Desde lo que pasó con David, Eliana se había mantenido totalmente alejada de mí, casi ni la veía por los pasillos del colegio. No es como si la hubiese extrañado. Para mí, mejor si no me la cruzo más por el resto del año.
Verla con su mirada fija en mí logra intrigarme e incomodarme al mismo tiempo.
Con cara de que todo le huele mal, comienza a caminar lentamente hacia la entrada del colegio, como para cruzarse con nosotros “casualmente”.
Yo aún camino tomada de la mano de Joaquín.
Las chicas vienen un par de pasos detrás de nosotros conversando y riendo de tonterías cuando finalmente nos cruzamos con ella.
—Tenía que verlo con mis propios ojos —dice dejándome desconcertada. ¿Qué le pasa?
—Qué rápido te olvidaste de David…
¡Auch!
Su comentario es un golpe bajo.
No debería afectarme de ninguna manera, tomando en cuenta cómo sucedió todo. Pero aun así, me cae mal, porque siento que, como ella, muchos estarán pensando que voy muy rápido con Joaquín. Lo que me hace sentir inquieta de nuevo.
—No puedo evitar verte y preguntarme ¿qué es lo que ven en ti? ¿Por qué te eligen? ¿Qué es lo que tienes tú que no tenga yo?
En medio del odio que refleja su mirada, un destello más profundo, muy parecido al dolor, brilla detrás. Y aunque no quisiera, no puedo evitar sentir lástima.
—La verdad no entiendo por qué te comparas conmigo —le digo sinceramente—. Tú eres hermosa, inteligente, puedes estar con quien quieras…
Ella ríe con amargura.
—Yo también lo creía, pero ya ves que no es así… Al parecer no soy suficiente.
Yo no sé qué responderle, ¿qué puedo decirle? Estoy acostumbrada a la hostilidad de Eliana, no a su vulnerabilidad.
—Eso no te da derecho a portarte como lo haces —le dice Ana por mí—. Siempre atacándola, siempre tratando de humillarla. Así no se superan las inseguridades. Solo te conviertes en una mala persona.
—Que yo recuerde, no estoy hablando contigo, Ana —responde Eliana con mordacidad.
—¿Qué es lo que quieres, Eliana? —intervengo en tono cansado, antes de que la conversación se convierta en una discusión.
—¿De ti? No quiero nada… solo quiero entender por qué.
—Eso no sabría decírtelo yo… ni siquiera yo misma lo entiendo —ella me mira con incredulidad y una sonrisa sarcástica, lo que me molesta un poco porque estoy siendo sincera. La lástima que había despertado en mí disminuye—. Quizá deberías preguntarle directamente a David. Tal vez él te diga el por qué.
Un segundo después de decirle y ver la expresión dolida en sus ojos, me arrepiento, pero la verdad es que su actitud me hizo enojar un poco.
Escucho pasos acercándose por detrás de nosotros, pero estoy demasiado incómoda como para voltear a ver quién es.
Volteo hacia otro lado tratando de evadir la mirada de ella, cuando una nueva voz me sorprende.
—¿Qué está pasando aquí? —La voz de David me hace dar un salto, pero nada comparado al que da Eliana al oírle.
Todo el color de su rostro desaparece por completo. Parece que se le salió el alma del cuerpo al escucharlo.
David se queda viendo nuestro grupo esperando una explicación de nuestra extraña interacción, pero nadie dice nada. Todas las miradas terminan posándose sobre Eliana. La atención de él se vuelve a ella.
Esta, visiblemente nerviosa y hasta un poco temblorosa, al fin habla. Aunque ha perdido toda la seguridad que siempre la caracteriza, todo su sarcasmo ha desaparecido.
—Mmm nad… nada. No pasa nada, es solo un malentendido. Yo, yo ya me iba… —dice de forma entrecortada. Y sin esperar un segundo más, se da la vuelta y se aleja, dejándonos a todos pasmados.
—¿Qué fue eso? —pregunta David con rostro sorprendido viéndome directamente. Yo solo me encojo de hombros.
—Creo que a la que tendrías que buscar para que te explique es a Eliana —le dice Joaquín—. Siento que ustedes tienen una conversación pendiente.
David asiente. Joaquín le da una palmada en la espalda antes de despedirse con el saludo de manos que siempre comparten. Finalmente, David se aleja en la misma dirección por la que se fue Eliana.
Joaquín se va hacia su siguiente clase y yo hago lo mismo con las chicas. Aún sorprendida y a la vez llena de incomodidad por la conversación “casual” con Eliana.
***
Ha pasado una semana desde ese desagradable encuentro. Una semana desde que Joaquín y yo somos novios.
¡Dios! Qué raro se siente decirlo… ¡Tengo novio!
Ha sido, mmm, ¿cómo decirlo? ¿Extraño? Una experiencia totalmente nueva para mí. Es cierto que tuve algo con David, algo que yo consideraba casi un noviazgo. Pero con Joaquín todo se siente completamente distinto. Quizá es por él. No es para nada como yo suponía que sería tener un novio.
Creo que lo que más me sorprende es lo fácil que me resulta estar con él. Se siente como lo más natural del mundo, nunca me hace sentir incómoda y, contrario a lo que esperaba, ni siquiera trata de besarme cada segundo que pasamos juntos. Creo que es su forma de demostrar que no me quiere presionar después de que le dijera que sentía que comenzamos muy rápido.
Tampoco es que nunca me bese. Alguna que otra vez me ha robado un beso, que debo admitir, he disfrutado mucho más de lo que creía posible. Ahora tengo que reconocer, aunque me dé vergüenza, que me encuentro anhelando esos escasos momentos. Pero no me atrevo a decirle. ¡Se supone que todavía debería incomodarme!
Pasamos muchísimo tiempo juntos, igual que antes, vamos a la biblioteca a hacer deberes, incluso algunas veces me ayuda con lo que no se me da tan bien. Hace unos días incluso se pasó casi media hora intentando explicarme un ejercicio de física. Terminó dibujando un montón de garabatos y números en una hoja hasta que, por fin, entendí. Cuando levanté la vista para decirle que ya había comprendido, sonrió tan orgulloso que terminé riéndome yo también.
Me ha contado muchas cosas sobre su vida en la ciudad o las cosas que le gustan. Por ejemplo, ahora sé que su dulce favorito es la torta de helado de Tío Rico. Y así, muchas otras pequeñas cosas que he ido aprendiendo de él.
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basada en hechos reales, romance juvenil., slow burn romance
Editado: 08.09.2026