La Voz De La La Carta Final

cap 28

La carta rota🕸️

Kael

El olor de la sangre de Ariadna me partía en dos. No era mucha, apenas unas gotas, pero bastaban para volverme loco. La marca en mi brazo ardía igual que la suya, como si cada herida de ella fuera también mía.

Lucien sonreía en el centro de la carpa, rodeado por las cartas que giraban como cuchillas negras. Su voz era un veneno que me calaba los huesos:
—El sacrificio debe cumplirse. El circo lo exige.

No lo pensé. No podía. Mis garras se extendieron hasta romper mi piel. Los huesos crujieron bajo la presión de la transformación. El lobo rugía dentro de mí, desatado, reclamando la sangre del vampiro.

—¡No la tendrás! —gruñí, mi voz más animal que humana.

Me lancé contra él, pero la baraja se interpuso. Las cartas flotaban como un muro vivo, y al tocarlas, sentí que me desgarraban por dentro. No eran simples símbolos: cada una contenía una parte de nuestro destino.

Caí de rodillas, con el pecho ardiendo, y lo escuché reír.
—Eres fuerte, lobo. Pero la fuerza no vence al destino.

Ariadna gritó mi nombre, y ese grito fue mi ancla. La vi luchando contra la baraja, intentando soltarla aunque sus dedos sangraban. Ella no quería ese sacrificio, no quería que ninguno de los dos cayera.

La marca en mi brazo brilló, oscura y roja, y sentí algo extraño: poder. No solo mío, sino de ella. Como si su desesperación me alimentara.

Me puse de pie, tambaleante, y la miré a los ojos.
—Ariadna… si caes tú, caigo yo. Pero si caigo yo, tú… sigues viva.

Ella negó con lágrimas en los ojos.
—¡No! ¡No digas eso!

Lucien avanzó un paso, seguro, como un rey que ya se sabe vencedor.
—Uno de los dos debe morir. Esa es la regla de la baraja.

El lobo dentro de mí rugió con tanta fuerza que la carpa entera tembló. Ya no era solo furia. Era amor. Era odio. Era todo lo que me quedaba.

Y en ese instante lo entendí: para vencerlo, no bastaba con resistir. Tenía que romper las reglas de la baraja.

Aun si eso significaba romperme a mí mismo.

El dolor era insoportable. Cada carta que rozaba mi piel me arrancaba un fragmento de alma. Sentía mis huesos partirse, como si el destino quisiera encadenarme igual que a mis ancestros. Pero no me detuve. No podía.

Ariadna luchaba dentro del círculo, atrapada en un torbellino de símbolos que brillaban con su sangre. La vi morderse los labios para no gritar, resistiendo como nadie lo haría, y eso me desgarró más que cualquier herida.

—¡Déjala! —rugí con todas mis fuerzas, mis colmillos al descubierto.

Lucien ni siquiera se inmutó. Estaba sereno, casi solemne, como un sacerdote en medio de su misa.
—El circo nació del sacrificio, lobo. Y esta noche renacerá con él.

Sus palabras fueron el último empujón que necesitaba. Dejé de resistir la transformación. El lobo me atravesó de pies a cabeza, quebrándome, desgarrándome… y liberándome.

Un aullido partió el cielo. Mi piel ardía, mis garras brillaban con la luna que apenas se filtraba por los huecos de la carpa destrozada. Sentí mi cuerpo expandirse, crecer, convertirme en la criatura que había jurado mantener a raya.

Lucien sonrió al verme completo, como si eso fuera lo que había querido todo el tiempo.
—Así es como debía ser… el lobo contra el vampiro, como al inicio de la maldición.

Me abalancé sobre él. Mis garras chocaron contra sus colmillos, mi rugido contra su risa. El choque sacudió toda la estructura de la carpa, y los espectadores hipnotizados comenzaron a gritar, sin saber si lo que veían era un espectáculo o el fin del mundo.

En medio de ese caos, la vi: Ariadna. Sus cartas flotaban a su alrededor, pero algo en sus ojos había cambiado. Ya no eran solo miedo o dolor: era decisión.

—¡Kael! —gritó—. ¡No es entre tú y él! ¡Es entre los tres!

Mis músculos se tensaron. Supe entonces que ella tenía razón. La baraja no pedía un sacrificio para resolver la guerra. La pedía para perpetuarla.

Lucien me empujó con una fuerza sobrehumana, arrojándome contra el suelo.
—Elige, lobo —dijo con voz fría—. O tu vida… o la suya.

Me puse de pie, jadeando, mi cuerpo ardiendo con rabia. No iba a elegir. No en sus términos.

No esta vez.



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En el texto hay: cartas, vampiros y lobos

Editado: 27.12.2025

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