El resto de mi semana pasa y yo casi ni lo noto, estoy en modo avión, no puedo recordar de qué hablaron los profesores en las clases. Ni siquiera he vuelto a llorar. Me siento vacía.
Mis amigas ya saben lo que sucedió con David y están enojadas. No pueden entender por qué no hice un escándalo. Y ahora odian mucho más a Eliana.
Esta última no ha vuelto a acercarse a mí. Un par de veces la vi hablar con David y no voy a mentir, me dolió. Aún así no pude evitar notar que parecía estar triste. Quizá son solo imaginaciones mías. Después de todo, consiguió lo que quería.
***
—¿Estás bien? — La voz de Fabricio me saca de mis pensamientos.
—Mm sí, ¿por qué?
—No sé, es que el profesor lleva como 10 minutos dictando la clase y tú solo ves el cuaderno pero no has escrito ni una palabra— ¡Ay Dios! No puedo seguir así.
—Yo… Es que me distraje
—Lo sé. No te preocupes, yo te presto mis apuntes
—¡Sí, por favor! Y Fabri— él vuelve a mirarme —Gracias…
—Tranquila.
***
Pasan un par de semanas y cada vez se va volviendo un poco más fácil seguir. Ya he vuelto a concentrarme en clases, estoy al día con los deberes.
Incluso he logrado sonreír como si estuviese bien cuando David se une a mi grupo y me saluda con un abrazo.
Hoy es un miércoles cualquiera y decido ir a la biblioteca para terminar un trabajo de biología que debo entregar en la última hora, y estoy aprovechando que uno de nuestros profesores faltó y tengo un par de horas libre.
Al entrar saludo a la señora Rut, la encargada de la biblioteca, que ya es casi una amiga de tanto que nos vemos aquí.
Me voy a mi sitio habitual, la mesa que se encuentra al fondo entre dos estanterías de libros, lo que la hace pasar casi desapercibida. Por eso me gusta.
Llevo unos diez minutos allí, concentrada en lo que estoy haciendo, cuando siento que alguien se acerca a mi mesa. Seguramente es una de las chicas.
—Así que este es el lugar donde siempre te escondes…— al escuchar esa voz doy un respingo, definitivamente no es ninguna de mis amigas. Levanto la vista y me encuentro con la sonrisa divertida de Joaquín.
—¡No me escondo!— le contesto, quizá demasiado rápido. ¿Alguna vez dejará de sorprenderme lo guapo que es? Nunca podría estar con alguien que sea más guapo que yo, eso sería muy raro.
—Lo sé. Solo intentaba llamar tu atención, y fue lo primero que se me ocurrió decir. Aunque no es lo más inteligente, tengo que admitirlo— me dice riendo y no puedo evitar reír con él —Venir a hacer todos mis trabajos aquí no me ha funcionado mucho para que me notes. Tampoco ha funcionado tratar de hacerme amigo de tus amigos… Ni siquiera pareces darte cuenta cuando estoy cerca.
Decir que me sorprende lo que dice sería quedarme corta. ¿Ha intentado llamar mi atención? Tiene razón, ni siquiera me he dado cuenta de que se ha acercado a mi grupo de amigos.
—¿Eres un acosador o algo así? — le pregunto en tono burlón y él se sonroja. ¿Cómo va a sonrojarse así por cualquier tontería que yo le diga?
—De verdad que hoy mi inteligencia se fue de vacaciones. Sí, sonó muy de acosador lo que acabo de decir, pero te juro que no lo soy, o creo no serlo— dice cada vez más sonrojado y yo no aguanto más y dejo escapar una carcajada.
—Ya relájate, solo te estoy fastidiando, me lo pones muy sencillo. Aunque la verdad si me causa curiosidad ¿por qué intentas llamar mi atención?
El se queda callado un momento, supongo que eligiendo sus palabras.
—¿La verdad? Me caes bien, suena loco porque casi no hemos tenido oportunidad de conocernos, pero me gustaría mucho que seamos amigos— dice, y me parece haber escuchado un “o algo más”, en un susurro, aunque fue tan bajo que comienzo a dudar si realmente lo escuché o me lo imaginé.
—Oh, ok, bueno… tú también me caes bien. Creí que eso fue evidente la noche del partido que mi amiga me abandonó y tú me acompañaste. Tengo que reconocer que fue divertido.
—Así que también te agrado ¿eh? Por la forma en la que me has ignorado, cualquiera creería que no es así
—¡Yo no te he ignorado! ¡Ni siquiera sabía que estabas intentando acercarte a mí para ser mi amigo! Ok, eso suena exactamente como si te estuviera ignorando— esta vez fue su turno de reír.
—Bueno creo que estamos a mano, en fin… ¿Me puedo sentar aquí? Lo de querer acercarme y ser tu amigo es cierto, pero no vine solo porque estabas aquí. En realidad tengo que terminar una tarea pendiente.
—Sí, claro, siéntate— él se sienta a mi lado, a pesar de que hay otras cuatro sillas disponibles aparte de esa, y nos dedicamos cada uno a lo nuestro, en un silencio tranquilo, hasta que llega la siguiente clase y nos despedimos.
Algo que debo admitir es que Joaquín me cae bien, aunque ni siquiera hablamos mucho. Creo que ser su amiga será muy fácil. Nada se siente forzado o raro con él.
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basada en hechos reales, romance juvenil., slow burn romance
Editado: 01.08.2026