La versión de mí que te amó

CAPÍTULO 24

Si me preguntaran en este momento de qué iba la clase que acaba de terminar, la última del día, no sabría qué responder porque no escuché ni una palabra. Solo fingí prestar atención y escribir. La página de mi cuaderno solo tiene garabatos y dibujos sin sentido por los márgenes.

No me preocupa mucho la verdad. Ana me prestará su cuaderno para copiar la clase más tarde en mi casa.

La razón por la que no presté atención y no pude concentrarme mide 1,93 y está sentado en uno de los asientos del boulevard esperándome para despedirnos, porque ya tengo que ir a mi casa.

Al verlo acelero el paso para llegar hasta él, que aún no me ha visto.

Está sentado, relajado con una pierna sobre el asiento y su espalda recostada en el borde de cemento de una de las jardineras.

El viento de la tarde es agradable, hace mecer las ramas de los árboles y amortigua las conversaciones del boulevard. Algunos de mis rizos rebeldes se sueltan de mi semirecogido y se me meten justo en los ojos cuando estoy a un par de pasos de él, así que tengo que detenerme un momento para apartarlos.

Cuando vuelvo a mirar hacia donde voy, Joaquín me está mirando con una sonrisa divertida.

—Parece que el viento también ama tu cabello —dice mientras se acomoda en el banco para dejarme espacio.

—¡Más bien parece que me odia! Casi me caigo por no ver dónde estoy poniendo los pies —le digo y dejo escapar un bufido. Él ríe.

Yo sonrío en respuesta, me inclino hacia él y le doy un beso en la mejilla.

—¡Ah, no! ¡Eso es trampa! Creo que el título de novio me da derecho a algo más que un simple beso en la mejilla...

Yo, que ni a palos he podido dejar de pensar en toda la tarde en el beso de la terraza, siento cómo mi cara se calienta.

Justo después de decirme esto, se inclina hacia mí y pone una de sus manos en mi mejilla, luego sus labios rozan suavemente los míos.

El beso es lo suficientemente largo para sentir un cosquilleo en mi estómago. Pero demasiado corto para que me parezca suficiente.

¡No puedo creer que estoy pensando esto!

—¿Ya tienes que irte?

—En un ratito, sí.

—¿No puedes quedarte un poco más conmigo? Casi no pasamos tiempo juntos. Los ratos libres entre clases son muy poquitos...

—Me gustaría quedarme más —le digo, entrelazando mis dedos con los suyos —Pero mi mamá se va a preocupar, ella sabe a qué hora suelo llegar siempre.

—Pero dile, avísale que estás conmigo.

Yo solo sonrío, pero no digo nada. Ese es un tema que no estoy dispuesta a tocar. No todavía.

Cambio de tema para evadir esa conversación y pasamos unos 20 minutos más allí juntos, hasta que ya no puedo retrasarme más, así que me pongo de pie. Él se levanta también.

—¿Puedo acompañarte hasta tu casa?

—¡No! —digo casi gritando y él luce muy sorprendido —No, no hace falta. Tengo que pasar buscando a Ana por la plaza, que está allí con Andrés. Ella se quedará hoy en mi casa.

Él no se ve muy convencido con mi respuesta y yo me siento inquieta.

No sé durante cuánto tiempo más voy a poder evitar hablar sobre mi mamá o su regla de cero novios hasta los 18. Regla que evidentemente yo acabo de romper por él. Pero lo que sí sé, es que se me van a complicar las cosas.

—Ven aquí.

Dice atrayéndome hacia él en un abrazo apretado, así de oso. Algo que despierta una sensación en mí que solo puedo describir como ternura. Luego me da un beso en la coronilla de la cabeza, y ese gesto solo sirve para que termine de derretirme en sus brazos.

Después de eso me voy hacia la plaza a buscar a Ana para ir a mi casa. Con esa ternura rara que me deja una sensación cálida en el corazón, pero la mente totalmente inquieta.

No puedo evitar la culpa que nace en mí. No quiero decepcionar a mamá. Pero tampoco quiero dejarlo.




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