Después de las presentaciones, su madre me hace pasar a la sala y nos sentamos allí.
Es una mujer muy alegre y conversadora, lo que agradezco porque casi no tengo que hablar yo. Desde el momento en que nos sentamos comienza a contarme anécdotas sobre Joaquín, haciendo que este se sonroje, y yo no puedo evitar reír.
Es interesante verlo nervioso, para variar, ya que siempre soy yo la que se pone nerviosa. Pero gracias a su mamá, he comenzado a sentirme más relajada. Mis hombros, antes tensos, se aflojan un poco y mis manos ya no se sienten tan frías, hasta dejaron de sudar.
Su padre es más callado, pero hace comentarios que dejan ver su sentido del humor y vuelven más agradable la conversación.
—Le vas a caer muy bien a Almendra…— su madre, quien descubrí que se llama Jazmín, me sonríe.
—¿Almendra? — pregunto un poco confundida.
—Es mi hermana… Te he hablado de ella antes.
—Es que nunca me dijiste su nombre.
—Cierto… Olvidé hacerlo.
—Voy a preguntarle por dónde viene— sigue hablando su madre —Ya debe venir de regreso de la universidad. Ella también quería conocerte.
—Bueno, yo no sé ustedes, pero yo quiero comer algo— el papá de Joaquín interrumpe la conversación, poniéndose de pie —¿Quieres pastel de chocolate?
—Mmm bueno, sí…
—Perfecto, ya te traigo. ¿Ustedes también van a querer? — mira a Joaquín y a su esposa.
—La pregunta ofende— Joaquín pone los ojos en blanco y él le sonríe.
Me agradan sus padres, es refrescante ver cómo se llevan entre ellos y con Joaquín, supongo que será igual con su hija. Me recuerda la forma en la que nos llevamos mamá y yo. Y ese solo pensamiento me entristece un poco, porque no quiero que mi relación con mamá cambie, pero sé que lo hará.
Un rato más tarde, después de haber comido pastel, la señora Jazmín saca unos cuantos álbumes de fotos de cuando sus hijos eran pequeños.
Ver a Joaquín de bebé es la cosa más tierna del mundo. ¡Era un bebé regordete precioso!
El tonto está como un tomate de la vergüenza, no sé por qué. Bueno, quizá sí sé… en algunas de las fotos aparece completamente desnudo.
—Tendrías que ver cómo ha crecido hasta ahora…— su madre ríe con picardía.
—¡MAMÁ!
Su mamá parece disfrutar haciéndole pasar vergüenza. Yo no puedo evitar reírme. Tengo que admitir que me parece supremamente divertido.
Mi teléfono vibra en mi mochila, que sostengo sobre mis piernas, así que lo saco para revisar. Quizá sea un mensaje de mamá.
*Mensaje de Ana*
¿Te fuiste a tu casa? Te buscamos pero no te encontramos…
Ya me había olvidado por completo de las chicas, es cierto que no les avisé que haría ni donde iría. Así que escribo una respuesta corta:
Estoy con Joaquín… En su casa👀… Sus papás querían conocerme.
No pasa ni medio minuto cuando llega una respuesta.
*Mensaje de Ana*
¿QUÉ?😱😱😱 ¿Y no se te ocurrió avisarnos?
Ya sabía que iba a reaccionar así, me da un poco de gracia. Vuelvo a responderle:
No tuve tiempo ¿Ok?🫣 Me invitó justo antes de entrar al examen. Y ya después de que salí, nos vinimos, él salió muy rápido de su examen.
*Mensaje de Ana*
¿Cómo son sus papás? ¿Les gustaste? ¿Te cayeron bien? ¡Cuéntame todoooo!😯
Respondo sin demora:
No creerás que te voy a responder todo eso por mensajes… ¡Todavía estoy aquí! No voy a seguir mandando mensajes en vez de conversar con ellos. Eso es de mala educación. Adios😘🤭.
*Mensaje de Ana*
Tienes razón, sigue conversando con tus suegritos🤭😅. Pero no creas que te vas a escapar de responder a mis preguntas, y las de las chicas… Nos vemos mañana, bye😘.
Vuelvo a guardar mi teléfono dentro de mi mochila y volteo a ver a Joaquín que está conversando tranquilamente con sus padres.
Un par de minutos después escucho el sonido de la puerta de la casa al ser abierta.
—¡Ya estoy aquí!...
La voz de quien supongo, es la hermana de Joaquín, se escucha acercándose a donde estamos. Yo me tenso instantáneamente sin poder evitarlo. Y aprieto los dedos de Joaquín, quien había tomado mi mano después de que guardé mi teléfono. El me da un suave apretón como para darme seguridad.
—Hola má, hola pá— dice ella cariñosamente al entrar y verlos. Y se acerca a besar a cada uno.
Luego se voltea para saludar a su hermano.
—Hola Joaq…
Se queda callada a mitad de frase, con cara de sorpresa y sus felinos ojos verdes, idénticos a los de su padre, fijos en mí. Yo me remuevo un poco inquieta.
¿Sonrío? ¿Digo hola? ¡No se que hacer!
—¿Hola?
—Ahmm… Hola. — digo tímidamente y medio le sonrío.
—Hola Almendra— la saluda Joaquín muy sonriente y tranquilo —Ella es Madeline… Mi novia.
Los ojos de Almendra se abren aún más sorprendidos y luego sonríe. Su sonrisa es hermosa, igual a la de Joaquín, aunque sus ojos y su cabello negro la hacen ver diferente. Pero aun así, es muy bella.
—¿Por qué no me dijiste que ibas a traer a tu novia hoy, hermanito? — le alborota el cabello a Joaquín y luego se acerca a mí —Si hubiese sabido que vendrías te habria traído algo rico.
Luego besa mi mejilla y me abraza muy fuerte.
—¡Eres muy linda!
Empiezo a preguntarme si toda esta familia abraza a la gente como si la conociera de toda la vida.
—Obviamente. Yo no tengo mal gusto…
Los comentarios de ambos hermanos hacen que sienta el calor subir hasta mis mejillas.
—¡Ay! Y sonrojada te ves aun mas bonita.
Ya no me queda más que sonreír. Y ella me regala otra de sus despampanantes sonrisas.
Luego de eso conversamos por un rato. Ella me ametralla a preguntas sobre mí, sobre mamá, sobre muchas cosas. Al parecer quiere que le cuente toda mi vida en un solo día. No me molesta para nada, solo me sorprende. Nunca imaginé que los conocería, para empezar, mucho menos que serían tan agradables.
—Tu mamá suena genial… — me dice Almendra, luego mira a su hermano —¡Joaquín tienes que invitarla a comer con nosotros!
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basada en hechos reales, romance juvenil., slow burn romance
Editado: 08.09.2026