La vida de un próximo suicida.

4. Juego extremo.

La mañana fue bastante difícil hasta el punto que se podría decir que un caos pero fue controlado y para cuando empezó la tarde todo estaba tranquilo, la lluvia se detuvo después de tanto pero no se alejaban aquellas nubes grises que daban anuncio que continuaría lloviendo en el momento menos pensado, volví a salir a el pequeño callejón para ver como seguía nuestro pequeño visitante pero este ya no estaba en el lugar, aun así deje todo como lo había puesto antes por si se las pensaba en volver después.

-No puedo creer todo el trabajo del día de hoy, ¡Detesto la lluvia! -.

Era algo muy normal de ver a Joseph quejarse de trabajar demasiado.

- ¡Yo amo la lluvia!, es tan relajante y prefiero trabajar así a estar sin mucho que hacer ¿no te parece Tania? - aún seguía sumergida mirando su celular -. ¿Tania?

-Si, si, tienes razón – pero aún no quitaba la vista de su teléfono.

-Es una pérdida de tiempo hablarle a ella cuando esta así, solo confórmate con respuestas vacías -y tenía razón, pero incluso en ese momento hizo que Tania le diera una mirada seria y siguiera en lo suyo mientras Carmen solo alzo sus manos en señal de que ya no diría nada más.

Yo no opinaba sobre nada, tenía en mi mente la imagen de la chica que vi en la mañana y su extraña desaparición, solo los escuchaba hablar y hablar mientras yo acomodaba todo en la cafetería hasta que la campañilla que avisa que llego alguien sonó, como de costumbre era el buen Matías, siempre que viene me pregunto qué nueva forma de morir está investigando o que lo a hecho querer dar ese paso que hasta ahora aun no da.

-Hola Adriel-.

-Hola Matías, ¿Café con leche? – sonrió y asintió.

Me acerque para indicarle a Tania el pedido, pero no atención no estaba en este mundo así que carraspeo un poco para que notara mi presencia y así fue me miro con una mirada triste y vacía parecía que quería gritar, pero no lo hacía por mantener la compostura.

-podrías darme un café con leche para Matías-.

-Si, lo siento Adriel, hoy no ha sido mi mejor día-.

Honestamente no soy de preguntar sobre la vida de los demás y cosas así, pero con ella había algo diferente, me refiero a que a estado para mí y es como una especie de gratitud.

-Descuida ¿sucede algo? -.

-Lo mismo de siempre, problemas con John-.

Odio tener la razón a veces, pero lo sabía desde un principio, no sabía que decir así que solo mire la cafetera.

-Ya te entrego el café Adriel-.

-Ok-.

Todo siguió con normalidad durante un buen rato, solo teníamos a Matías y dos clientes más así que Carme, Joseph y Sofia habían terminado todo lo restante en la cafetería y estaban en sus teléfonos mientras Tania y yo nos encargábamos de los pocos clientes en ese momento, estaba llevándole otra bebida a uno de los clientes mientras note que Tania se acercó a Matías y se puso a hablar con él y a los segundos me llamo.

-Mira esto Adriel, escuche sobre este juego en el que la gente se suicidad o asesina a otras personas, pero no sabía que era real, ¡Están locos! – decía esto mientras apuntaba a la pantalla del computador del chico mientras este se sonrojaba al tener a Tania tan cerca o quizás por lo dicho anteriormente sobre lo loco que estaba la gente que se suida o asesina.

Mas de 20 personas se habían quitado la vida en esta especie de juego y más de 25 asesinatos por el mismo juego, era un tipo de verdad o reto pero nivel extremo además por lo que leí el juego te indusia a depresión como parte de los desafíos y tenía un grado de acceso bastante alto en tu privacidad ya que conseguía información al tu dar tus datos personales para ingresar en este, quizás demasiado cruel para algunos y muy divertido para otros, el punto es que era tendencia en ese momento y se hacía cada vez más popular entre la gente y más en jóvenes, lo cual no es nada novedoso eso.

- ¿Qué opinas tú de eso Matías? – ver su rostro si me causo un poco de risa cuando Tania le pregunto esto y se quedó mirándolo fijamente.

-Creo que está muy mal todo eso – estoy seguro que mintió, pero no tenía opción ante la mirada de ella.

- ¡Claro que sí!, sobre todo por un juego tonto, siempre estaré en contra de todo eso -.

Lo bueno es que al menos por esos momentos Tania puso su atención en algo más que no fuera su celular, no quería seguir hay así que solo me retire a seguir acomodando cosas.

Minutos después vi como Matías se despedía y salía del lugar dejando el lugar vacío siendo nosotros 5 los trabajadores del lugar los únicos en este.

El reloj se movía a un ritmo armonioso tic, tac, tic, tac, de esa misma forma nos pasa la vida, cada segundo es más veloz que el otro o eso veo yo, mi hora se ve cerca cada vez más y más aun así no siento nada.

 

Todo está en su lugar, en 30 minutos se cierra la cafetería así que ya no hay mucho por hacer, no hay más clientes y yo estoy ordenando las ultimas mesas cerca de la puerta de entrada al lugar cuando escucho el sonido de la campana de esa puerta que avisa que alguien está entrando y hay esta la misma joven que vi esta mañana en el callejón, pero muy distinta a como la vi en ese momento, porque me sonríe y hay un brillo increíble en sus ojos.

-Hola, ¿aun puedo tomar un café? -.

Debía hablar y responderle algo rápido.

-Si, aún queda media hora para cerrar el lugar – de nuevo me sonríe con ese brillo en sus ojos-.

- ¡Perfecto ¡-.

Solo entro por un café, se sentó en una de las mesas y abrió su laptop, lleve el café a su mesa, me miro nuevamente y un “gracias” salió de sus labios mientras yo solo asentía.

¡Era ella!, estoy completamente segura que era ella, otra ropa y otro semblante, pero era ella.

Se veía tranquila en ese momento mientras revisaba su laptop, yo por algún motivo no dejaba de verla, quizá estaba esperando que me reconociera de esta mañana o tal vez solo porque no entendía ese cambio ni su desaparición repentina en la mañana.




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