La vida que recuerdo

Capítulo 4 El otro sujeto

La pantalla seguía mostrando el pasillo del hospital.

La figura avanzaba lentamente.

Cada paso resonaba en el corredor vacío.

Elara sintió que su corazón latía con fuerza.

El rostro del joven era claro ahora.

Cabello oscuro.

Ojos atentos.

Su expresión era seria, casi fría.

Pero no parecía perdido.

Parecía saber exactamente hacia dónde iba.

—Es él… —susurró Elara.

El hombre a su lado asintió lentamente.

—El sujeto V-26.

La voz del altavoz volvió a escucharse.

—Recomendamos que permanezcan en la sala.

El tono ahora era diferente.

Más tenso.

—Las unidades de seguridad están en camino.

Elara frunció el ceño.

—¿Seguridad?

—Para detenerlo.

El hombre junto a ella negó con la cabeza.

—Si ese chico recuerda todo… entonces no es el enemigo.

Elara volvió a mirar la pantalla.

El joven caminaba con una calma inquietante.

De repente se detuvo.

Levantó la mirada.

Directamente hacia la cámara.

Como si supiera que lo estaban observando.

El altavoz emitió un leve sonido de interferencia.

—Esto no es posible…

La voz del director parecía confundida.

El joven habló.

Pero no estaba hablando con nadie visible.

Parecía estar hablando… con la cámara.

—Sé que estás ahí, V-27.

Elara sintió que su respiración se detenía.

—¿Cómo…?

El joven continuó caminando.

—He estado buscándote durante años.

La pantalla mostró cómo se acercaba al laboratorio.

El hombre junto a Elara susurró:

—No deberíamos estar aquí cuando llegue.

Pero Elara no se movió.

Algo en su interior le decía que debía quedarse.

Los pasos del joven comenzaron a escucharse en el pasillo real.

No solo en la pantalla.

Elara sintió que el aire de la habitación se volvía pesado.

El sonido se acercaba.

Más cerca.

Más cerca.

Hasta que finalmente…

la puerta del laboratorio se abrió.

El joven se detuvo en la entrada.

La luz tenue del laboratorio iluminó su rostro.

Sus ojos se dirigieron inmediatamente hacia Elara.

No parecía sorprendido.

Parecía… aliviado.

Durante unos segundos nadie habló.

El silencio era absoluto.

Finalmente el joven dio un paso dentro de la sala.

—Así que realmente existes —dijo.

Su voz era tranquila.

Elara frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

El joven la observó con atención.

—Pensé que quizás te habían borrado completamente.

El hombre que estaba junto a Elara dio un paso adelante.

—Tú eres el sujeto 26.

El joven asintió.

—Y ustedes están exactamente donde ellos querían que estuvieran.

Elara sintió una tensión en el pecho.

—¿Quiénes?

El joven levantó la mirada hacia las cámaras del laboratorio.

—Ellos.

Las pantallas de la sala comenzaron a apagarse una por una.

El altavoz emitió un sonido de interferencia.

El joven había desconectado algo en la pared.

El silencio llenó el laboratorio.

—Ahora ya no pueden escucharnos —dijo.

Elara dio un paso hacia él.

—Necesito saber la verdad.

El joven la observó durante unos segundos.

Luego habló.

—El Proyecto Lumen no era un experimento para crear memoria perfecta.

Elara sintió que su corazón se aceleraba.

—Entonces… ¿qué era?

El joven respondió con una frase que hizo que el silencio se volviera más pesado.

—Era un experimento para esconder algo.

Elara frunció el ceño.

—¿Esconder qué?

El joven la miró directamente a los ojos.

—Información.

El hombre junto a Elara preguntó:

—¿Información sobre qué?

El joven tardó unos segundos en responder.

Luego dijo algo que hizo que el aire de la habitación pareciera congelarse.

—Algo que solo existe dentro de tu mente.

Elara sintió un escalofrío.

—¿Dentro de mí?

El joven asintió.

—No solo te dieron memoria perfecta.

Se acercó un poco más.

—También escondieron algo dentro de tu mente.

Elara sintió que su mente se llenaba de preguntas.

—¿Qué?

El joven respondió en voz baja.

—La clave para destruir el Proyecto Lumen.

El silencio que siguió fue profundo.

Pero entonces el joven añadió algo más.

Algo mucho más inquietante.

—Y ellos están dispuestos a hacer cualquier cosa para recuperarla.

El silencio en el laboratorio era casi absoluto.

Las pantallas estaban apagadas.

Las cámaras ya no transmitían.

El joven —el sujeto V-26— observaba a Elara con una mezcla de atención y urgencia.

—Escucha con cuidado —dijo en voz baja—. No tenemos mucho tiempo.

Elara frunció el ceño.

—¿Por qué?

El joven señaló el pasillo.

—Porque ellos ya vienen.

Como si aquellas palabras hubieran activado algo, un sonido lejano apareció en el hospital.

Motores.

Puertas cerrándose.

Voces.

El hombre que había trabajado en el proyecto miró hacia la entrada del laboratorio.

—Seguridad.

Elara sintió una presión en el pecho.

—Entonces tenemos que salir de aquí.

Pero el sujeto 26 negó lentamente.

—Antes necesitas saber algo.

Elara lo miró fijamente.

—¿Qué?

El joven dio un paso hacia ella.

—El Proyecto Lumen no solo intentaba controlar la memoria.

Hizo una pausa.

—Intentaban ocultar algo que descubrieron.

Elara sintió un escalofrío.

—¿Qué cosa?

El joven la observó directamente a los ojos.

—Un conjunto de datos.

—Información que nunca debió existir.

El hombre junto a ellos frunció el ceño.

—¿Datos de qué tipo?

El sujeto 26 respondió con calma.

—De personas.

Elara sintió que su mente intentaba entender.

—¿Personas?

—Millones de registros.



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En el texto hay: psicologico, mistero, suspens

Editado: 18.03.2026

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