La versión de mí que te amó

CAPÍTULO 17

El resto del día me lo paso como un zombie, voy a todas mis clases, pero no les presto ni un poco de atención. Las chicas se dan cuenta de que ando en la luna, así que me comienzan a interrogar sobre qué fue la conversación que tuve con Joaquín.

Como se que no me van a dejar en paz hasta que les cuente, prefiero salir de eso lo más rápido que sea posible, así que les doy un resumen, en medio de la clase de inglés, mientras nuestra profesora sale un momento.

Las tres comienzan a hablar todas al mismo tiempo y yo solo quiero darles un puñetazo para que se callen.

—Pero, ¿cómo te lo dijo? Dinos exactamente, palabra por palabra que te dijo— prácticamente me exige Dayana.

—No voy a volver a repetir lo que ya escuchaste, Dayana— le digo exasperada.

—¡No se como puedes ser tan aburrida! — pone los ojos en blanco —¡Ni siquiera pareces emocionada porque el chico más guapo que ha pisado este colegio se esté enamorando de ti!

—Solo me dijo que le gusto, exagerada, tampoco fue que me pidió matrimonio.

—Bueno ya, al menos dime que el lunes le vas a decir que si te gusta.

—¡Es que esa es la cosa, no estoy segura de que me guste!

—Tu de verdad que no eres normal de la cabeza ¿Como no te va a gustar? ¡Por Dios!

—Bueno ya chicas, no se peleen— interviene Ana — Ya dejala en paz Dayana, sólo está sorprendida y confundida. Incluso él entendió eso y le dio tiempo para pensar.

¡La amo! Por eso es mi mejor amiga.

—¿Se dieron cuenta de que él cree que ella es novia de David, verdad? — dice Liliana, quien había estado en silencio todo el rato viéndonos discutir a Dayana y a mi.

—¡Es cierto! — comenta Ana, como cayendo en cuenta de ese detalle.

—¿Por qué no le dijiste que no están juntos? — me pregunta Lili.

—Yo… No sé la verdad. En ese momento creo que no estaba ni pensando. El cerebro se me quedó congelado. Lo único que hice fue decirle que lo iba a pensar y salir corriendo… ¡Ni siquiera me despedí, qué vergüenza!

— ¡Argh! Es que no eres más tonta porque no eres más grande…— dice Dayana irritada.

—Pero ¿ya has pensado qué le dirás el lunes? — pregunta Ana.

—No…— nada más pensar en hablar de nuevo con él el lunes y ya se me revuelve el estómago por los nervios.

—Bueno, cálmate, que te has puesto como un fantasma de lo pálida, ya tendrás tiempo para pensar— me dice Lili.

Y así queda nuestra conversación porque la profesora está de vuelta en el salón.

Yo me siento derecha de nuevo y veo mi cuaderno, sin ver nada en realidad. El lunes… Ojalá no llegue tan rápido.

***

El día se me va super rápido. En la noche ceno con mamá y me voy a la cama temprano, con la esperanza de dormirme rápido. Cosa que no pasa ¡No se que me hizo creer que podía dormir con facilidad, teniendo la mente vuelta un remolino!

Mis pensamientos son tan ruidosos que, por más esfuerzo que hago por no pensar más y dormir, se me hacen las 2 am viendo el techo de mi habitación.

No paro de repetir toda la conversación con Joaquín una, y otra, y otra vez en mi cabeza. Lo que me dijo, lo que yo le dije, que pude haber dicho, como actué, de qué manera habría sido mejor que actuara…

Mis emociones están igual de alteradas. Un momento quiero que llegue el lunes para salir de esto y al siguiente quiero que el lunes no llegue nunca. Siento incomodidad solo recordando, siento vergüenza, me siento confundida. Joaquin no es mi tipo pero, ¿puedo decir que no me gusta? O ¿sí me gusta? ¡Ahhh! ¡Me voy a volver loca! ¿O ya lo estoy?

¿Que pasa contigo Madeline? ¡Sólo duérmete!

En algún momento debí dormirme porque lo siguiente que sé es que al abrir mis ojos, la luz del sol está en todo su esplendor, iluminado mi habitación.

A través de los vidrios de mi ventana puedo ver los árboles mecerse con el viento en el patio de mi casa, patio que es bastante grande y está lleno de árboles frutales y plantas de distintas clases.

También se escucha el trinar de los pájaros, cosa que me encanta escuchar todas mis mañanas al despertar, desde que tengo memoria.

Por un momento todo es paz y tranquilidad en mi mente, hasta unos 10 segundos después, que vuelvo a recordar a Joaquín. Mi estómago se contrae con un nudo de nervios y yo entierro mi rostro en mi almohada, completamente frustrada.

¡No! ¿Por qué tenía que pensar en eso tan temprano?

Me quedo un buen rato dando vueltas en mi cama y lamentándome por lo complicada que se está volviendo mi vida en tan poco tiempo.

¡Ya sé que estoy exagerando, pero no puedo evitarlo!

***

El hambre finalmente me gana y me decido a levantarme por fin. De camino la cocina veo a mamá sentada en su sillón favorito, con un libro en una mano y una taza de café en la otra. Totalmente ensimismada en su lectura. Algo que disfruta mucho y me inculcó desde pequeña.

Al sentir mi presencia levanta brevemente la vista y luego la vuelve a fijar en la página qué está leyendo.

—Buenos días cariño ¿Dormiste bien? Se te pegaron las cobijas hoy, ya son casi las once— me dice sonriendo un poco pero sin despegar la vista de su libro.

Yo miro asombrada la hora en el reloj que está en la pared detrás del sillón favorito de mamá. Es cierto, faltan cinco minutos para las once. ¡Con razón tengo tanta hambre! Las tripas me suenan tan fuerte que parece que hay un dragón rugiendo en mi estómago.

—Buenos días mami— le digo acercándome a ella para darle un beso en la mejilla —No sabía que era tan tarde.

—Te debes estar muriendo de hambre. En la cocina te deje dos sándwiches tapados y en la nevera hay jugo de fresa.

—Gracias ma.

—Buen provecho mi niña.

Mi mañana, o lo que queda de ella, transcurre de forma tranquila. Ver a mamá leyendo hizo que se me antojara también leer, así que tomo un libro y me dispongo ahacerlo. Lo cual resulta en algo beneficioso porque dejo de pensar tanto.




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