La vida que recuerdo

Capítulo 3 El hospital

Elara sostuvo el pequeño papel durante varios segundos.

La tinta negra parecía demasiado reciente.

Como si hubiera sido escrito apenas minutos antes.

“Si quieres saber la verdad… ve al hospital.”

Aquella frase seguía repitiéndose en su mente.

Sabía que lo más lógico sería ignorar todo aquello.

Cerrar la ventana.

Apagar la luz.

Intentar dormir.

Y convencerse de que todo había sido una serie de coincidencias extrañas.

Pero una parte de su mente ya había cruzado un punto sin retorno.

Las pistas.

Los códigos.

La fotografía.

El número 27.

Todo parecía llevarla al mismo lugar.

El hospital abandonado.

Elara miró el reloj.

Eran casi las once de la noche.

Un horario poco inteligente para visitar un edificio abandonado.

Pero la curiosidad podía más que el miedo.

Tomó su chaqueta.

Guardó la credencial del Proyecto Lumen en el bolsillo.

Y salió de su habitación.

La casa estaba completamente silenciosa.

Caminó lentamente hacia la puerta principal intentando no hacer ruido.

El aire frío de la noche la recibió cuando salió a la calle.

Por un momento miró a ambos lados.

La calle seguía vacía.

Nadie bajo el árbol.

Nadie caminando.

Nada.

Solo la sensación inquietante de que algo había cambiado desde que había descubierto la primera pista.

Elara comenzó a caminar.

El hospital estaba a unos veinte minutos.

Las calles estaban casi desiertas a esa hora.

Las farolas proyectaban sombras largas sobre el pavimento.

Cada paso parecía resonar más fuerte de lo normal.

Mientras avanzaba, algo extraño comenzó a ocurrir.

Un pensamiento apareció en su mente.

No era exactamente un recuerdo.

Era más bien una imagen suelta.

Una habitación blanca.

Una luz intensa.

El sonido de máquinas.

Elara se detuvo de golpe.

Su respiración se volvió rápida.

La imagen desapareció tan rápido como había aparecido.

—Solo es imaginación… —murmuró.

Pero en el fondo sabía que no lo era.

Continuó caminando.

Diez minutos después las calles comenzaron a cambiar.

Las casas eran más antiguas.

Las luces más escasas.

Y finalmente el edificio apareció frente a ella.

El Hospital San Gabriel.

La estructura era grande.

Demasiado grande para estar abandonada.

Las ventanas estaban rotas.

Algunas partes de la fachada estaban cubiertas de vegetación.

El cartel oxidado con el nombre del hospital seguía colgando sobre la entrada principal.

Elara sintió un escalofrío recorrer su espalda.

El lugar parecía completamente vacío.

Pero había algo inquietante en la forma en que el edificio se alzaba frente a ella.

Como si guardara algo.

Algo que había permanecido oculto durante muchos años.

Elara dio un paso hacia la entrada.

Entonces vio algo en la puerta.

Un símbolo.

Tallado en el metal oxidado.

Un círculo.

Dentro del círculo había una línea vertical atravesándolo.

Y debajo del símbolo…

un número.

27

Elara sintió que su corazón se aceleraba violentamente.

Había visto ese símbolo antes.

No sabía dónde.

No sabía cuándo.

Pero su mente reaccionó de inmediato.

Como si una parte muy profunda de su memoria lo reconociera.

Se acercó lentamente.

Pasó los dedos sobre el símbolo grabado.

El metal estaba frío.

Muy frío.

Fue entonces cuando algo ocurrió.

Un sonido leve.

Desde el interior del hospital.

Un golpe.

Como una puerta cerrándose en algún lugar profundo del edificio.

Elara levantó la mirada hacia la oscuridad del pasillo que se extendía detrás de la entrada.

El hospital estaba abandonado.

Eso era lo que decía el mapa.

Eso era lo que decían los registros.

Pero el eco de aquel sonido parecía decir algo muy distinto.

Elara respiró profundamente.

Y dio un paso hacia la oscuridad del hospital.

El interior del hospital estaba sumido en una oscuridad casi total.

El aire era frío y tenía un olor antiguo, como polvo acumulado durante años.

Elara permaneció unos segundos en la entrada intentando que sus ojos se acostumbraran a la poca luz.

La luna iluminaba ligeramente el pasillo a través de las ventanas rotas.

Las paredes estaban cubiertas de pintura descascarada.

Algunos carteles viejos todavía colgaban torcidos en las paredes.

Indicaciones hacia salas que probablemente ya no existían.

Radiología.

Archivo clínico.

Laboratorio.

Elara dio otro paso.

El sonido de sus propios zapatos resonó en el silencio del edificio.

El hospital parecía completamente vacío.

Pero el golpe que había escuchado unos minutos antes seguía resonando en su memoria.

Continuó avanzando por el pasillo principal.

A cada paso sentía algo extraño.

Una sensación difícil de explicar.

Como si aquel lugar despertara algo en su mente.

Algo enterrado muy profundamente.

Mientras caminaba, sus ojos se detuvieron en una puerta metálica parcialmente abierta.

Un pequeño cartel oxidado colgaba encima.

ARCHIVO

Elara sintió una ligera presión en el pecho.

Si aquel hospital había estado relacionado con el Proyecto Lumen, era muy probable que los archivos guardaran algún tipo de registro.

Se acercó lentamente.

Empujó la puerta.

El sonido del metal oxidado rompió el silencio del pasillo.

La habitación era grande.

Filas de estanterías llenaban el espacio.

Cajas.

Carpetas.

Papeles acumulados.

La mayoría cubiertos de polvo.



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En el texto hay: psicologico, mistero, suspens

Editado: 18.03.2026

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