriente, se ve serio, casi apagado, tiene unas ojeras enormes. Verlo hace que se me haga un nudo en la garganta y me ardan los ojos. Al verme sus ojos se abren un poco más de lo normal, y hace ademán de saludarme, pero yo volteo hacia donde están mis amigas sin darle la oportunidad. No sé cómo comportarme en este momento. Sólo sé que, de pronto, siento ganas de irme corriendo de aquí.
Saludo a las chicas, y otros de nuestros compañeros se van uniendo a nuestro grupo. Nos ponemos a hablar de lo que hicimos en vacaciones, adonde fuimos, qué profesores nuevos se rumora que han llegado. Hacemos algunas especulaciones de qué profesores nos asignarán este año y si seguiremos todos juntos también este año o cambiarán a algunos a otras secciones.
Al poco tiempo suena el timbre que indica el inicio de clases en este nuevo año, y todos entramos a formar para cantar el himno.
Después nos dicen que revisemos las listas que han puesto en una cartelera para ver dónde nos tocó. Por suerte, mis amigas y yo continuamos juntas. Solo han cambiado a un par de chicos.
Estamos allí viendo la cartelera cuando comienzan los susurros y risitas a nuestro alrededor, así que volteamos, y vemos a Joaquín acercándose para ver donde le tocó.
¡Qué raro este montón de tontas!
—Hola— me sonríe, un poco alejado de mí porque hay mucha gente en medio.
—Hola— respondo devolviéndole la sonrisa. Luego me giro hacia las chicas y nos vamos hacia nuestro nuevo salón de clases.
***
Las horas de clases se pasan rápido. Para mí sorpresa, por primera vez en toda mi vida, no me aburre una clase de historia de mi país, debe ser por la forma en la que habla nuestra nueva profesora, Gertrudis. Cuando me doy cuenta, ya llegó la hora del descanso.
Nada más salir, soy consciente de que no puedo posponer más mi conversación con David, ya que está justo en la puerta que da hacia el boulevard, esperándome. Yo me pongo nerviosa al instante. No sé ni qué hacer ni qué decir. ¿Lo saludo normal? ¿Paso de largo? No, no puedo hacer eso. Tengo que enfrentar esta situación…
—Mady…
—Hola…
Se acerca un poco nervioso, abriendo y cerrando las manos, como si no supiera qué hacer con ellas, yo me quedo parada sin moverme.
Finalmente se decide y me da un beso en la frente. Yo siento que los ojos se me empañan y los cierro fuerte para no llorar. Respiro profundo para calmarme y luego abro los ojos de nuevo.
—Tenemos que hablar… — dice un momento después.
—Lo sé…
Caminamos al boulevard, las chicas nos miran y puedo notar conmoción y preocupación en sus rostros, pero nadie dice nada. Seguimos hasta encontrar un banco solo y nos sentamos.
Los dos en silencio, un silencio tan pesado que se podría cortar con un cuchillo. Pero no seré yo quien lo rompa.
—Mady yo…
Parece no saber cómo comenzar la conversación. La verdad es una situación incómoda. Yo tampoco sé que decir o si debo decir algo.
—Supongo que Eliana te dijo algo sobre mí.
—Algo así…
—Fue algo que pasó cuando estabas de viaje con tu familia…— apenas me dice eso, me queda claro que tenía razón, algo sí pasó. El estómago se me revuelve.
—¿Qué pasó?
—Fue en una fiesta que hizo Angel. Nos pusimos a beber y bailar. Allí estaba Eliana. Ella me sacó a bailar y todo normal durante un rato— comienza a hablar rápido como si quisiera decir todo de una vez para salir de esto —Después, ella de un momento a otro, me besó. Y yo… yo le devolví el beso.
—Ok…
—Eso no fue todo— continúa cerrando los ojos con fuerza como para agarrar valor. Yo solo siento como si comenzara a faltarme el aire —Al final, esa noche, bueno yo… No hay manera suave de decirlo… Yo… Me acosté con ella.
Yo me quedo mirándolo, sintiendo que algo frío me recorre el cuerpo. Un suspiro tembloroso se escapa de mis labios, pero estoy inmóvil.
—¡Di algo! — me pide con desesperación.
Pero no puedo. Tengo tantas emociones en mi cuerpo en este momento que simplemente no puedo reaccionar. Aún así, mis ojos deciden por mí y comienzan a llenarse de lágrimas, que empiezan a resbalar por mis mejillas.
—No, no… Perdón— dice él con la voz entrecortada, tratando de secar mis lágrimas que no dejan de salir —Te juro que no quería hacerte daño. No voy a justificarme, se que lo que hice no tiene justificación, pero te juro que cuando llegué a esa fiesta esa noche nunca se me pasó por la cabeza hacerte algo así…
Y sé que dice la verdad, lo conozco lo suficiente como para saber que no fue algo que planeó, pero saberlo no es suficiente para calmar lo que siento, el dolor, la decepción.
—Solo quiero saber una cosa, ¿no pensabas contármelo nunca?
— Yo… ¡Sí, no, no lo sé! Me he estado volviendo loco todo este tiempo sin saber qué hacer. Y de paso ella… ella no deja de buscarme y de intentar molestarte.
—David, tú…— suspiro tratando de tranquilizarme antes de hacer la pregunta que necesito hacer —¿Ella te gusta, o por lo menos, te atrae?
—¿Qué? ¿Por qué me preguntas eso? ¡Yo te quiero!
—Yo sé que me quieres, eso no fue lo que pregunté
Su rostro pasa por varias expresiones antes de decir algo.
—Yo… Es que…— se queda en silencio y esa es toda la respuesta que necesito. Sonrío con tristeza.
—No pasa nada…
—Mady no, yo…
—No David, de verdad, está bien. Tienes derecho a estar con una persona que pueda estar contigo al cien por ciento, como sé que a ti te gusta.
—No Mady, por favor no hagas esto… No termines conmigo. Te juro que yo te quiero.
—No estoy terminando contigo, nunca hemos sido novios después de todo. Tú nunca me lo pediste…
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basada en hechos reales, romance juvenil., slow burn romance
Editado: 01.08.2026