La versión de mí que te amó

CAPÍTULO 23

La incómoda sensación de ser observada por todos en mi salón se hace más agobiante cada segundo que pasa.

Volteo a ver a la profesora Ingrid, quien me mira con curiosidad. Luego veo al profesor Gonzales, que parece a punto de desmayarse y me mira como un cachorrito atropellado, lo que solo empeora lo que siento en este momento. Finalmente, fijo la vista en la directora, que me mira expectante.

Repentinamente, me siento molesta. ¡No puedo creer que me estén poniendo en esta posición! Por un par de segundos, me planteo seriamente dar una mala respuesta. Aunque, finalmente, me lo pienso mejor.

—Yo… La verdad, no veo por qué tendría que opinar en una decisión del consejo escolar. Aun así, no tengo nada en contra de que el profesor Gonzales vuelva— el susodicho parece aliviado de mi respuesta —Solo que sí me gustaría que esté dispuesto a explicar más de una vez, porque la verdad es que la química se me da pero fatal.

La directora sonríe y asiente, parece complacida con mi respuesta. Luego pasea la mirada por el resto de mis compañeros, como esperando ver si alguien más tiene algo que decir. Pero, al ver que nadie más parece interesado en intervenir, continúa ella.

—Veo que no hay objeciones por parte del salón— dice y luego voltea a ver al profesor Gonzales una vez más —Bueno, profesor, parece que tiene su trabajo de vuelta. Espero que esta vez sepa aprovechar la oportunidad.

—Lo haré— contesta apresuradamente y luego me ve —Y repetiré la clase las veces que sea necesario hasta que entiendan. Lo prometo.

Después de ese momento tan embarazoso, por fin se van de nuestra aula y continuamos con la clase de inglés.

***

Apenas llega la hora libre, salgo casi corriendo de mi salón de clases. No he dado ni tres pasos fuera cuando me encuentro de frente Joaquín.

No sé qué es lo que esa sonrisa está causando en mí, pero cada vez que lo veo sonreír, una sensación cálida surge en mi pecho.

Él no me dice ni una palabra, solo extiende su mano para que yo la tome. Y eso es justo lo que hago. Ya me estoy acostumbrando a esto. Aunque aún siento esa energía, casi como si una corriente me recorriese entera con apenas un roce.

Camino junto a él, dejándome guiar. Tengo curiosidad por ver adónde quiere que vayamos hoy.

No me sorprende ni un poco cuando camina directo hacia nuestra terraza. Sí que le gustó el sitio. Ya sabía que, después de verlo tan encantado el primer día que lo trajimos, no habría forma de alejarlo de aquí. No me equivoqué. Desde que conoció la terraza, parece haberla adoptado como su lugar favorito.

—Hoy tengo un examen de biología, ¿te molestaría si solo estoy aquí callado estudiando?— me dice después de sentarnos en un par de puff, uno junto al otro —Tal vez tú prefieres pasar este tiempo con tus amigas en vez de estar aquí aburrida acompañándome.

Parece dudar, un poco nervioso. Yo le sonrío para tranquilizarlo.

—No, para nada es molestia. Yo voy a aprovechar a ver qué leo, hay una revista nueva por aquí que me causó curiosidad.

Mi respuesta parece tranquilizarlo, así que saca su cuaderno de su mochila y se dispone a estudiar.

Yo me acerco al montón de revistas que tenemos mis amigas y yo allí y agarro una que no he ojeado todavía. Luego vuelvo a sentarme junto a él en silencio para no desconcentrarlo.

Después de un par de minutos pasando páginas de mi revista, tengo que ser sincera y admitir que la que no puede concentrarse soy yo.

No he podido evitar que mis ojos se desvíen hacia él cada par de minutos.

Está concentrado, con la vista fija en su cuaderno, mientras mordisquea un lápiz que tiene en la mano. Su ceño está ligeramente fruncido y unos cuantos mechones de su cabello se han caído cerca de sus ojos.

La suave brisa que entra al lugar por los ventanales solo hace que los mechones de su cabello se muevan, cayendo aún más cerca de sus ojos.

La tentación de extender mi mano y apartar un poco sus cabellos para que no interrumpan su lectura me toma por sorpresa. Pero lo hace aún más el hecho de que es casi un instinto incontrolable. Cuando me doy cuenta de lo que estoy haciendo, mi mano está rozando sus mechones y su frente.

Por un momento, me quedo congelada, sobre todo cuando él levanta la vista de su cuaderno y me mira de una forma intensa. Aun así, logro sobreponerme rápido, o eso finjo. Continúo apartando los mechones de su cabello a la vez que acaricio con suavidad su frente.

Dentro de mi pecho, mi corazón late con rapidez. La valentía que tuve hace 2 segundos comienza a evaporarse, así que comienzo a apartar mi mano. Pero él rápidamente la toma con la suya. La mueve con suavidad hasta que está sobre sus labios, y luego me da un beso lento y suave justo en la palma de mi mano.

Un escalofrío viaja desde ese punto hasta cada terminación nerviosa de mi cuerpo. Mi corazón pierde el ritmo un segundo para luego continuar con su latido acelerado. Y un calor desconocido va creciendo dentro de mí.

La forma en la que me está mirando me tiene atrapada, no puedo apartar mis ojos de él.

Una pequeña sonrisa asoma en sus labios y mi mirada se va hacia allí. Siento que se me seca la boca y tengo el instinto de tragar y humedecer mis labios con mi lengua. El mismo instinto que tuve de apartar los mechones de su cabello regresa, pero esta vez convertido en deseos de sentir sus labios.

Él parece estar pensando exactamente lo mismo, porque poco a poco se va acercando a mí, cada vez más cerca. Hasta que siento la suavidad de sus labios contra los míos.

Y un hambre voraz que nunca había sentido se desata en mí…

El beso comienza suave, inocente. Pero poco a poco va subiendo de intensidad. Mi mente se queda en blanco, olvido todo y a todos, solo existimos él y yo y este momento.

Él pasa uno de sus brazos alrededor de mi cintura para acercarme lo más que puede, o lo que le permiten nuestros asientos. Yo enredo los dedos de mis manos entre sus cabellos.




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