Una hora después de que suene mi alarma y yo decida ignorarla, mamá toca mi puerta.
—Buen día, bella durmiente. Creo que no escuchaste tu alarma. Ya son más de las 10.
—Buenos días. Sí, la escuché, pero no me siento muy bien.
Mamá entra a mi habitación y toca mi frente para ver si tengo fiebre.
—¿Qué tienes? No es fiebre.
—Me duele el estómago. Creo que comí demasiado helado anoche.
—¿Te duele mucho?
—Sí.
—¿Quieres que te lleve al médico?
—¡No!
—Mm, te prepararé una sopita de pollo —me dice, y me da una mirada dudosa, pero no dice nada más. Solo se va a prepararme la sopa.
Después de mi sopa de pollo, solo me quedo allí acostada. Dando vueltas en mi cama y pensando.
***
Mi teléfono vibra ya pasado el mediodía, a eso de las 2 de la tarde.
*Mensaje de Ana*
Holis, ¿qué pasó, por qué no viniste?
Un minuto después, aún ni le he respondido cuando vuelve a vibrar.
*Mensaje de Dayana*
¿Se puede saber por qué no viniste? ¡Joaquín te estaba buscando!
Mi estómago se encoge al leer esto. Y me siento un poco culpable por haberlo dejado esperando.
Decido que solo le responderé a Ana. Ya se encargará ella de decirle a Dayana lo que yo le diga:
Holaa 🤗. No me siento muy bien. Creo que me cayó mal algo que comí anoche. Nos vemos mañana.
*Mensaje de Ana*
Está bien, descansa. Hasta mañana😗.
Estoy por poner mi teléfono en la mesita que está al lado de mi cama, cuando vuelve a vibrar.
*Número desconocido*
Hola, ¿estás bien?
Me pongo un poco nerviosa, no sé por qué, pero tengo la sospecha de que sé quién es:
Hola… Disculpa, ¿quién eres?
*Número desconocido*
Perdón, soy un tonto. Tú no tienes mi número. Soy Joaquín.
¡Lo sabía! La taquicardia que me da no es normal. El motivo por el que no fui hoy a clases, muy tranquilo mandándome mensajes. ¿Por qué no me traga la tierra?
Me demoro unos minutos debatiéndome si le respondo o no. Al final decido responder. No puedo ser tan cobarde. Un mensaje no me va a matar:
¡Ah! Hola Joaquín🤭. Hoy no me siento muy bien, por eso no fui. Perdón. ¿Nos vemos mañana?
*Número desconocido*
Está bien. Espero que te mejores. Hasta mañana😘.
***
Mamá prepara un puré de papas y pechugas de pollo a la plancha para almorzar. Para que no me caiga pesado en el estómago.
Me siento un poco mal. Es cierto que mi estómago me ha estado doliendo, pero es por nervios. No estoy enferma.
Más tarde me voy a la habitación de mi mamá y me pongo a ver la tele con ella. Varias veces me pregunta cómo sigo. Sé que no es tonta, ella sabe que solo puse excusas para no ir al colegio hoy. Aun así, no me presiona para que le cuente nada.
Cuando llega la hora de dormir, me voy a mi habitación. Me aseguro de dejar mi alarma puesta y me acuesto.
***
Cuando suena mi alarma, a eso de las 9, me despierto, pero esta vez no estoy adormilada. De hecho, estoy bien despierta y hecha un manojo de nervios. A pesar de esto, me levanto con decisión y voy a darme una ducha.
Me visto rápidamente y procedo con mi ritual de belleza, lo que incluye arreglar mis rizos hasta que estén perfectos y maquillarme intentando no verme muy maquillada, para evitar regaños de los profesores.
Recojo mis cuadernos y las cosas que necesito en mi mochila y voy al cuarto de mi mamá a despedirme. Ella me da dinero para comprar algo de comer. Y finalmente salgo con rumbo a mi colegio.
***
Llego bastante temprano, pero ya mis amigas están allí. David también está, allí cerca de mis amigas.
Al verme llegar, las tres me saludan. Parecen emocionadas de verme. Aunque a mí no me engañan, su emoción es por lo que saben que me espera.
David se acerca y me saluda como siempre. Con un beso y un gran abrazo.
—¿Todo bien? —pregunta David sonriéndome.
—Sí, todo bien…
Me mira un par de segundos más y luego asiente, complacido.
—Vas a estar bien —dice y me guiña un ojo. Luego se va.
¡Desgraciado! Sabe que estoy nerviosa.
—Ya Joaquín llegó —me dice Dayana casi ansiosa.
—Sí, preguntó si ya habías llegado —agrega Liliana—. Le dijimos que cuando llegaras te avisaríamos para que vayas a verlo.
¡Dios mío, señor, ayúdame!
Ya me tiemblan hasta las pestañas. Pero no puedo seguir posponiendo lo inevitable.
—¿Dónde está? —les pregunto a las chicas con decisión.
—Dijo que te espera en la biblioteca, en su mesa de siempre —me dice Ana y yo asiento.
Respiro profundo y aprieto mis manos en puños, a los costados de mi cuerpo. Luego camino en dirección a la biblioteca.
Durante un segundo considero seriamente dar media vuelta y esconderme en el baño hasta que empiecen las clases.
Pero mi dignidad me recuerda que faltar un día ya fue suficientemente vergonzoso.
Así que finalmente llego a las puertas de la biblioteca.
Inhalo y exhalo una vez más antes de entrar. Luego camino, nerviosa pero decidida, hacia la mesa más alejada del lugar, donde siempre nos encontramos.
Al sentir que alguien se acerca, Joaquín levanta la vista. Y mi corazón se detiene un par de segundos. ¿Cómo se me olvidó, en solo tres días, lo guapo que es?
Él, al ver que soy yo, me da una sonrisa radiante. Se levanta de su asiento y camina unos cuantos pasos a mi encuentro.
Cuando estamos frente a frente, que solo nos separan unos pocos centímetros, se agacha un poco para darme un beso en la mejilla y un abrazo.
Lo que me sorprende es sentir que sus manos están temblorosas.
Luego separa una de las sillas de la mesa para que yo me siente. Como un buen caballero.
Cuando ambos estamos sentados es que por fin rompe el silencio.
—Te extrañé ayer… ¿Ya te sientes mejor?
—Sí, solo fue una indigestión.
—Qué bueno que no fue algo más grave.
Ambos nos quedamos en silencio unos segundos más.
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basada en hechos reales, romance juvenil., slow burn romance
Editado: 15.08.2026