La voz de tu corazón.

Capítulo 0

Aiden en el pasado

Aiden abrió los ojos y esa acción lo resintió, porque se cubrió el rostro con su antebrazo, volviendo a cerrar los ojos.

—¿Qué es lo que hice para merecer este agradable despertar? —intentó tomar la sábana que Regina se la apartó—. Ah, ya que sé, es porque no te llamé ayer, ¿verdad? ¿O por qué estuve con Sabrina?, sabía que los chismes vuelan, pero vamos, ¿qué hora es para que vengas a despertarme cuando por mis venas no corre sangre, sino vino y del barato y deseo eliminarlo durmiendo? Además, te juro que no pasó nada con ella, habla demasiado Perdón, ¿vale, nena? No seas celosa, sé niña buena y déjame dormir.

Después de tantas palabras y sin obtener ninguna réplica, Aiden elevó su mirada para mirar a Regina de pie y sin ninguna expresión en su rostro, indagó, pero después de su respuesta, se dijo que debió quedarse callado.

—¿Qué es lo que tratas de decir, Regina?, porque no lo entiendo en serio. No puedo creerlo. Tal vez estoy soñando.

Regina emitió un bufido y rodó los ojos.

—No es difícil entender, Aiden, pero ahí va nuevamente, para que lo proceses. Estoy. Embarazada y es tuyo por si se te ocurre preguntar de quién era el bebé.

El muchacho de veintisiete años volvió a pestañear varias veces y sacudió su cabeza por el dolor de cabeza de la resaca de anoche y que, obviamente, faltaba descansar. La fiesta de su fraternidad fue tan buena que apenas recordaba cómo subió a la habitación y su cerebro aún aturdido le estaba haciendo pasar un mal rato. No podía ser cierto lo del embarazo cuando se habían cuidado en los dos años que llevaban tonteando.

—Es una mentira, ¿cierto? Tú y yo nos estábamos cuidando. —Dijo en un bufido—. Se suponía que estábamos en la misma sintonía, nena. Nada de formalismos, mucho menos hijos, solo diversión. ¿Qué sucedió?

Regina tuvo la decencia de parecer avergonzada. Se encogió de hombros antes de sentarse en la cama desordenada de Aiden y estirar su mano para tocarlo, pero él la detuvo.

—No trates de confundirme ahora, y será mejor que te expliques.

—Aiden, fue la única vez que olvidé la píldora. No creí que hubiera consecuencias. Y no me culpes solamente a mí, tampoco fuiste muy cuidadoso algunas veces —se excusó ella y observó el torso desnudo del hombre y la manera como se despeinaba el cabello de manera molesta. Quiso tocarlo porque siempre lo quería tocar—. ¿Crees que yo quería esto? —Regina apartó sus ojos para que no vea la verdad.

—¿No sé, dímelo tú? ¿Qué planeas con esto? Sabes que yo no…

Regina se puso de pie.

—Bien. —asintió ella—. Entonces supongo que está decidido lo que haremos.

Aiden que había enterrado su cabeza entre sus manos, miró a la pelirroja y estiró su mano para detenerla.

—No estás insinuando eso, ¿verdad? No, claro que no. No lo harías. Si viniste a buscarme tan temprano para informarme es porque no vas a hacerlo.

—No sabes lo que quiero o lo que haré, Aiden.

—A ver, no estoy entendiendo esto, sigo dormido, pero de todos modos, debemos pensarlo con cabeza fría.

Regina sacudió su cabeza. No quería pensar con cabeza fría ni nada, quería una decisión de parte de Aiden y la quería ahora.

—Ni tú ni yo estamos listos para esta responsabilidad y lo mejor sería…

—¡Cállate! —Estalló Aiden, cerrando sus ojos por la punzada dolorosa en su sien.

¡Maldita resaca!

Se puso de pie, desconcertado. Si todo lo que decía Regina era cierto, su perfecta vida sin responsabilidades y diversión estaba a punto de cambiar y no era lo que quería, porque estaba a nada de terminar sus estudios y debía regresar a hacerse cargo de la empresa y de Grace, evidentemente, no lo quería, pero tampoco deseaba hacer nada que atentara en contra de ese bebé. Jamás podría con la culpa, puede que la vida le importaba poco, pero no cargaría con la culpa en su conciencia; una que no creía tener, pero está dándose cuenta de lo contrario—. No vamos a seguir discutiendo nada por ahora porque sigo no estoy bien, y creo que estoy alucinando, de todos modos, tengo que pensar. —La señaló—. Lo importante ahora es que no actúes por tu cuenta, ¿entendido?

Regina se carcajeó por las palabras del hombre y pronto, lágrimas pesadas rodaron por sus mejillas. Fue hasta una de las ventanas donde los estudiantes avanzaban a toda prisa para sus primeras clases.

—Dije, ¿entendido?

—No eres nadie para decirme lo que tengo o no que hacer, Aiden. Sí esto —se tocó el vientre—. Cambiará nuestras vidas, no lo quiero.

Aiden en dos zancadas alcanzó a Regina y, en un rápido movimiento, la encarceló entre sus brazos y en un susurro advirtió.

—También es mío y tengo derecho a decidir, por algo me informaste, ¿no es así? —Regina bufó—. Bien, ahora debes marcharte, y tu ingeniosa idea queda fuera.

Regina giró sobre sus pies con todas las intenciones de marcharse, pero Aiden la detuvo.

—Recuerda que no debes hacer nada sin que yo lo sepa, en especial si se trata del bebé.

—Nunca debí venir si sé cómo eres y que todo te importa poco. No sé en lo que estaba pensando, por lo visto no pensé —se acomodó el vestido, a la vez que sacudía su cabeza—. Haz como que no estuve aquí.




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