La vida de un próximo suicida.

10. Promesa de un demonio

Podía sentir como mi cuerpo se estremecía por completo, como un frio recorría mi ser y unas gotas de sudor se desplazaban por mi rostro, era esa mirada y aquel ambiente del lugar en lo que se convirtió por esos segundos que eran casi eternos, pensé que me mataría al fin, aun con ese mismo rostro se acercó más y más a mí, mientras yo era incapaz de realizar algún movimiento a voluntad propia, estaba a centímetros de mí, sus ojos se habían tornado de un color rojo por completo, me miro directo a los ojos mientras yo estaba hipnotizado por ver los suyos y solo percibí como un brillo inundo mi mente.

 - ¿Conque eso se tramaban tu y ese infeliz? -.

Aún seguía a centímetros de mí, mientras yo sentía que mi cabeza quería explotar por ese dolor que de la nada emergió, pero aun sin la posibilidad de poder moverme, cuando de la nada esa mirada espectral desapareció y la sonrisa que mantuvo desde un comienzo volvió a él.

 -Veo que aprecias mucho a tu amiga Adriel, tanto como para poner en juego algo peor que la muerte-.

No entendía esto último y aunque sabía que sería mala idea no me contuve y pregunte.

 - ¿Qué puede ser peor que la muerte? -.

Una sonrisa siniestra llego a él.

 -Jamás podrías imaginarlo, pero solo te diré algo, si pierdes en este juego te prometo que me encargare que tu amiga maldiga el no morir y sepa que tu eres el culpable de su cruel y horrendo sufrimiento-.

Contuvo la expresión de una gran carcajada.

Yo no podría cuestionar eso, sin quererlo termino involucrada la única persona que realmente me importa y si no puedo con ese juego ella deberá pagar por mi ese error.

Finalmente saco las manos de sus bolsillos, pero en su mano derecha tenia un pequeño reloj de bolsillo, me lo lanzo.

 -Este reloj sonara un minuto antes de que todo comience, en Tres días empezara todo, así que por favor querido Adriel, debes estar muy pendiente-.

Tres días era demasiado pronto, pero no tenía opción debía esperar ese momento, pero tenía ese temor de que a Tania le pudiera ocurrir algo en ese tiempo.

 - ¿Cómo sé que no le harás nada a Tania mientras espero? -.

 - ¿Acaso no confías en mí? -.

De nuevo esa sonrisa burlona en su rostro, pero incluso con eso no dejaría de dudar de él.

 -La verdad es que confió mas en el sujeto que me trajo hasta acá-.

 -Te entiendo-. Saco de su bolsillo algo más, era una pequeña moneda. – mírala muy bien Adriel, te prometo que nadie ni nada lastimara a tu amiga sea de tu mundo, el cielo o el mundo que sea, mientras los juegos no acaben, si no cumplo mi palabra te diré mi nombre real y podrás usarlo como te plazca -. La moneda resplandeció y luego desapareció.

No supe que paso, pero me sentí seguro por algún extraño motivo. -Puedes estar tranquilo, jamás rompo mi palabra-. Su mirada se torno serena, miro hacia el lugar de donde el salió y como esa oscuridad se mantenía. – ahora debo irme, nos veremos de nuevo en tres días Adriel-.

Estiro su mano y su espada gigante llego velozmente a él, ya se disponía a irse cuando a mi mente vino algo.

 - ¡Espera! -.

Detuvo su marcha y miro por atrás de su hombro para mirarme de nuevo.

 - ¿Cómo vuelvo a mi casa? -.

Empezó a elevarse lentamente en el aire, sonriendo.

 -Jamás te pondría las cosas tan fácil Adriel, así que mira en que distraes tu tiempo en este lugar mientras da dos campanadas ese lindo reloj que te obsequie-.

 -Mire el reloj que tenia en mi mano y como el tiempo avanzaba y al parecer era de manera normal como un reloj de mi mundo, ¿Cómo sabría cuando dará esas campanadas?

 - ¿Como lo sabre? -.

Y desde la distancia escuche su vos que decía en una gran risa “veinticuatro horas”.

 

No se supone que fuera de este modo, solo han pasado un par de horas desde que el se fue de este lugar, estoy atrapado en este mundo, el frio empieza a incrementar y no tengo ninguna pista de que se trata ese juego.

Si recopilo todo, solo pienso en demonios, jerarquías, mundos, espada gigante, traición entre demonios.

Quizás en algún momento Canupto aparezca, aunque si es verdad que T lo hirió lo dudo mucho.

Las horas seguían transcurriendo mientras la temperatura disminuía más y más, llego el punto en que sentía que el frio me mataría, en medio de todo esto pensaba en que quizás lo peor de todo esto no es perder ese juego sino que alguien que aprecio pagaría todo, ella es una gran chica, escogió ver lo bueno de las personas y creer que siempre las cosas saldrán bien, no merece nada de lo que le podría suceder, no soy creyente de nada pero por una vez en mi vida en medio de ese frio que petrificaba mis huesos desee con todas mis fuerzas que existiera una forma de poder ayudarla.

Sentía como me desvanecía lentamente y como ese frio hacia que sintiera mas y mas sueño, un dolor inmenso recorrió mi pecho al punto de hacer querer arrancar la piel de este mismo, una tos me invadió y note como mis manos estaban llenas de la sangre que salía de mi boca.

Moriré, moriré, moriré, Tania, Tania, solo podía pensar en eso mientras sentía ese frio y maldito frio en mi cuerpo, no podía siquiera mover un solo dedo y solo escuchaba como las corrientes de aire eran más y más fuertes, no supe si aluciné mientras todo esto pasaba, pero en medio de eso abrí un segundo uno de mis ojos y pude ver una leve sombra a unos centímetros de mí y después no supe que paso.

 

 -Es increíble que me tengas cargando a un maldito humano-.

 -No es un humano cualquiera-.

 -Eso no me importa, estas en graves problemas Canupto-.

 -Lo sé-.

 -Y estarás en deuda conmigo-.

 -Eso también lo sé-.

 

 

 




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