Después de la conversación de ayer sobre Joaquín y las chicas del colegio, no he podido evitar observar más lo que sucede a mi alrededor. Y tengo que reconocer que, aunque no es algo agradable, tienen razón. Me miran con tan mala cara que caminar por los pasillos del colegio está volviéndose bastante incómodo. Preferiría poder volver a mi burbuja, en la que no me daba cuenta de nada, pero ya es tarde.
Me voy a la biblioteca apenas llega la hora del descanso, en parte porque necesito estudiar para un examen de química, que por desgracia es una materia en la que no soy muy buena. Y también, en parte, para escapar un rato de las miradas asesinas. ¡Sí, lo sé, soy una cobarde! Pero no puedo evitarlo, es algo que nunca, en todos mis años de colegio, me había sucedido.
No es como si no le cayera mal a nadie nunca, tampoco soy un caramelito dulce y lo sé. Para prueba están Eliana y sus amigas. Pero de no ser la favorita de unas cuantas, a ser la que le cae mal a la mayoría, y por un chico, eso sí es algo que no me esperaba que me sucediera.
No pasan ni cinco minutos de haberme sentado en mi mesa habitual de la biblioteca, cuando Joaquín llega y se sienta a mi lado.
—¿Cómo estás chica escurridiza? ¿Te estás escondiendo de mí?— dice nada más sentarse y me regala una sonrisa resplandeciente, justo antes de estampar un sonoro beso en mi mejilla, bastante cerca de la comisura de mis labios, haciendo que mi corazón dé un salto. ¿Qué fue eso?
—De ti no…
—¡Entonces tengo razón, sí te estás escondiendo!
—¿No? Tal vez…— me mira incrédulo —Bueno… sí, un poco. De tus fanáticas locas…
—¿Es broma?
—Ojalá lo fuera…— me mira alzando las cejas con curiosidad y sorpresa.
—Necesito más contexto. Te lo digo por si no lo has notado ya en mi cara— una risa se escapa de mis labios.
—Bien, pues resulta que me acabo de enterar por mis amigas que medio colegio, o tal vez más, me odian solo por ser tu amiga— digo cambiando ligeramente la verdad.
—¿Solo por eso? No lo creo, tengo muchas amigas aquí.
—¡Te estoy diciendo la verdad! Tendrías que ver como me miran todas…
—¿Acaso he dicho que no te creo? Solo dije que no creo que sea solo porque eres mi amiga.
—Bueno, en fin, esa es en parte la razón por la que estoy aquí.— digo con rapidez, un poco nerviosa del rumbo que tomó la conversación, antes de que él diga algo más que haga que sea verdaderamente incómoda para mí —La otra razón es que tengo que estudiar para un examen de química, y se me da pésimo, no entiendo nada y ya estoy cayendo en desesperación. No puedo salir mal en ese examen.
—Si quieres puedo ayudarte, a mí se me da bien.
—¿De verdad? Pero tú también venías a estudiar ¿no?
—En realidad solo tengo que dar un repaso rápido. Vine porque Ana me dijo que estabas aquí
—Ah…
—Sí, ah… Bueno, a ver tu cuaderno, ¿qué es lo que tienes que estudiar?
Luego se dedica toda la hora de descanso a explicarme. De verdad es muy bueno en química. Y no solo eso, también sabe cómo explicar. En una hora de explicación he aprendido más de lo que aprendí en este tiempo que va del año escolar.
***
La última hora es una completa pesadilla para mí, por el examen de química. Aunque esta vez me siento mejor preparada, con la ayuda de Joaquín, sé que por lo menos voy a aprobarlo. Pero aun así no deja de ser la peor hora de mi día.
Soy una de las últimas en entregar mi examen y salir de la clase. Afuera ya me están esperando las chicas para irnos a la casa de Ana a hacer un trabajo grupal.
Esa noche nos quedamos todas en casa de Ana. Su mamá es un amor, siempre nos trata como si fuésemos parte de la familia. Incluso nos tenía comida preparada cuando llegamos.
Es la única casa de mis compañeras de clases donde mi mamá me deja quedarme. Y viceversa, mi casa es la única donde la mamá de Ana la deja quedarse. Nuestras mamás son amigas desde hace mucho. De hecho, Ana y yo éramos amigas desde antes de entrar al jardín, y toda la vida hemos estudiado juntas. Es mi mejor amiga.
***
Después de terminar nuestro trabajo y cenar, nos vamos todas a la habitación de Ana a ver una película. Pero aunque la estamos viendo, no dejamos de conversar.
—¿De verdad tu no te habías dado cuenta de que le gustas a Joaquín? — me dice Ana, hablando un poco más bajo para que solo yo la escuche.
—Mmm es que… Si me he dado cuenta Ana, pero no se… El no es mi tipo
—¿Cómo no va a ser tu tipo si es tan guapo? Y no solo es guapo, es divertido, amable, inteligente, y atento, no solo contigo, es así con todos. ¿No te has fijado que hasta le gusta conversar con las señoras que limpian? — me dice pensativa, y es verdad, si he notado esas cosas. Pero nadie puede ser tan perfecto, ¿o si? —Él no es como se supone que son las personas como él…
—Lo sé… Y creo que justamente eso es lo que más me desconcierta de él.
—Y es más que obvio que eres tú la que le gusta, no he visto que trate a nadie más cómo te trata a ti…
—Acabo de terminar con David, Ana, no es como si tuviese muchas ganas de involucrarme emocionalmente con nadie en este momento, por muy perfecto que parezca… No lo sé, la idea me hace sentir incómoda.
—Lo sé, y te entiendo. Solo… no te cierres por completo, no lo alejes, por lo menos sigue siendo su amiga. Quien sabe, quizá un día logre ganarse tu confianza… y tu corazón.
—Quien sabe… podría ser.
Nuestra noche termina pasada la medianoche, porque, después de terminar la película, nos quedamos hablando de todo y nada y pasando un buen rato entre nosotras. Pero como debemos ir al colegio mañana, finalmente nos vamos a dormir.
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basada en hechos reales, romance juvenil., slow burn romance
Editado: 01.08.2026