La zona roja.

CAPITULO 3

Lilith O´Donnell

Por fin es lunes, en mi primer domingo en esta ciudad no hice nada memorable, pensé que mi vida daría un gran giro. Spoiler solo hice una lista con todos los sitios que debería visitar y los lugares donde debería comer como parada indispensable, podría mentir y decir que estoy emocionada por empezar a llevarla a cabo, pero no, además, limpie, pasee y conocí a un chico impresionante que me arrepiento de no haber llevado a mi cama, fue lo que no me dejó pegar ojo, pero es un secreto a voces que es una gran cortina de humo para evadir mis preocupaciones reales. Y hablando de preocupaciones, una razón que no me permitió dormir tras dejar de pensar en el increíble rubio, fue que mi entrevista es a las nueve, dentro justo de media hora. Y sí, ya estoy a escasos metros de las oficinas porque no sabía que más hacer en mi aburrido apartamento. Cambié mi ropa cinco veces, me temblaba la mano al maquillarme y no quise desayunar.

Llamémoslo laguna de inseguridades.

Estoy muy, muy nerviosa, tengo el presentimiento de que hoy algo va a salir mal y, ciertamente, espero que no sea que me denieguen el trabajo. Entonces sí que no tendría nada que hacer, ni dónde ir, tendría que dar a mi gato en adopción e irme a dormir a un parque. Eso sería la aventura de las aventuras…

Respira Lilith, tú no eres así.

— Buenos días, — digo a la recepcionista del edificio. — Tengo una entrevista con el señor Whalt.

—Deme un momento, por favor— la mujer descuelga el teléfono, habla con alguien al otro lado y no tarda nada en volver a atenderme. — La esperan en la última planta, Katlyn la estará esperando. — Enfatiza.

— Gracias.

Me dirijo al ascensor, el cual en cuanto sus puertas abren escupe un puñado de personas y al subir yo, otro puñado lo hace conmigo, minutos después y creo que con el pluggin claustrofobia desbloqueado, estoy ante la que supongo que es la chica que me espera.

— Katlyn Carter— se presenta tendiendo la mano.

— Lilith O'Donnell — acepto su saludo y me acompaña al despacho de su jefe sin perder el tiempo.

La chica toca la puerta y la abre tras un simple "adelante". Cruzo el umbral del despacho detrás de ella y espero a que me presente.

— La señora O'Donnell ha llegado, señor Whalt.

El hombre levanta la cabeza y pide que se retire, cuando su secretaria cierra la puerta camino a su despacho y me presento. Quedo frente a un hombre algo más joven que mi padre, con el pelo negro peinado hacia atrás y una mandíbula bien marcada, es alto y bastante guapo.

— Jefferson Whalt— responde estrechando mi mano, — tome asiento por favor.

Ocupo la silla frente al escritorio, mientras el observa lo que parece ser mi currículum, dejo vagar mi vista por su impresionante despacho. A su espalda hay un ventanal con una gran vista, la mesa justo delante, las paredes laterales forradas con dos librerías y en la parte izquierda frente la librería una zona de descanso con un sofá, una televisión gigante, que permanece encendida, pero en silencio mostrando un programa deportivo, y una mesita. Observo su escritorio detallando sus fotos, supongo que familiares, con dos niñas, un montón de papeles ordenados y utensilios.

— Voy a ser sincero, señorita O'Donnell, no necesitamos una columnista ahora mismo y no nos dedicamos a las columnas sobre diseño, obviamente, — asiento decepcionada, intentando asimilar que ya sí que no tengo ni trabajo, — pero necesito una periodista, dispuesta a realizar entrevistas. Alguien que pueda ir a cubrirme tanto una entrevista redactada como una retransmisión, obviamente también escribirías post.

— Lo entiendo...— le regalo una sonrisa tensa. — No le haré perder más tiempo.

— No la estoy echando, señorita O'Donnell. Solo le ofrezco algo diferente, fuera de su zona de confort. Estudió periodismo, sé que puede hacerlo, Seth me hablo muy bien de usted, aseguró que sería muy competente. Afirma que, aunque en el último año trabajó con el blog e hizo un trabajo excepcional, también es capaz de hacer terreno de campo. Usted decide si quiere arriesgarse, pero su historia dice que también trabajo e hizo prácticas en varios campos que no debería dejar de explotar. Pero como dije, si no quiere no tiene que quedarse.

Me molestaría enormemente tener que admitir que no lo intenté, decepcionar a Seth que siempre se portó genial conmigo y me dijo que tenía el trabajo perfecto para mí. Es de las pocas personas que creen en mí, no dejaré que su amigo le diga que fui una cobarde. ¿Qué es lo peor que puede pasar?

— Claro que quiero quedarme, necesito el trabajo y si Seth confío en mí, supongo que puedo hacerlo— una sonrisa tira de la boca del hombre frente a mí.

— Así me gusta, sin miedo.

Si usted supiera... Creo que podría hacerme caca ahora mismo. No exteriorizo mis vulgares pensamientos. Solo sonrió.

— Como sería entonces el puesto.

— Este es un trabajo bastante flexible. Se te asignarían plantillas cada quince días con tus horarios, no siempre trabajaras los mismos días. Cubrirlas entrevistas deportivas, tanto entre semana como los fines de semana, estos últimos cuando toquen se pagarán con un plus...

— Perdone que le interrumpa. ¿Quiere que trabaje como periodista deportiva?

— Ajá, además de que cubras algunos directos de mi cadena.

— ¿Qué? No tengo ni idea de deportes, señor Whalt.

— Seth me dijo que es hija de James O'Donnell.

— Una cosa no aplica la otra.

— Entonces tendrá que aprender— sonríe una vez más. — Mientras te adaptas, cuando vayas para redacción, le pediré a Katlyn que te haga una plantilla y estés al día, además yo revisaré tus preguntas, todo tu trabajo en realidad. Y cuando sea una retransmisión, Tim, el cámara que será tu compañero, te pondrá al día.

Tierra trágame. Acabo de firmar mi condena a muerte y no lo sabía.

— Sería más fácil con experiencia.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.