Lilith
Miro por la ventana del restaurante de carretera, más allá del cristal solo hay unos grandes maceteros y coches, nada demasiado interesante, pero debo mantener entretenida a mi mente mientras espero. Mi segundo café humea frente a mí y mi nerviosismo podría matarme, quizá un efecto negativo de llegar antes de tiempo. Es mi culpa llegar media hora antes de lo acordado, ya que mi acompañante llega a la hora exacta, ni un minuto arriba o abajo. A en punto abre la puerta y me busca con la mirada antes de caminar hacia la mesa.
—Hola.
—Hola. — El chico que sirvió mi café no tarda en acercarse, mi padre cuelga su abrigo en la silla al tiempo que hace su pedido. — Café.
—¿Solo? — mi padre asiente. — Algo para tomar.
—No, gracias. — Doy un sorbo de mi taza mientras James cruza sus manos sobre la mesa y me mira. — Bien, aquí estamos.
—Aja.
—Esto es raro— confiesa, — no sé qué decir.
—Deberíamos volver a conocernos para empezar. — El chico vuelve con el café y el silencio nos absorbe hasta que se retira. — Podrías contarme cómo han sido estos años, al final en una llamada no nos hemos contado mucho.
Mi padre suspira y comienza relatando retazos de su historia, muchos que conozco ya que son de dominio público, otros sobre sus ambiciones y ninguno sobre esa pareja suya que tanto menciona la prensa. Ese pequeño detalle no lo paso por alto, supongo que es un límite. Límite que yo cruzo cuando le pongo al día de todo cuando ya he odio suficiente sobre su trabajo. Le hablo de los últimos años, mi divorcio (ya que parece demasiado interesado), mis amigos, mi abuela... Evito mencionar a mi madre, no por él, sino por mí, todos podemos guardar muertos en nuestro armario, pero aquí estoy yo, exteriorizando todo como recomendó mi psicólogo antes de mudarme. Dijo que hablar ayuda y vaya si lo hace, me hace pesar diez kilos menos.
—Asumo que tú marido sabe de mi— dice mi padre y no puedo evitar bufar conteniendo una risa.
—Para nada, cree que mi padre se desentendió cuando era pequeña.
Una verdad a medias que no dudo en lanzar como una pulla, creo que no le gusta mi respuesta por la molestia que cruza su rostro por una fracción de segundos.
—¿Y qué opina de tu madre?
—¿Que importa lo que el piense? Solo conoció a la abuela y así hubiera sido durante el resto de su vida. No te ofendas, James, ambos sabemos que es la mejor de las opciones.
—No es muy inteligente mentir a tu marido.
Dijo el experto mentiroso.
—Claro, es mucho mejor que conozca mi historia...— ruedo los ojos, — Resultó ser un mentiroso y un infiel, jamás dudaría que Sebastian usaría nuestro secreto para extorsionarme. ¿O querrías que llegue a la prensa?
—No, Lilith, —responde molesto— no quiero que la prensa sepa que tengo una hija que he mantenido oculta veintiséis años, pero tampoco quiero que me oculte como si le avergonzase, era tu jodido marido.
—Pues la rata de mi marido lo utilizaría para dejarme con menos de lo que ya tengo y eso también te dejaría como alguien horrible. Así que, de nada.
—Si tan cretino es, ¿que viste en él?
—Me pregunto lo mismo. —Mi padre mira su reloj por tercera vez, algo que me dice que nuestro encuentro está llegando a su fin. ¿Me molesta? ¿Sí? ¿No? Quizá. Estamos muy lejos del punto que me gustaría, siento que la única que aportó algo fui yo. — ¿Tienes prisa?
—He quedado con un amigo, la gala es mas tarde y hay algunos asuntos que atender.
—Interesante, — sonrío tensa sin saber que responder a eso, — entonces podemos quedar otro día.
—Aún tengo media hora.
—En realidad yo tengo algo que hacer y desde aquí hay algunos minutos hasta Boston— miento. — El martes es mi próximo día libre si quieres ir a comer.
—Jugamos fuera. — lo sé, pero finjo sorpresa.
—No lo recordaba. ¿Comemos cuando vuelvas? —Sugiero mientras nos ponemos en pie y abandonamos la cafetería de carretera en la que hemos quedado.
—Perfecto, te escribiré.
Nos damos un par de asentimientos y una despedida incómoda. Lo veo caminar hacia su coche y lo saludo con la mano antes de que salga del aparcamiento. Espero que desaparezca antes de sacar mi teléfono y buscar el contacto de mi reciente nuevo amigo para que venga a recogerme. No iba a pedirle a mi padre un aventón hasta la ciudad, no me iba a quedar unos minutos más con él y terminar admitiendo que estoy molesta porque me haya despachado tan rápido. Estoy siendo patética y James nunca me prestó atención, dos verdades que empiezan a convivir, no sabe cómo comportarse en mi presencia y tampoco le importo lo suficiente para intentarlo.
—¡Tu príncipe del brillante Range Rover azul ya está aquí! — Grita Marcus tras detenerse a mí lado con la ventanilla bajada.
—Gracias por venir a recogerme— le sonrió nerviosa una vez en el interior. — Tim no podría hasta dentro de un par de horas y mi cita terminó antes de tiempo.
—Lo que haga falta, lémur. Solo a una tarada como tú se le ocurriría tener una cita en un sitio como este. Quiero ver foto del psicópata que acepto venir hasta aquí.
—En realidad fue mi padre. —Marcus boquea mientras conduce y prefiere sacarlo de dudas. — Nadie puede vernos, imagina el revuelto.
—Terminará sucediendo, es estúpido venir hasta aquí para evitar lo inevitable.
—James no está listo, dejemos que sea así.
—¿Y tú? — Mira—¿Estás lista?
— No lo sé.
La pregunta de Marcus me acompaña el resto del día, no paro de pensar en ello. No es que no quiera estar lista, es que no sé cómo se siente eso.
Lista para qué, ¿para enfrentar a James? ¿Para decirle que no quiero ser más un secreto? La verdad pesa más cuando la escondes, y yo la llevo conmigo como si fuera de plomo. Marcus me mira, como si supiera que mi silencio guarda algo más. Pero no dice nada. Solo me acompaña. Y por ahora, eso basta. No volvemos a hablar de James de camino a la ciudad, sabe el límite y lo respeta, yo se lo agradezco. Como también le agradezco recogerme y llevarme de vuelta a casa.
#1726 en Novela romántica
#601 en Chick lit
amor desamor, problemas familia, jugadores de ftbol americano
Editado: 23.04.2026