La vida de un próximo suicida.

8. La espada gigante

-Él lo sabe muy bien Adriel, sabe quién es Tania y que es la única persona por la que sientes un vínculo, ira por ella y se encargara de que la veas sufrir-.

La verdad es que no tenia idea de que estaba pasando, es demasiada información en tan poco tiempo, en el fondo no quiero que le suceda nada a Tania y menos de esa forma cuando sé que sería mi culpa, aun sin saber por qué.

- ¿Cuándo pasara eso? -.

-Estoy seguro que el vendrá a ti cuando menos lo esperes, eso es parte de su esencia, el juego, el placer de ver sufrir a los demás y sus voces de agonía y dolor.

- Entonces dime ¿Qué debería hacer? -.

-Lo primero es proteger a tu amiga de alguna estupidez, ella no esta bien últimamente y se que lo sabes-. Él tenía razón. – después debes ser fuerte y desafiarlo a los diez suicidios-.

¿Qué?, ¿a que se refiere cuando dice los diez suicidios?, no sé porque siento que empeora todo cada vez que pregunto.

- ¿Y como lo desafío a eso? -.

-Debes buscarlo tu a él y esto solo lo puedes hacer por medio de tus sueños, el vendrá a ti y estoy seguro que aceptará, pero te diré algo si pierdes en alguno de los suicidios todo acabará para ti y tu amiga-.

No siento que tenga mas opciones, realmente no quiero nada de esto, pero no quiero que ella muera, tengo un raro escalofrió en el cuerpo, es como si sintiera que alguien está justo detrás de mí, pero solo puedo pensar en que son los diez suicidios y como ganare un juego que es de un demonio y que jamás escuche en mi vida, pero también me invade una pregunta.

- ¿Por qué me dices todo esto?, ¿Qué ganaras tu? -.

-Digamos que me beneficiaria mucho que el fuera eliminado, solo diré que él y yo hacemos las cosas muy diferentes-.

- ¿Y no se dará cuenta que te has reunido conmigo’? - .

-Por eso te traje a mi mundo lejos de que el pueda saber donde estas y con quien, es imposible que el pueda entrar a este lugar-.

De nuevo sentí ese escalofrió, pero estoy seguro que el también lo sintió ahora, porque miro hacia el cielo y aunque no vi su rostro muy bien, pude notar como dio un paso hacia atrás con dudas y sin pensarlo levanté mi rostro y de ese cielo rojo emergía una especie de oscuridad absorbiendo todo, sabía que esto no era parte de su plan y que algo no estaba bien acá.

-Adriel debes irte…-.

Y antes de que pudiera terminar su oración una espada gigante lo atravesó en dos y se evaporo por completo.

Retrocedí para quedar de frente a esa extraña oscuridad, miré donde la espada gigante se había clavado y pude notar que era un zanbato, que un tipo de espada tradicional de Japón, era hermosa, su hoja era larga y completamente negra y su mango era de un tono plateado, se podía sentir cuan pesada era para sujetarla incluso con ambas manos, solo pensé ¿Quién demonios pudo lanzarla de esa forma? .

Seguía aumentando el tamaño de aquella oscuridad, yo estaba congelado ante el hecho de ver algo tan inexplicable como lo que estaba viendo y mas por ese escalofrió que aumento en segundos, no tenía a donde huir y mi única opción era saltar, pero no pensaba hacer eso.

Nada tenía sentido y dude mas de todo en el mundo cuando de esa oscuridad empezó a emerger algo, primero parecía como si se estuviera incrementando todo pero luego todo se calmo y vi como un par de manos seguidas de una cabeza y un pie después de otro salían para finalmente salir alguien por completo de esa oscuridad, el escalofrío aumento más y más mientras veía como quien fuera que haya salido de ahí se mantenía en el aire como esos animes que tanto disfrutaba leer, acomodaba algo en su ropa y cuando parecía que termino, me vio directo a los ojos con una sonrisa enorme y dijo una palabra “ven”, solo sentí como una fuerte corriente de viento paso por mi lado derecho y sin nada mas la espada que estaba a mi lado en instantes estaba en su mano.

Solo le bastaba una mano para sujetarlo sin ningún tipo de esfuerzos, la observo de una manera que parecía un poco celosa, como alguien que aprecia mucho un objeto y cuando noto que estaba todo en orden, lo dejo caer hacia atrás apoyándolo sobre su hombro mientras lo sujetaba con su mano, volvió a bajar la vista y me miro y de nuevo con esa sonrisa solo dijo.

- ¡Hola Adriel! -.

 

  

 

 




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