La vida ante$ y de$pué$ de un millonario

CAPITULO 3 (Lo anterior de…)

1er sub. cap. “De lo que fui, a lo que soy”

–Nací el veinticuatro de enero del dos mil cinco, Estado de México; en ciudad Móctezum en una hora indefinida según mi madre. Y mi madre, que me cuido ella sola, cuando se iba a trabajar para traerme de comer, podía contar con la ayuda de sus padres, ósea, de mis abuelos. Un niño implica mucha responsabilidad, me gusta ser bebé, no, perdón, lo dije mal, me encantaba ser bebé. No tener ni una gota de responsabilidad y vivir con los abuelos rodeado de amor y felicidad en una casa pequeña, pero lo material ya no importaba, no cuando existe el amor entre los individuos. A medida que crecía, todo era un divertido juego, estar molestando a los primos, visitar al tío del otro cuarto, molestar a los perros de una tía, y más cosas divertidas.

¿Mi padre? Pues ya lo sabe, la misma historia de siempre, el irresponsable que escapa de la obligación que el mismo se dio. Pero, en fin, mi madre pudo sin él, no me quejo, a lo mejor de vez en cuando. Me da risa saber que, si un bebé no gatea, de grande le faltara equilibrio, yo no lo hacía, hoy en día no me caigo al caminar ni correr, no se a que se deba.

Les pregunto, ¿Qué les gustaba comer en su edad de tres a seis años en promedio? El mío solo implementaba pan con leche, de desayuno, comida y cena, me gustaba y me sigue gustando, podía vivir toda la vida con eso. Pronto tuve que marchar al kínder, ¿o preescolar? Como se supone que sea, llego a ser una etapa genial y emocionante.

Luego de las clases volvía con mis abuelos, claro que mi madre tenia que ir, de la escuela a la casa, de ahí a seguirle jugando. Todo ese periodo desde que nací hasta mis cuatro años, me sentí en verdad feliz, un niño alegre e inquieto. Todo bien, hasta que mi madre conoce por fin a alguien perfecto, literal. A mi la verdad no me importaba, yo seguía muy feliz y mientras tenga esta vida feliz, ¿Qué puede pasar? – .

(Pues, lo que paso fue que se conocieron más y pronto se empezaron parte de la familia paterna. En una casa muy grande y alta, echa de una buena piedra. Y el joven que en ese tiempo era un niño de casi cuatro años, pudo acoplarse en menos de medio año, el tiempo no era el enemigo).

–Nada se comparaba a ese lugar, tener como siete tías y once primos, cuando uno ya no quería jugar, era momento de ir con otro, mas emocionante cuando todos nos juntábamos en fiestas navideñas.

No como ahora con la cuarentena. Nada es felicidad, ya que, mi padre, tenía el fantástico plan de mudarse a cuatrocientos kilómetros. Con la esperanza de encontrar un trabajo mejor.

En ese entonces, no tenía el sentido de opinión, por lo que deje pasar, pero luego lo obtuve y me empezó a doler cada vez más, el simple hecho de escuchar compañeros decir “después de esto iré con mi abuela”, “hoy me recoge mi linda abuela”, “cenare con la abuela”, “vendrá mi abuela”. Y todas esas personas mayores de edad estaban por lo menos a cuatro calles de sus nietos.

Yo también pensé que los resultados serían sorprendentes, pero lo pensé mal, como siempre. La primera casa, nada mal, pero igual a la de mis compañeros, los “lujos” que según mi padre decía tener, también lo tenían la mayoría de mis compañeros. De que me sirvió abandonar lo que me hacía feliz, si lo que gane, los demás igual lo tienen, incluso más y mejor.

La ciudad en aquellos tiempos, parecía más que pueblo fantasma. Pero bueno, tuvimos segunda casa, la educación no se vio ni mejorada ni afectada. Mi padre pensó que si me juntaba con el sería igual de “perfecto”. Pues no lo logro, con la verdad digo que perdió tiempo y dinero en mí, hasta la fecha lo sigue haciendo, pero ya no más. Aunque en este capitulo hablo de mi asqueroso pasado–.

(Si lo sé, no le gusta hablar del pasado, tuvo un muy buen pasado, el cual fue totalmente aplastado y destruido por el presente y extinguido por su futuro, cuando recuerda lo feliz que era, le duele, duele mucho, porque no pudo hacer nada, y si hubiera tenido oportunidad alguna, tendría temor de fallar, o por lo menos eso cree).

–Pero no vamos en esta parte, estamos en la parte donde me doy cuenta que la vida no es como uno se la imaginaba o soñaba, y la descubrí muy joven.

No lo digo por la escuela, si no por la manera en que me enseñaba mi “padre” ósea ni un año con él, y ya me empezaba a decir de cosas cuando no hacía bien algo, como si a él le importara.

Por eso tengo una mala visión de él, como es posible que teniendo cinco años nos enseñen que se debe pegar, golpear, dañar, maltratar, cuando no nos gusta algo.

Dirán ustedes, que gracias a eso me pude desempeñar muy bien en mi educación o en los estudios mejor que otro niño, claro que no fue “tan” así, al principio se veía un gran progreso triunfal.

Volverme a mudar de casa no era el problema, es más, no había problemas. Mi nuevo hogar era en una privada, en un lugar que yo le digo medio pueblo con cuyo nombre es Villa de Pozos.

 

Digo medio pueblo, porque muchas casas tenían un buen mantenimiento al precio racionable, no se cual precio, pero que importa; no tengo un diploma en emprendedor de negocios, que tampoco se si dan ese tipo de diplomas.

En aquella privada no era el primer niño, estaba una niña un poco menor a mí, llamada Alejandría. Nueva casa, nueva escuela, con ello nuevos amigos, eso pensé.

Y por fin tenía razón, de lo mejor, edad de seis, la edad en que conocí a mi querido amigo. En una escuela más bonita que la anterior, de un nombre espectacular; Creadores de libertad, hasta el nombre suena increíble–.




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