La vida de un próximo suicida.

13. Fuertes vientos

Era mi habitación, completamente igual a como estaba antes de que empezara todo, sé que no fue un sueño, aunque desperté en mi cama, tenía en mi mano el reloj que T me dio y perfectamente recuerdo cada momento de todo lo que paso, en el reloj indica que son las seis de la mañana, no quiero pensar en eso pero ese momento se acerca cada vez más y más, debo ir a ver a Tania y saber si esta todo bien, además debo distraer mi mente y esperar a reunirme de nuevo con Canupto, prometí que soportaría al menos seis de esos juegos, espero poder lograrlo por el bien de ella.

Dia oscuro, como últimamente, aunque esta vez el cielo tiene un tono más aterrador de lo normal para ser las siete de la mañana.

Llego al lugar al que siempre voy por mi café matutino, no logro ver a la chica que siempre me atiende, pero si veo un silencio de las otras dos personas que trabajan en este lugar y siempre son tan alegres, no quiero que en el camino la lluvia se cruce, así que bebi rápidamente el café, deje el dinero y me marche.

 - ¡Estaba preocupada por ti! –.

Esas fueron las primeras palabras que escuche de Tania al verme, aun así, ella lucia muy bien, se veía mas animada que la última vez, eso me calmo un poco.

 -Estoy bien-.

 -Te estuve marcando muchas veces, así que empezaba a preocuparme-.

Ni siquiera me percate de esas llamadas, mi mente solo piensa en todo lo que vendrá, en esos segundos no sabía que mentira decirle.

 -Déjalo tranquilo, de seguro estaba haciendo algo bueno ¿cierto? -.

Agradecí demasiado que Sofia apareciera en ese instante, solo me limite a asentir.

Salude a Joseph, Carmen como casi siempre jamás estaba a la hora de llegada.

En el transcurso de la mañana todo estuvo muy calmado, el día estaba demasiado oscuro y las corrientes de aire eran muy fuertes, la cafetería estaba en un buen día con los clientes, salude y tuve leves conversaciones con clientes que frecuentan mucho este lugar, nada fuera de lo normal, pero por mas que quisiera que esto fuera así no podía parar de pensar en que me encontraba envuelto en algo que va más allá de lo que la mente humana puede entender, en que mi deseo de acabar con mi vida se encuentra frustrado por mi deseo ahora de salvar la vida de la única persona a quien considero amiga, en internet no aparece nada de desafíos de demonios y los que leí parecen a modo de juego creados por humanos.

En una de las paginas que me salen en internet me aparece de nuevo ese absurdo juego que cobro la vida de tantos, la recordé de nuevo con esa sonrisa. Parece ser que hay tres víctimas más, entro a la página, cuando el fuerte campaneo de la campana de la entrada y la puerta abierta por completa nos pone en alerta a todos en el lugar, las corrientes de aire son tan fuertes que prácticamente los árboles se doblan.

Rápidamente cierro la puerta y pongo el pasador, debemos estar pendientes ahora de los clientes que salgan y entren para facilitarle su ingreso y salida.

Tras el cristal del local veo como todo se sacude por la fuerza del viento, pero no veo ni una sola gota de lluvia, no son ni las doce del día, pero el cielo esta tan oscuro como si fueran las dos de la mañana.

 -El clima es muy misterioso ¿no crees? -.

 -Así parece…-

No pude terminar de decir la oración, frente a mi sentado en una de las sillas con su pierna cruzada y sus manos apoyadas sobre ella estaba él.

Sentía como un escalofrió recorría mi cuerpo al verlo en este lugar, con esa sonrisa en su rostro, solo podía pensar en que el estaba acá y Tania también, ¿y si su promesa era una mentira y venia a asesinarla frente a mis ojos?, cientos de cosas pasaron frente a mis ojos en solo segundos.

 - ¡Adriel!, ¡Adriel! -.

Esa voz me hizo reaccionar, pero sentí un mayor temor al ver que era la voz de Tania, no pude hablar, solo la miré.

- ¿Ya atendiste a nuestro cliente-?

Dijo esto mientras lo señalaba de reojo a él, quería decirle que el no era un cliente, que era un asesino, un demonio que quería matarnos a los dos, pero yo no soy así, antes de que pasara todo esto jamás pensé verme en una posición así y llegar a experimentar a este nivel el miedo.

 -Le decía a mi amigo Adriel, que me encantaría tomar un Cappuccino en estos momentos-.

Ese bastardo, estaba disfrutando todo esto, Tania lo miro y pude ver como se sonrojaba ante la sonrisa de él.

  -Tu debes ser Tania ¿correcto?, Adriel me ha hablado sobre ti -.

Ella solo se limito a asentir y tragar saliva mientras este se levanto de su asiento y con un gesto que era perfecto para un baile de la reina tomo su mano y le dio un suave beso, todas las mujeres y hombres en ese lugar estaban observando perfectamente aquella escena, se podía notar el deseo y los celos de los presentes, llevaba una vestimenta muy similar a la de la primera vez que lo vi, solo que ahora era menos modesto este traje negro.

 -Adriel, no me había dicho nada, te traeré en un minuto tu orden-.

El solo se limitó a sonreírle y ella sin más se fue.

 -Es una chica encantadora sabes, joven y muy bella, a veces los mejores son los primeros en irse de este mundo, ¿no lo crees? -.

 - ¿Por qué estas acá?, ¿no cumplirás tu promesa? -.

Miraba con cuidado todo el lugar.

 -Descuida, mi promesa no cambiara-.

 - ¿Entonces? -.

 -Solo quería observar a quien cuidas tanto más de cerca-.

Sonrió nuevamente mientras Tania traía lo que él le pidió.

  -Me alegra tanto que Adriel tenga nuevos amigos, disfrútalo-.

 -Adriel es increíble y por el vine a este lugar, quería ver a la persona que el tanto quiere-.

Cada palabra que ese infeliz decía hacia que Tania se derritiera más por él, lo único bueno es que se que en estos momentos no está pensando en el infeliz de su novio.

 -Los dejo para que puedan hablar tranquilos-




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