La Viuda Roja.

Capitulo 7.

 

El edificio había sido diligentemente decorado con los colores rojo y negro siendo esta la temática del baile por aniversario de la empresa, cualquier persona que deseaba asistir al evento debía tener una invitación, pero además cumplir con la regla de etiqueta; vestir únicamente con los colores negro o rojo. Pero que cosa más conveniente para nosotros. Los grandes ventanales dejaban ver a un tumulto de gente en su interior, era un mar de vestidos y esmoquin rojos y negros, muchos estaban reunidos en grupos charlando los hombres y las mujeres dedicadas de lleno en criticar el atuendo de cada una de las que entraba por la puerta. 

-¿Estás lista mi pequeña roja? 

-Por supuesto, aunque será mejor entrar detrás de esa pareja para no acaparar toda la atención, no deseo que me reconozcan, aún. 

-Tienes razón. 

En cuanto la pareja se despidió de su chofer y se encamino hacia la puerta nosotros nos movimos para entrar justo detrás de ellos, como había predicho ellos se llevaron toda la atención de los espectadores y nadie nos presto atención a nosotros. Fuimos directamente al rincón más alejado del salón para ocultarnos en las sombras, inmediatamente una camarera se nos acerco con una bandeja repleta de copas con champagne. Nosotros tomamos dos y serían las únicas esa noche ya que debíamos mantenernos alerta, tomamos un pequeño sorbo luego de brindar, entonces él me sonrió y acerco sus labios a mi oído. 

-Recuérdame conseguir una de esta, pero para beberla de tus labios. 

Se alejó riéndose de manera malévola sabiendo los estragos que ese comentario causaban en mi interior. Los minutos avanzaron y a las ocho y media apareció por la puerta  Francisco, él simplemente ignoro a todos a su alrededor dirigiéndose al acensar. 

-Ya es hora. 

-Si, sigamos a ese bastardo. 

Patrick saco su móvil y escribió un texto rápido antes de devolverlo a su bolsillo para tomarme la mano y guiarme al ascensor que estaba libre. El otro marcaba el ultimo piso el cual era ahora también nuestro destino. 

-Diana. 

-¿Si? 

-Si la situación se pone fea, quiero que salgas de inmediato. ¿Me oíste? 

-Si, pero tu igual. 

-No prometo nada. 

-No es justo. 

-Estaré más tranquilo si se que estas a salvo. 

-Muy bien. 

El ascensor se detuvo y sus puertas se abrieron con un sonoro ruido que reboto por el pasillo desierto. Patrick acomodo la cámara oculta de su corbata y fue al frente para asegurar que el camino estaba libre. De repente se escucharon gritos saliendo desde una oficina al final del pasillo, por lo que sabíamos que estaban ahí, pero al asomarnos divise a dos tipos justo en la puerta, eran los mismos de aquella noche. 

-Yo me encargo de ellos, llamare su atención para que vengan, tu escóndete hasta que regrese. 

Sin esperar respuesta Patrick desapareció mientras yo entre en un pequeño cuarto que había detrás de nosotros; los minutos pasaron y comenzaba a ponerme nerviosa cuando escuche un ligero golpe en la puerta. 

-Caperucita, soy el lobo. 

No pude evitar reírme antes de abrir y encontrarme con su engreída sonrisa, a sus espaldas estaban los dos tipos inconscientes, amordazados y atados. 

-Te dije que tengo experiencia en este tipo de cosas, mi especialidad era el rescate de rehenes. 

Cuando logramos acercarnos a la puerta logré distinguir la voz de Cassandra. 

-¿Cómo que no tienes idea de como luce esa mujer? ¿Y porqué es que me entero un día antes del evento que te contrataron para matar a mi esposo? 

-Para ser sinceros, su esposo tampoco fue muy honesto con usted y sin embargo no la veo gritándole a él. 

-¡No es asunto tuyo eso! Lo que necesito ahora mismo es que encuentres a esa mujer sea como sea. 
 

-Lo único que se de esa mujer es que le gusta demasiado el color rojo y esta noche hay un mar de mujeres vestidas de rojo, pero ninguna posee un velo. Ella utilizaba uno eso es lo único que podría haber delatado su presencia. Quizá llegue más tarde. 

-O quizá ella sea más lista que tú y ya este aquí, aunque no se porque me sorprende si no hace falta demasiado para ser más inteligente. 

-¿Esta seguro de que esa mujer dijo Richard Volter? 

La voz de un segundo hombre intervino y aunque estaba amortiguada por la puerta podría haberla reconocido en cualquier sitio. Era mi momento de entrar. Patrick me tomo del brazo y me susurro que tuviera cuidado, yo le asentí mientras él se preparaba para entrar justo detrás de mi sin ser visto. Con un poco de ayuda habíamos obtenido imágenes del interior y ahora sabíamos que la única luz en la oficina era de dos pequeñas lámparas en cada esquina del gran ventanal por lo que solo el escritorio y un poco más estaban a la luz. 

-Estoy seguro Sr. Morter. 

-Es interesante, no creí que esa pobre lunática tuviera el valor de retarme de ese modo y mucho menos de intentar matarme. 

Me adentre en la habitación sin hacer ruido y Patrick se deslizo detrás de una columna, una vez que él estuvo seguro yo cerré la puerta con un gran golpe haciendo que todos se voltearan a verme. Comencé a reírme al ver sus rostros y por fin confirmar con mis propios ojos que todos estos años yo no había estado loca y que sí había descubierto a los verdaderos maestros detrás de mi encierro. 

-Eso se debe mi querido a que no fue tu ex esposa quién contrato a esta rata para asesinarte. Bueno, al menos no la que tu crees. 

El eco de mis pasos reboto por las paredes de la oficina a medida que me asomaba hacia la luz, la emoción que sentí al descubrirlos no se podía comparar con el regocijo que me daba ver sus rostros desconcertados al descubrir mi rostro. 

-Tú… 

-Hola hermanita, tanto tiempo. 

-¿Cómo…? Pero… estabas encerrada. 

-Ah, eso, si es una larga historia aunque no tan interesante como la vuestra. Pero sin duda la mejor de todas es la de tu esposo Richard Volter o debería mejor decir… ¿Henry Morter? 

-Diana. 

-¿Cómo estás amor? Ah pasado mucho tiempo; ¿No crees? 
 




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