La Voz De La La Carta Final

cap27

El rugido de la bestia🐉

Ariadna

El silencio después de la última función era irreal. No había risas, ni pasos, ni voces del público. El circo entero parecía contener la respiración, como si supiera lo que estaba a punto de ocurrir.

La marca en mi brazo ardía más que nunca, latiendo al compás del corazón de Kael. Cada vez que intentaba ignorarla, un dolor punzante me recordaba que nuestras vidas ya no nos pertenecían.

Entré en la carpa principal y lo encontré allí: Lucien. Su figura erguida en el centro, iluminada por las llamas de antorchas que nadie había encendido. Me observaba con esa calma cruel que siempre me hacía sentir como si mi destino ya estuviera escrito.

—Ya lo entiendes, ¿verdad, pequeña vidente? —su voz era un susurro que llenaba cada rincón de la carpa—. El mazo no une por capricho… une por necesidad.

Kael se adelantó, su cuerpo tenso, garras a medio mostrar.
—Si piensas que ella va a servirte como un peón más, estás muerto, Lucien.

El vampiro sonrió, y ese gesto bastó para helarme la sangre.
—Oh, lobo… ¿aún no lo comprendes? Ella ya es mía. La baraja solo lo confirmó.

Mi respiración se quebró. No era miedo solamente. Era algo peor: la certeza de que había verdad en sus palabras. La baraja no me había elegido a mí. Me había marcado como llave, como sacrificio.

De pronto, varias cartas se desprendieron solas de la caja en mi cintura y flotaron en el aire. El Colmillo. El Lobo. La Torre. Todas brillaban con un fuego oscuro. Y cuando cayeron, lo hicieron formando un círculo a mi alrededor.

Lucien extendió una mano hacia mí.
—El precio está decidido. O tu sangre… o la de él.

Kael gruñó, avanzando un paso, pero la marca ardió con tanta fuerza que caí de rodillas. Pude sentirlo: si él moría, yo también. Si yo caía, él se hundiría conmigo.

El circo entero vibró, como si las mismas jaulas y carpas fueran testigos de la sentencia.

Y entonces lo supe.
El final no sería un espectáculo.
Sería un sacrificio.

El suelo bajo mis rodillas estaba helado, pero mi piel ardía como si me quemaran desde dentro. Las cartas seguían flotando alrededor, girando lentamente, marcando el ritmo de una danza que no podía detener.

Kael intentó alcanzarme, pero una fuerza invisible lo lanzó hacia atrás. Su cuerpo golpeó contra un poste y escuché el crujido de la madera al quebrarse. Quise gritar su nombre, pero la voz se ahogó en mi garganta.

Lucien no apartaba la mirada de mí. Sus ojos carmesí brillaban con hambre, pero también con algo más: determinación.
—No tienes elección, Ariadna. La baraja ya ha decidido. Solo puede quedar uno.

Me llevé la mano al pecho. La marca latía con furia, y en mi mente apareció una visión fugaz: yo, cubierta de sangre, sosteniendo las cartas manchadas; Kael, tendido en el suelo, sus ojos apagándose.

—No… —murmuré, negando con la cabeza—. No puedo.

Lucien inclinó la cabeza, como un padre paciente frente a la rebeldía de un niño.
—Oh, pero sí puedes. Y lo harás. Porque si no lo haces tú, la baraja lo hará por ti.

Las cartas respondieron a sus palabras. Una de ellas se iluminó con un resplandor más fuerte que el resto. El Colmillo. Saltó de golpe hacia mis manos, obligándome a sujetarla. Sentí un dolor agudo atravesar mi palma, como si el dibujo mismo me hubiera mordido.

El sabor metálico de la sangre llenó mi boca aunque no había mordedura alguna en mis labios. La baraja se alimentaba de mí.

Kael rugió desde el otro extremo de la carpa, su voz animal rompiendo el silencio.
—¡Ariadna, lucha contra ella! ¡No le des tu sangre!

Lo miré. Su rostro estaba marcado por la furia, pero sus ojos… sus ojos ardían de miedo. No por él mismo, sino por mí.

Las cartas vibraron con violencia, levantando un viento que me arrancó un grito. La tela de la carpa se desgarró, y por un instante vi el cielo negro, cargado de nubes que parecían querer devorar la luna.

Lucien extendió ambas manos, triunfante.
—Es el destino. Esta noche, el circo se alimentará de un sacrificio.

Y supe que el precio estaba escrito.
No habría salvación sin sangre.
Y la baraja ya había comenzado a cobrar.



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En el texto hay: cartas, vampiros y lobos

Editado: 27.12.2025

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