Matthew Lennox
— Buenas tardes, Beth. — Saludo cuando la empleada del hogar de mis padres abre la puerta y me regala una gran sonrisa.
— Buenos días, Matthew, pasa por favor— beso su mejilla y ella hace lo mismo antes de hacerse a un lado. Es raro que hoy siga aquí, su horario debió acabar hace un par de horas.
Entro dejando atrás a la mujer de sesenta años con su pelo cano y su uniforme azul, la conozco de toda la vida y esta casa no sería lo mismo sin ella, nos cuidó a todos desde pequeños. Ahora cuida a su nieto por las tardes, a veces me he entrometido y lo he llevado junto a mi sobrina al parque para que ella pueda realmente descansar a partir de las cuatro.
Paso al gran salón de mis padres recorriéndolo con la mirada. El suelo de madera pulida resplandece bajo la cálida luz que se cuela a través de los ventanales que ofrecen una gran vista de la ciudad. En el lado derecho bajo la televisión, una chimenea de mármol blanco domina la escena. A mí izquierda las estanterías de madera oscura que exhibe una gran colección de libros, de la que dudo haber leído todos, diría que hay algunos nuevos. Aún que toda mi atención se dirige al sofá frente la chimenea, sonrío al ver a la niña que lo ocupa viendo una de sus series, con su cabello pelirrojo, herencia de su padre, y la mirada fija en el televisor.
— Estás viendo más capítulos si mí. — Me quejo exageradamente.
Mi sobrina voltea con una gran sonrisa al tiempo que se pone en pie sobre el sofá. Es adorable con su nariz respingona y sus pecas.
— ¡Tío, Matt! — abre los brazos para que la abrace y me detengo frente a ella cruzando los míos.
— No sé si debería, estás viendo series sin mí.
— Mamá dice que puedo hacerlo porque no nos visitas lo suficiente.
— Ouch— la atraigo hacia mí y dejo que se cuelgue como un mono del cuello. — ¿Dónde están la abuela y tu mamá?
— Mamá y papá están visitando a un amigo que está enfermo y no me dejaron ir con ellos— dice frunciendo su ceño. — La abuela no ha llegado y el abuelo está en el despacho.
— El abuelo está aquí— volteo para encontrarme a mí padre entrando a la sala, — Audrey, no puedes poner la televisión tan alta. —Mi padre busca el control entre los cojines del sofá para reducirlo. — No estamos sordos.
— Bueno... — Miro a mi sobrina aún en mis brazos y sonrío—Vas teniendo una edad, papá.
— Muy gracioso Matt. —Dejo al torbellino rojo sobre sus pies y vuelve corriendo hacia donde la encontré. —¿Cómo estás?
Ni sé cómo estoy. Me debato entre sí hablar a solas con mi padre y contarle todo el problema en el que estoy metido de la noche a la mañana o esperar a que llegue mi madre y soltar la bomba... Van a regañarme de igual modo, porque son padres y hacen esas cosas.
—Bien, un poco cansado de la semana.
— James me dijo que estuviste de fiesta frecuentemente.
— Gran bocazas la de James... Pero si, — rasco mi nuca reflexionando— y ha pasado factura, ya no soy un chaval.
— Eres un chaval— se ríe mi padre— aún casi te cambio los pañales.
— Venga, papá, no seas ridículo.
El sigilo de mi madre es perturbador, siempre tuvo ese don de aparecer sin ser oída que me pone los pelos de punta. Nadie sobre tacones puede andar tan silencioso.
— Cierto, Oliver, no seas ridículo, ninguno le cambiaríamos los pañales hoy— dice mi madre divertida depositando su cartera sobre el respaldo del sofá antes de abrazarme.
— Gracias, mamá, yo también te quiero.
No intenta esconder su risa mientras carga a mi sobrina que está trepando por el sofá para reclamar su atención.
— Has llegado pronto, cielo— dice mientras se deja besar la mejilla por mi padre.
— Quería hablar con ustedes...— el nerviosismo empieza a subir como un cosquilleo en mi espina dorsal. — Pero mejor esperaré hasta que llegue Bran.
—Esta hablando con Beth.
Como si lo invocase, mi hermano se une al salón, vistiendo un jersey fino beige y unos pantalones caqui, lejos de su habitual traje y con mejor humor que de costumbre.
— He oído mi nombre— ahora que lo tengo aquí, el espacio parece reducir y las paredes amenazan con cerrarse sobre mi. — ¿Ya se lo has dicho?
Con una mueca y algo presionado por mi hermano, informo a mis padres sobre la situación en la que me encuentro, todo ese lío del que realmente estoy libre de culpa, pero nadie parece creer por sus caras de desaprobación. Todo rastro de cariño que recibí al llegar ha sido reemplazado por miradas duras. Siento tener diez otra vez.
— Mamá, yo mismo me encargué de la nulidad. — Dice Bran por cuarta vez.
— Para empezar, no debes haberlo hecho muy bien, llamaré a mi equipo para ponernos a trabajar contigo.
— No.
—¿Como que no, Matthew? — Bufa mi padre cabreado. — Esto mancha tu reputación, no puedes esperar que permanezcamos de brazos cruzados. ¿Cuánto crees que tardará la prensa en buscar nuestra declaración?
— Mi abogado es Bran y ya se está encargando de todo, es lo suficientemente capaz, no quiero que ustedes se involucren. Solo les informaba por si se filtra más información a la prensa, no quería que les tomara por sorpresa. Menos como bien dices cuando les asalte un reportero.
— La sorpresa nos la hemos llevado, de eso no hay duda. — Mi madre se cruza de brazos mucho más que molesta. — ¿En que estabas pensando?
— Es obvio que no estaba pensando, cariño. —Mi padre me da una mirada dura. — Ya entiendo los comentarios de James.
— Está en todas las noticias, aun no entiendo como no os habéis enterados.
— Mucho trabajo, cielo— dice mi madre.
— Está todo controlado, — paso una mano sobre mi pelo desordenándolo, — voy a reunirme con ella como sugiere Bran y estoy seguro de que todo se resolverá.
— Matthew, — mi padre parece más enfadado de lo que me gustaría—, no estás viendo la gravedad del asunto.
— Y vosotros no me estáis creyendo cuando digo que estoy cien por cien seguro que es todo mentira.
#1726 en Novela romántica
#601 en Chick lit
amor desamor, problemas familia, jugadores de ftbol americano
Editado: 23.04.2026