Cada paso que doy tomada de su mano se siente más raro que el anterior. Apenas comenzamos a caminar en medio del Boulevard buscando donde sentarnos, las conversaciones a nuestro alrededor comienzan a apagarse. Tan grande es el silencio que podría jurar que si en este momento se cayera un alfiler, podríamos escucharlo.
Si en otras ocasiones pensé que los susurros y las miradas indiscretas eran lo más incómodo del mundo, eso era porque no sabía lo incómodo que podría llegar a ser el silencio.
Joaquín parece no darse cuenta de la atención que hay sobre nosotros. O quizá sí lo hace, solo que no le importa. Camina con paso seguro hacia un banco libre que está prácticamente en medio del lugar, sin soltar mi mano ni un segundo, a pesar de que la tengo toda sudorosa.
Ser el centro de atención, en cualquier lugar y en cualquier circunstancia, siempre será una pesadilla para mí. Así que, en este momento, mi ansiedad está hasta el cielo. ¿Por qué no puedo simplemente desaparecer?
Pero, a pesar de mi incomodidad, no puedo evitar pasear la mirada a mi alrededor. Entre la multitud que se encuentra en boulevard, veo unas cuantas caras conocidas y sorprendidas, entre ellas la de David.
Al cruzar nuestras miradas tiene una expresión indescifrable, supongo que más que cualquier cosa es asombro. Después de todo, él mismo me aconsejó darle una oportunidad a su primo. Aun así, parece tan sorprendido como el resto del colegio.
A pesar de esto, su mirada se suaviza y me sonríe, casi dándome ánimos, lo que logra que me relaje un poco.
Voy a estar bien…
***
Ya sentados, Joaquín se me queda mirando, pero no dice nada. La forma en que me mira es intensa, me siento estudiada por él. Lo que me hace más consciente de mis defectos. ¿Por qué me ve así? ¿Qué es lo que espera encontrar en mí? ¿Seré lo suficientemente bonita para él? No sé por qué me pasan todas esas cosas por la mente. Las inseguridades que siempre he tenido, pero que siempre suelo ignorar, regresan a mí con fuerza. Haciendo que el momento se vuelva casi insoportable.
No creo que esto sea lo que se supone que debería estar sintiendo. Pero no puedo fingir que estoy encantada con la situación. Y eso hace que no sepa cómo actuar.
—Escucha…— Joaquín por fin rompe el silencio. Justo a tiempo, porque ya estaba a punto de desmayarme de tanta incomodidad —Yo sé que esto quizá fue muy apresurado de mi parte… Lo de ser novios.
Yo lo veo sorprendida. No creí que la conversación fuese a ir por ese rumbo. Pero, creo que lo agradezco. Nada mejor para romper la incomodidad de una situación, que enfrentarla.
—Se nota a kilómetros lo incómoda que estás— me dice sonriendo comprensivo. Yo siento que se calientan mis mejillas por la vergüenza. Odio ser tan obvia —Esa no fue mi intención cuando te pedí una oportunidad. Solo que… bueno, yo sé lo que quiero, por eso pensé ¿para qué esperar más?
Escucharlo hablar con tanta sinceridad logra hacer que me relaje un poco. Dejo escapar un respiro un poco tembloroso, pero también, aliviado.
—Es cierto… sí me siento un poco incómoda— lo veo y le sonrío aún avergonzada, él me mira incrédulo —Bueno, está bien, un poco no, muy incómoda.
Él ríe haciendo que el momento se vuelva aún más llevadero.
—Mucho mejor, espero que siempre me hables con sinceridad.
—Lo haré, y empezaré desde ahora— le digo y tomo un respiro, más que nada para agarrar valor —A decir verdad… me tomaste totalmente por sorpresa. No el hecho de que yo te guste, aunque eso también fue una sorpresa para mí, no voy a mentirte. Sino más bien el hecho de que seas tan decidido, que quisieras intentarlo así tan rápido. Y eso, más que nada, me asustó. Yo no suelo ser tan… decidida.
—Lo sé, lo he notado. Por eso agradezco que me estés dando esta oportunidad. Para ser sincero, ni siquiera estaba seguro de que fueras a decirme que sí.
Frunzo el ceño.
—¿Tú, inseguro?
—Claro que sí, ¿crees que no estaba nervioso?
—¡No lo sé! No había pensado en eso… Bueno, en fin, quiero asegurarme de dejar las cosas claras— él me ve con curiosidad y un poco de preocupación —Quiero que sepas que no me siento forzada, a pesar de toda esta incomodidad que he sentido. Yo sí estoy dispuesta a darte una oportunidad real. Solo que, necesito que entiendas algo sobre mí, sobre esto…
—Dime…— dice acercándose un poco más a mí, realmente atento a lo que diré.
—Yo… Tú me gustas…— la sonrisa que se dibuja en su rostro me hace sentir un sobresalto en el corazón y una sensación como de mariposas que aletean en mi estómago por un par de segundos —Es la primera vez que admito esto en voz alta, incluso para mí misma. Pero…
—¿Pero? — parece nervioso esperando mi respuesta.
—Aunque realmente me atraes, y me encanta pasar tiempo contigo, y me pareces una persona increíble… Yo no estoy enamorada de ti.
Él se queda en silencio.
Por primera vez desde que nos sentamos, parece perder un poco de esa seguridad que siempre lo acompaña.
Su sonrisa desaparece apenas un instante.
Solo un instante.
Pero lo suficiente para que me arrepienta de haber sido tan brutalmente sincera.
—O sea, es que apenas te estoy conociendo. Yo no sé… no puedo actuar como una novia enamorada y no sé qué esperas de mí, en realidad.
Baja la mirada durante un momento.
—Bueno... no voy a fingir que esa era la respuesta que soñaba escuchar.
Mi estómago se encoge.
Pero entonces vuelve a mirarme, respira profundamente y me sonríe.
—Aunque tampoco es una respuesta que me sorprenda. Yo no espero nada de ti más allá de lo que ya me estás dando: una oportunidad. No quiero que sientas que tienes que actuar de cierta manera o que te sientas obligada a nada… Lo único que yo quiero es esto, que me permitas intentar ganarme tu corazón.
Yo me quedo sin palabras, solo viéndolo. El alivio que me inunda es tan grande que me siento liviana, casi como una pluma al viento.
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basada en hechos reales, romance juvenil., slow burn romance
Editado: 08.09.2026