LUISA
Llego a casa y reviso la hora son las 4 pm así que dentro de poco podría llegar Jonathan, rápidamente me hago un sándwich y empaco una botella de agua a una mochila, entro al baño y aseguro la puerta de mi habitación, observo mi rostro en el espejo y veo como se me ha corrido el maquillaje, no lo retiro porque aún me quedan lagrimas por expulsar.
Bajo al valle para seguir desahogando mi dolor, además que me ayuda a salir un poco de mi triste realidad así que comienzo a leer y mientras más avanzo entre páginas, más pesados siento mis ojos de haber llorado hasta que finalmente me quedo profunda. Cuando despierto logró ver que se ha oscurecido y me quedo pensando una vez más en Michael, decidí confiar en él por la lealtad que tuvo hacia a mí, sé bien que no teníamos una relación ejemplar, pero jamás me había tratado de esa manera como lo hizo hoy y eso fue lo que más me dolió y rebaso el vaso quizás no me hubiese importado si eso hubiese sucedido al año, aunque cuando llevas más tiempo se hace más doloroso cualquier daño o palabra que hagas a tu pareja, por muy tranquila que sea, eso se acumula en lo profundo del corazón y el día menos esperado es cuando decides terminar sin volver a mirar atrás.
Entre lágrimas una vez más abrazo a mi amado árbol, siempre me ha escuchado y hasta siento que en el habita mi abuelo, muchas veces siento su presencia y esa tranquilidad que siempre ofrecía a su familia, por eso siempre que vengo le abrazo y si quiero llorar lo hago al lado del árbol, es el único calor hogareño que siento desde hace muchos años, además que este árbol tiene una particularidad y es la forma que tiene, sus ramas parecen brazos y la copa un corazón fue mi única idea que en este se encontraba el alma de mi abuelo aguardando por mí, sobre llevando la carga que he vivido a causa de su otro hijo.
Tomo mi mochila y subo a la habitación, me sorprende escuchar a Jonathan golpear la puerta con gran ferocidad, además de las groserías que anda gritando, rápidamente acomodo la mesita de noche mientras sigue gritando borracho.
- Abre la maldita puerta hija de perra o te juro que te mato — le abro la puerta ya que acomode todo y retrocedo inconscientemente. —Debes abrir la puerta siempre que yo te lo pida niñita —dice Jonathan con una correa alrededor de su mano.
Mi mamá, digo Laura entra a la habitación y veo como su ojo está hundido por el hematoma producido del golpe que le dio Jonathan, no soy capaz de mirarla más, a pesar de que sigo creyendo que ella algún día despertará y cuidará de su amada hija como siempre debía ser, ella me mira y veo mucha tristeza solo espero que me ayude o me salve de la paliza que este monstruo me dará.
- Es cierto, ¿por qué no le hacías caso a tu padre? —grita Laura a modo de regaño, como si fuese obligada a hacerlo
- Él no es mi padre — respondo y Jonathan me da una cachetada tan fuerte que siento que me corte la mejilla interna con los dientes
- Responde a la pregunta de tu madre y no vuelvas a decir que no soy tu padre niñita —dice Jonathan y no me queda más remedio que responder
- Estaba en el baño —respondo sin mirarle a los ojos, es algo que el detesta un montón
- Cuando yo te hable me tienes que mirar, mal criada —dice levantándome el mentón. Evito su mirada, no puedo con este señor, en serio que no puedo más. Recibo el primer impacto de la chapa de la correa en mis pierna, lo cual provoca un rasguño en ellas— ¿por qué no lloras hija de perra? —pregunta Jonathan enfurecido.
Cuando llevas años siendo maltratada por un monstruo llegas a un punto en que los golpe dejan de dolerte, en los que las palabras dejan de herir y las personas dejan de importarte, todo esto por el mismo análisis psicológico que he hecho a Jonathan, él disfruta ver el dolor ajeno y sobre todo hacerlo, ver el morbo que para él le genera verme llorar o suplicarle es lo que lo motiva a ser más que un hombre un animal a la hora de tratar a su hija, lo único que le falta a este infeliz es que tenga ganas de violarme, aunque para él eso ya es repugnante por lo impura que soy para él.
Laura, por su parte, me da miradas de lástima y luego evita mirarme, mientras una vez más Jonathan impacta la chapa en mi estómago y luego me da solo con la correa de cuero, el grita de euforia y Laura solloza, mientras que yo solo veo a un monstruo saciando su pleno placer con una inocente muñeca. Se detiene los correazos y me pone de pie.
- Ves esto —dice Jonathan a Laura— pasará cada vez que no me tengas limpios mi zapatos y cada vez que malcríes a esta niña
- Prometo no volver a hacerlo —dice Laura de rodillas, suplicando misericordia a un imbécil como él.
- Y tú niñita, jamás me tengas esperando porque no habrá una próxima vez —dice y me tira al suelo con fuerza, cuando me lanza me hace golpear mi seno derecho con todo el borde de mi cama de madera, que por supuesto me hace soltar un grito ahogado de puro dolor y sin poder evitarlo por impulso le respondo
- ¿Por qué? —tomo una bocanada de aire— por qué me odias tanto —me incorporo del golpe con el seno adolorido
- Porque odio a las niñitas como tú —me escupe en la cara y se sale de la habitación—. Mas te vale lavarme bien mis zapatos y Laura sale de la habitación
Arrastrándome consiga cerrar la puerta y poner seguro, por poco me daña la puerta y menos podría cuidarme de mi misma. Me limpio el escupitajo y decido sin duda alguna en revisar mi cuerpo por cada uno de los golpes que me dio con la correa, una punzada siento en mi seno y siento que es la parte más afectada.
Entro al baño y me retiro la ropa para tomar un baño caliente, ahogo un grito cuando veo mi seno está horrible en peor condición que el ojo de Laura, en peor condición que un plato a punto de echarse a perder por causa del hematoma, la inflamación y un leve rasguño en éste hace que todo se vea de 5 colores y hasta más, retirar el sostén dolió, no me imagino volver a ponerlo en su lugar, aún no sé cómo no vi las intenciones que tenía de empujarme a mí, yo hubiera evitado recibir un golpe tan fuerte en mi seno.