La versión de mí que te amó

CAPÍTULO 15

Estoy en mi clase de química, una de mis menos favoritas, y el profesor está explicando cómo resolver unos ejercicios. Pero no logro entender absolutamente, no sé si de verdad soy tan mala en química o si es que el profesor es muy malo explicando. Lo cierto es que aprendiendo no estoy.

Por las caras que tienen mis compañeros, ellos tampoco están entendiendo nada, lo que es un alivio para mí, porque veo que no soy la única que está perdida. Pero nadie se atreve a decirle que explique de nuevo porque el profesor es conocido por su mal carácter.

Cuando va por el tercer ejercicio y veo que no entiendo ni papa, me decido, contra todo riesgo, a interrumpirlo.

—Disculpe profesor…— voltea a verme con cara de pocos amigos.

—Dígame

—¿Podría explicar un poco más lento? Es que no logro entenderlo— mis compañeros apoyan mi comentario diciendo que ellos tampoco entienden.

Veo como la cara del profesor se transforma. ¡Con razón tiene la fama que tiene! Se pone colorado y se le infla un poco la nariz.

—Yo ya cumplí con explicar, si ustedes no entienden eso es problema de ustedes, paguen un tutor que les explique con manzanitas y peras. Total para lo que me pagan ya lo hice…

Su respuesta me deja asombrada, ningún profesor nos ha tratado así antes. Siempre explican las veces que sean necesarias hasta que podamos entender. Así que la mala actitud de este profesor me hace enojar.

—Esta bien profesor, no se preocupe— digo poniéndome de pie y caminando hacia la puerta, el me ve entre molesto y curioso.

—¿Que cree que está haciendo Madeline?

—Yéndome profesor. No tiene ningún sentido que me quede aquí perdiendo el tiempo si no estoy entendiendo y usted no está dispuesto a volver a explicar.

—Haga lo que quiera… Sepa que la pondré como inasistente.

—Está bien, no se preocupe. Y como dice que puedo hacer lo que quiera, iré a hablar un rato con la directora a ver que opina ella sobre lo de pagar un tutor— le digo, ya fuera del salón de clases. Lo último que alcanzo a ver es la expresión de sorpresa que cruza su rostro, porque al instante ya estoy caminando hacia la dirección.

Mientras más me acerco a la dirección, más baja el subidón de adrenalina qué tuve, y comienzo a ponerme nerviosa. Ya no me parece tan buena idea hablar con la directora y me sudan las manos. Pero antes de que tenga tiempo para arrepentirme, ya estoy de pie en la puerta de la dirección y la directora me mira fijamente desde su escritorio.

— Hola ¿te puedo ayudar en algo?

—Hola…— dudo un poco antes de continuar hablando —¿Podría hablar con usted un momento?

—Por supuesto, pasa y siéntate.

Con un nudo de nervios en mi estómago, respiro profundo y comienzo a hablar.

—Disculpe que la interrumpa, es que ha sucedido algo en nuestra clase de química con el profesor González.

—¿Qué ha sucedido?

Yo le cuento rápidamente, lo ocurrido. Y a medida que lo hago, su semblante va cambiando, confusión, sorpresa y por último, enojo.

A estas alturas no se si lo de venir aquí fue buena idea o no.

—Bien… — dice poniéndose de pie —Ven conmigo.

Yo me levanto y camino detrás de ella fuera de la dirección. Ahora si que estoy nerviosa. Ver que va camino a mi salón de clases no lo hace más fácil. Ni un poco. Todo lo contrario… ¡Ay Dios! ¿Qué hice?

Cuando llegamos a la puerta de mi salón ya tengo las manos heladas y estoy arrepentida de haberme hecho la valiente.

La directora toca la puerta, y el profesor la abre. Su cara es digna de un poema, las cejas casi se le juntan con la línea donde comienza su cabello y el color se le va del rostro.

La directora no dice nada, solo entra directo hasta el escritorio del profesor. Luego se da la vuelta para enfrentarlo.

—Profesor Gonzales, necesito que me recuerde un poco por qué le pagamos en esta institución— el se pone aún más pálido y voltea a verme.

La incomodidad que siento es tanta que a pesar de que tengo las manos heladas, el resto de mi cuerpo se siente caliente. Debo estar roja como un tomate. Siento que me arde hasta el cuello.

—Yo… bue… bueno yo creo que ha habido un mal entendido, directora— ella levanta la ceja con total incredulidad.

—¿De verdad? Explíquese entonces, por qué no veo cómo puede ser un mal entendido que usted le diga a sus alumnos que no va a volver a explicar y que si quieren entender, mejor paguen un tutor. — le dice ella en tono molesto. Él ni parpadea —Porque si mal no recuerdo, precisamente por ayudar a sus alumnos a entender es que se le paga. Ese es el trabajo de un docente. Aunque tenga que explicar lo mismo una y otra vez.

—Lo sé señora, Mady mal interpretó lo que dije, ella no me escuchó bien, yo no dije eso.

¿Como que no lo dijo? ¡Qué maldito mentiroso! Quiere hacerme quedar mal.

—Si lo dijo directora— dice uno de mis compañeros, interrumpiendo —Disculpe que interrumpa…

—No te preocupes, de hecho, estaba pensando precisamente preguntarle a ustedes ¿Alguien más fue testigo de las palabras que dijo el profesor? Levanten la mano.

Todos mis compañeros levantan la mano, uno a uno, lentamente. Yo me siento aliviada de no quedar como mentirosa.

La directora mira de nuevo al profesor, con rostro serio.

—¿Que tiene para decir ahora, profesor? Y por favor no me vea la cara de estúpida, no intente volver a mentirme— le dice notablemente más molesta que antes —Llevamos un par de meses recibiendo quejas de distintas secciones y hoy acabo de comprobar personalmente que eran ciertas.

—Puedo explicarle, directora…

—Esta no es la primera vez que intenta explicarlo, profesor. ¿Cuantas veces más tendré que dejarlo pasar?

—Yo…— el profesor parece haberse quedado sin palabras.

La directora parece perder la paciencia por completo. No le da la oportunidad de ordenar sus palabras cuando ya está hablando nuevamente.

—Cosiderese despedido, profesor Gonzales— dice la directora dejando al profesor Gonzales completamente estupefacto… Y a todos nosotros.




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