La versión de mí que te amó

CAPÍTULO 16

Como en todo pueblo pequeño, los chismes vuelan a la velocidad de la luz. Apenas ayer jueves sucedió lo del profesor en la última hora y ya hoy viernes a primera hora todo el colegio está enterado. ¿Por qué no serán igual de eficientes para estudiar?

Al llegar varios chicos de otros salones me bromean diciendo que soy la jefa del colegio, que se hace lo que yo diga y que hasta la directora se deja influenciar por mí. Sé que están bromeando pero la verdad, me siento incómoda. Normalmente prefiero pasar desapercibida, así que tener toda esa atención y precisamente por lo del profesor, no es agradable.

***

Estoy con mi sonrisa más forzada por las bromas de los chicos, cuando, para rematar el día, llega Joaquín. ¡Lo que me faltaba!

—Hey, hola…

Me dice tímidamente antes de terminar de acercarse y darme un beso como siempre hace cuando me saluda. Solo que esta vez no luce tan seguro de sí mismo como suele ser. Incluso, parece estar tan incómodo como yo, o hasta más.

—Hola… — respondo y precisamente en este momento se me cae un lápiz que tenía en la mano. Me agacho para recogerlo, lo que resulta ser una buena excusa para no mirarlo.

Todo lo que me contaron las chicas sobre Yanis y Joaquin vuelve a mi mente de golpe. Ahora, cuando lo miro, no puedo evitar recordar que prácticamente le gritó a medio boulevard que yo le gustaba. Por no decir al boulevard completo.

—Yo…— decimos ambos al mismo tiempo, haciendo que el ambiente se vuelva aún más raro entre nosotros.

—¿Qué ibas a decir? — pregunta él.

—Pues… no lo sé, lo olvidé qué vergüenza. ¿Tu que ibas a decir?

El titubea un poco y luego suspira. Al fin vuelve a hablar unos segundos más tarde.

—Yo… quería hablar contigo— dice como dudando de si decirme o no. Luego mira a los chicos que están cerca de mi y a mis amigas —A solas…

—Ok…

Me pide que lo siga y eso hago. Todos los ojos indiscretos que hay en el boulevard se giran hacia nosotros y comienza ese cuchicheo desagradable típico de la gente que quiere ser “discreta”, pero que lo único que logran es ser los más obvios de los obvios ¡Idiotas!

Evito mirar mucho a mi alrededor, ya sé que tenemos la atención de todos y que esto va a ser tema de conversación mínimo una semana más. ¿Puede haber una situación más embarazosa? No sé con qué otra palabra describirla.

Voy tan sumida en mis propios pensamientos que ni siquiera veo hacia dónde me está guiando. Camino como una polilla siguiendo la luz, sin prestar atención a nada más.

Cuando por fin se detiene, casi choco con su espalda, me detengo justo a tiempo. Y en este momento es que me fijo a donde hemos llegado.

Nuestro colegio está dividido entre primaria y secundaria, separados por el boulevard, que es donde siempre estamos casi todos. Curiosamente no tenemos prohibido ingresar al área de primaria, que es mucho más grande y tiene un gran espacio de áreas verdes, lleno de árboles frondosos y bancos aquí y allá cada pocos metros.

Esta parte en realidad es un área común para todos, tanto los niños de primaria como para nosotros, aunque rara vez venimos acá. Los de secundaria preferimos deambular por el boulevard o el área deportiva.

Pero hay que reconocer que el lugar tiene su encanto. También es bastante solitario y tranquilo. Ahora entiendo por qué Joaquín me trajo hasta aquí. Casi nadie viene a esta zona del colegio. Los árboles bloquean parte de la vista desde el boulevard y el ruido de los estudiantes apenas llega hasta aquí.

Sea lo que sea que quiera decirme, prefiero que lo haga lejos de las miradas de los chismosos.

No tengo idea de qué va a salir de esta conversación, así que prefiero que no queden testigos. No sé como disimular mis caras o cómo reaccionaré a lo que tenga que decir. Así que mientras menos gente mejor. Si no, de aquí al lunes ya se habrá enterado el pueblo entero.

***

Llevamos un par de minutos sentados y ninguno dice nada. Ya a mi me están sudando las manos y las tengo como uno tempanos de hielo ¿Que es lo que espera?

—Yo…— dice y deja escapar un suspiro entrecortado que delata lo nervioso que está —Lo siento no quería que este momento fuese tan incomodo, es que no se ni como comenzar está conversación.

Yo le sonrío y debo decir que me siento aliviada, por curioso que suene, el hecho de que admita qué esto está siendo más inquietante de lo normal, logra que la tensión se disuelva un poco.

Al parecer, decirlo en voz alta lo ayuda a relajarse un poco y me sonríe de vuelta.

—Escuche que hiciste que despidieran al profesor Gonzales— me dice sacándome de onda, por que no es lo que esperaba escuchar después de toda esa tensión asfixiante que nos envolvía.

No puedo evitar poner los ojos en blanco y resoplar.

—Yo no… Esa nunca fue mi intension— admito en un susurro —La verdad, me siento bastante mal por eso.

—¿De verdad? He oído que era bastante malo con sus alumnos.

—Es cierto pero, no se, siento que no merecía acabar así. Ser en parte la que lo causó no es agradable.

—¿Entonces por que le contaste a la directora?

—Yo solo crei que el merecia un buen sermón, quizá eso hubiese bastado para que mejorara. Nunca me imagine que ella lo despediría. Ahora me siento culpable. Ojalá no le hubiera dicho…

El se queda mirándome un momento y me sonríe de forma amable.

—Eres demasiado buena…

—No lo soy. Cualquiera se sentiría culpable después de algo así.

—No, yo no— me dice y sonrie mostrandome su dentadura perfecta en una sonrisa divertida —Yo estaria celebrando. Creo que se lo merecía.

—Quizá si, un poco — le digo y suspiro —Se que no fue solo mi queja lo que causo su desenlace, pero aun así, hubiese preferido que si eso iba a suceder, no hubiera sido yo el detonante.

—Tu eres única— me dice y sonríe de nuevo de esa manera dulce, casi tierna —Eres diferente. Y se que esa es la frase más cliché y más usada por los chicos pero es que en serio lo eres. Esa es una de las cosas que más me gustan de ti.




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