La vida que recuerdo

Capítulo 12 El juego del laboratorio

El segundo laboratorio se expandía ante ellos como un laberinto de luces y sombras.

Cada pasillo estaba lleno de símbolos, códigos y mensajes ocultos.

Elara sostuvo la caja con la información, mientras sus dedos repasaban los patrones en morse y los antiguos jeroglíficos.

—Esto se vuelve más complicado —susurró—. Debemos descifrar todo al mismo tiempo: morse, colores, números… incluso emociones.

V-26 observaba atentamente.

—Cada error activa una trampa. Recuerda lo que pasó antes.

Elara respiró hondo.

Un panel frente a ellos comenzó a parpadear.

Los colores rojo, azul y amarillo se alternaban con símbolos chinos antiguos y letras cirílicas.

—Esto no es solo lógica —dijo Elara —. Es psicológico. Intenta que dude, que se confunda.

Una leve risa resonó en los altavoces del laboratorio.

—¿Quién está ahí? —preguntó Elara.

—Solo tu mente —dijo la voz—. O lo que crees que es tu mente.

Elara tragó saliva.

Sus visiones aparecieron de inmediato: paredes que se movían, símbolos que cambiaban de lugar, puertas que no existían.

—Es como si todo lo que veo sea falso… —murmuró—. Pero debo confiar en lo que realmente recuerdo.

V-26 respiró hondo.

—Entonces usa tus visiones para guiarte. No dejes que te manipulen.

Elara cerró los ojos por un segundo y recordó el patrón que había visto antes.

—Ahora lo tengo —dijo—. Rojo… amarillo… azul… morse: – … / .- .-. ….

Presionó la secuencia lentamente.

Un pitido prolongado confirmó que era correcto.

La siguiente puerta se abrió.

Pero al avanzar, un sonido metálico los detuvo en seco.

Del techo, un cable cayó cerca de sus pies.

Una sombra apareció entre los tubos de ventilación.

Elara se tensó.

—No estamos solos —susurró.

El enemigo físico apareció: un hombre alto, rostro parcialmente cubierto, traje negro ajustado al cuerpo.

Llevaba un pequeño dispositivo que parecía sincronizarse con los códigos del laboratorio.

—V-27 —dijo la voz del hombre—. Tus visiones no siempre son fiables. Puedo cambiarlas.

Elara retrocedió un paso.

—¿Qué quieres?

—Solo probarte —respondió—. Ver qué tan lejos puedes llegar antes de romperte.

V-26 colocó una mano frente a ella.

—Mantente firme. No sabemos qué puede hacer realmente.

El hombre levantó un brazo, activando un panel adicional en la pared.

Los símbolos y colores comenzaron a girar, mezclando morse con jeroglíficos y matemáticas complejas.

—Esto es imposible —murmuró Elara —.

V-26 se acercó.

—No es imposible. Es un desafío para tu mente, tu memoria y tu miedo.

Elara respiró profundamente.

Sus visiones aparecieron de nuevo.

Mostraban la secuencia correcta: rojo, azul, verde, amarillo, morse: .– .. / –. .-. ….

Con manos temblorosas, presionó cada símbolo en el orden correcto.

El panel emitió un pitido largo.

La puerta siguiente se desbloqueó lentamente.

Pero el enemigo no desapareció.

—Buen trabajo —dijo—. Pero esto solo acaba de empezar.

Elara miró al hombre.

—Si quieres jugar… yo también puedo jugar.

Sus visiones se intensificaron.

Ahora no solo veía códigos, sino posibles movimientos del enemigo.

Su corazón latía con fuerza, pero su mente estaba lista.

—El laboratorio… me está enseñando algo —murmuró—. Que debo confiar en mí misma, no en lo que quiero creer.

V-26 asintió.

—Exacto. Y esa será nuestra arma más poderosa contra ellos.

El segundo laboratorio parecía moverse con ellos.

Los pasillos se alargaban y encogían, como si estuvieran vivos.

Las luces parpadeaban en patrones extraños.

Elara respiró hondo y se acercó a otro panel lleno de símbolos y colores.

—Esto ya no es solo morse o colores —murmuró—. Ahora son secuencias que cambian dependiendo de mis emociones.

V-26 observaba a su lado.

—Mantén la calma —dijo—. Si dudas, ellos lo notarán.

Elara cerró los ojos por un segundo.

Sus visiones aparecieron rápidamente: combinaciones de símbolos que se alternaban con sombras que imitaban sus movimientos.

—Debo confiar en lo que veo —susurró—. No en lo que siento.

El panel emitió un zumbido bajo.

Las secuencias se movieron de nuevo.

—Rojo… azul… verde… amarillo… morse: … – .- / .-. … —dijo lentamente—. Esta es la combinación correcta.

Presionó los símbolos uno por uno.

Un pitido prolongado llenó el aire.

La puerta se desbloqueó lentamente.

Pero justo cuando avanzaban, un ruido metálico los detuvo en seco.

Del techo descendió un brazo mecánico con un dispositivo brillante.

El enemigo apareció frente a ellos.

—¿Listos para el siguiente nivel? —preguntó con voz fría—. Porque aquí es donde muchos fallan.

Elara sintió el miedo, pero lo convirtió en concentración.

—No vamos a fallar —dijo firme.

El hombre activó otra serie de códigos.

Esta vez, cada error en el tablero lanzaba pequeñas descargas eléctricas en el suelo y activaba luces cegadoras.

V-26 se colocó frente a ella.

—Muévete con cuidado —dijo—. Esto ya no es solo mental.

Elara respiró hondo.

Sus visiones aparecieron: veía los movimientos del enemigo y la secuencia correcta al mismo tiempo.

—Rojo… verde… azul… amarillo… morse: – … / .– .- … —susurró.

Presionó cada símbolo, esquivando los brazos mecánicos del enemigo.

El panel emitió un pitido largo.

La puerta se abrió.

Pero el enemigo no desapareció.

—Buen trabajo —dijo—. Pero tu mente aún no conoce todo lo que hemos preparado.

Elara miró al hombre, sus manos temblando ligeramente, pero su mente clara.

—Entonces muéstrame lo que sigue —dijo—. Estoy lista.

V-26 respiró hondo.

—Esto solo acaba de empezar. El segundo laboratorio es una prueba de todo: códigos, memoria y miedo.



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En el texto hay: psicologico, mistero, suspens

Editado: 18.03.2026

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