La zona roja.

CAPITULO 14

Matthew

— Suelta lo que sea que te tiene tan molesta, Amanda— bufo dejando mi móvil sobre la isla de la cocina.

— No estoy molesta.

— Claro... — me cruzo de brazos ocupando un lugar junto a ella. — Por eso llevas un rato fingiendo que limpias y murmurando por lo bajo.

— Tengo que contarle esto a James— me mira molesta.

— ¿Qué es esto exactamente?

— Has salido de fiesta teniendo entrenamientos clave para el siguiente partido, perdisteis el anterior por si no recuerdas. James os quiere concentrados y al cien por ciento. Tu no lo estás, tienes resaca y has estado haciendo dios sabe qué hasta altas horas de la mañana, si no me equivoco. Y para colmo saliste con una periodista.

— Si, Amanda, he estado teniendo sexo hasta altas horas, algo que no estaba planeado, pero voy a dar lo mejor de mí en los entrenamientos y en el próximo partido, siempre lo hago. Y con quien salga, no es problema tuyo

— No dudo de tu profesionalidad, pero hoy no podrás dar ese todo y lo sabes— me regaña molesta. — Encima tienes la poca vergüenza de traer a una chica aquí.

— Si pudiera volver a mi casa, la habría llevado allí.

—¿Me estás culpando?

— No, pero sabes tan bien como yo como están yendo las obras, te encargas de ellas. ¿Que querías que hiciera?

— Mantenerte unas semanas lejos de problemas, no es el fin del mundo quedarte en casa y concentrarte en tu trabajo. Respetar el espacio de tu entrenador, el cual no ha tenido problema en acogerte mientras subsanamos el problema de tu apartamento y la remodelación, además te ha apoyado en ese alboroto que has montado con esa esposa sorpresa y el embarazo.

— Ya tengo una madre para que me regañe y no se llama Amanda Harrington.

— Si, a la cual llevas evitando días solo porque te avergüenza mirar a la cara. Nos llama para saber cómo estás, ya que no te dignas a responder al teléfono.

— ¿Me estáis controlando?

— Eso haría falta, controlarte. No es normal la vida que llevas. Primero se filtra un matrimonio falso en las Vegas y después esa chica viene diciendo que habéis mantenido una relación y espera un hijo tuyo. Tú familia debió saberlo hace meses, antes de que todo impactase en los medios.

—¿Sabes qué? No voy a discutir contigo, soy un hombre adulto...

— Que se comporta como un adolescente— murmura.

— Olvídame, me voy a entrenar.

— A James no le va a gustar— me sigue a través de la casa, provocando que me sienta incómodo.

— Genial.

— Te estás descontrolando.

Cierro la puerta poniendo distancia entre ambos para dejar de oír las palabras de Amanda, podría discutir largo y tendido con ella, pero mi vida no es asunto suyo. No tengo el humor suficiente para reproches de nadie, a pesar de decir que es por mi bien y se preocupan. Bajo al garaje en busca de mi coche, no quiero más charlas por hoy, sé que al llegar voy a recibir otro sermón, no es la primera vez y es algo que me da demasiada rabia, de no ser por la novia de mi entrenador, estaría en tiempo. Hay situaciones en las que la fama y el reconocimiento, no pueden salvarte. Llegar tarde otra vez tarde al entrenamiento matutino es una de ellas.

Una vez en las instalaciones corro a los vestuarios a ponerme la ropa para entrenar, ninguno de mis compañeros está por aquí, lo que hará que mi entrada no pase desapercibida. Listo para la sesión, voy en busca de mis compañeros.

— Llegas media hora tarde. — Comenta Arthur Davis, el segundo entrenador, cuando me coloco junto a él. — O'Donnell estará furioso cuando le informe.

— Lo imagino.

El entrenador Davis, un hombre de principios firmes, muy leal a su trabajo, no dejaría pasar esto. Su confianza con James es inquebrantable, no le oculta nada

— Me quedé dormido.

— La puntualidad es la base de la disciplina, y sin disciplina, no hay equipo, Lennox. He tenido que cambiar el entrenamiento que había pautado porque no aparecías— asiento comprendiendo las consecuencias de mi tardanza. — Vas a recibir un entrenamiento diferente para hoy y que decida O'Donnell cuando regrese si te sanciona de alguna otra forma.

Lo hará, ya recibí un aviso de su parte y no es de los que dejan pasar las cosas.

Davis me da unas pautas para un entrenamiento en solitario de fuerza y acondicionamiento tras esas famosas vueltas corriendo al campo que han implementado como si fuéramos niños de diez años, pero claro, así lo afirmó el entrenador: " Mientras os comportéis como preadolescentes, os trataré como tal." Realmente no puedo sacar su voz de mi cabeza, es como si estuviera aquí, recordándome la importancia de cada movimiento, cada decisión, e incluso todas mis cagadas.

A medida que las horas avanzan la fatiga se apodera de mis músculos, pero también de mi mente, la fiesta privada de anoche con Lilith está pasando factura y afectando mi rendimiento. Tomo un pequeño descanso, y no puedo evitar pensar en la ironía de la situación. Mi carrera está marcada por la precisión en el campo, pero ahora, cada movimiento tiene una carga adicional: la responsabilidad. Si fallo una vez más tendré otro enorme problema sobre mis hombros.

En un rincón del gimnasio, observo el reloj. La jornada está llegando a su fin, pero mi entrenamiento aún no termina, supongo que debo recuperar el tiempo que me he retrasado. Sin embargo, en medio de mi agotamiento, las palabras que O'Donnell me dio cuando era más joven, tras uno de los partidos que perdió mi equipo de la universidad, en casa de mis padres, llegan a mi mente: "El éxito se encuentra en la perseverancia". Lo cual parece una tontería, pero me ayuda a encontrar la motivación para terminar mi entrenamiento y volver a casa, donde puedo descansar, sin antes dar la vuelta a todos mis problemas.

🏈🌸 🏈

El silbato corta el aire y me vibra en los oídos. Me coloco el casco, ajusto las almohadillas y ya estoy ahí: en el campo, rodeado de mis compañeros. El estadio ruge. La energía es brutal, se pega a la piel. Todo está por empezar.




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