Lilith
La pantalla de mi teléfono se ilumina una vez más, no me molesto en mirar, tras un largo rato, la llamada se corta y miro la notificación de la pantalla, diecinueve llamadas perdidas. Mi madre está insistente. Alejo un poco más el teléfono y suelto un sonoro suspiro, tengo sueño, en la oficina hace calor y el roce de mi jersey es insoportable. Acabar con la vida de Matthew Lennox suena como música para mis oídos ahora mismo. Empiezo a pensar que matar a todos los hombres de mi vida es buena idea. Miro a mis compañeros de oficina alrededor de la mesa, cada uno con las narices metidas en la pantalla de su ordenador o perdidos entre miles de papeles a su alrededor. Busco en mi bolso el espejo de mano que siempre cargo y con él en me deslizo hacia abajo para quedar oculta tras la pantalla de mi ordenador. Al apartar el cuello del jersey veo claramente, del color de los arándanos, el mordisco que Matthew dejó anoche sobre mi hombro. "Mordisquito" lo llamó, pero si bien en el momento no me dolió ni una cuarta parte de lo que lo hace ahora.
— ¿Tuviste un encuentro con el conde Drácula anoche?
Grito dejando caer el espejo, rápidamente me agachó a recogerlo y al levantar golpeo la cabeza con la mesa. Desde mi posición humillante en el suelo veo como Kat intenta contener la risa, mientras algunos de mis compañeros me miran como si fuera una demente.
— Lo siento, no te oí llegar.
— Eso parece— apoya su culo sobre la mesa junto a mis notas con los brazos cruzados esperando que vuelva a mí silla. — El señor Whalt quiere hablar contigo.
— ¿Debería tener miedo?
Bloqueo el dispositivo y apilo mis notas junto mis subrayadores de colores mientras Kattlyn me observa aún divertida.
— No, ¿por qué?
— Sonaste como si me fuera a regañar.
Caminamos juntas dirección a la oficina de nuestro jefe con las miradas de los curiosos pegadas a nuestras espaldas. Tal como si fuéramos las primeras en hacer el camino hoy.
— Si no lo hace él, lo haré yo.
— Ni siquiera sé de qué hablas.
— Señor, Lilith está aquí. — Empuja mi espalda animándome a entrar sin darme una explicación.
— Lilith, que bueno verte, siéntate. — Como un par de tarados Kattlyn cierra la puerta con una sonrisa y al voltear Whalt me ofrece una silla con otra en su cara. — ¿Kattlyn ya te dijo por qué estás aquí?
— No, y me estáis empezando a asustar.
Jefferson Whalt se ríe reclinándose en su silla mientras ajusta los botones de su traje.
— Ay, Lilith...— Hace una pausa mirándome con su dedo índice descansando sobre su labio. — No sé si matarte o felicitarte.
— No entiendo.
— Esta mañana he recibido una llamada de Karen Hitman, diciendo que aún no le habías dado una respuesta sobre si te harías cargo de las entrevistas de su documental...
— Lo siento, — me pongo rígida ante sus palabras, — me olvidé por completo comentarlo con usted.
— No te disculpes, estuvimos hablando y me transmitió tus inquietudes, tranquila, le dije que finalmente lo harías.
— Pero...
— Pero nada, es bueno para tu carrera, un mérito más, sin contar que es bueno para nosotros que parte de nuestra plantilla colabore, y no solo económicamente, te quiera a ti precisamente es un gran punto a favor. Eres algo así como nuestra estrella emergente.
— ¿No le molesta? Tengo compañeros mucho más experimentados.
— Soy consciente. Y, sin embargo, eres tú quien ha recibido la oportunidad. Sinceramente, pensé que le habrías dicho ya que si, hace una semana que hable con Karen, por eso mismo me he tomado la libertad de aceptar por ti.— Katlyn, en silencio, deja una taza de café para nuestro jefe y una botella de agua para mí, ambos agradecemos antes de que se retire. — Me molesta la baja estima que tienes sobre tu trabajo, hasta ahora no me has decepcionado. Voy a decirte algo, al principio dudé de ponerte frente a una cámara y aun así te has ganado al público con tus preguntas discretas y esos datos estadísticos que regalas durante las retransmisiones. — Hace una pequeña pausa. — Que, por cierto, van dando una forma más personal al guion que Kattlyn te escribió el primer día y estoy muy orgulloso. ¿Has oído como te han elogiado algunos comentaristas?
Oír a alguien decir que se siente orgulloso de mí es una gran bofetada, no podré mantener su estándar eternamente.
— Gracias — sonrío a pesar de estar como la cuerda de un violín, me abruma su confianza en mí. — Y no, no lo he oído.
— Nuestro público aclamó la entrevista a Susan Scot, fue un rotundo éxito, te centraste en su vida profesional, aunque matizaste con la personal. Solo debes leer los comentarios en nuestra página. Conseguiste la primicia de Matthew Lennox, aunque no profundizaste y ahí deberías haber sido más agresiva, pero los espectadores quedaron a la espera, ansiosos por tener más, Alimentaste la curiosidad. Cada día que estás a pie de campo, haces un trabajo impecable y cada día en esta oficina te entregas pasando tus notas, ayudando con los post... ¿Aún crees que no eres una buena opción para hacer esas entrevistas? Entraste a esta oficina muerta de miedo porque en tu vida solo habías escrito columnas sobre diseño y un blog, pensé que no aguantarías, de verdad, y aquí estás, esforzándote cada día más, en cada paso.
— No es lo mismo.
— ¿Por qué no? No me queda ninguna duda en qué lo harás genial, además de trabajar con Hitman, puedes contar con mi ayuda y todo nuestro equipo, ellos también estarán allí. No tienes ninguna excusa para rechazarlo. — Toma de su café completamente calmado, confía en lo que dice. — Mientras te centres en esto dejarás de ayudar con los post diarios, no me pasa por alto que estas ayudando a Natalie a aligerar el trabajo. A partir de ahora solo te centraras en cubrir los in situ y el documental. ¿Todo bien?
— No, — muerdo mi labio y Jeff Whalt sonríe —, estoy aterrada.
— Y yo orgulloso, estoy siendo un admirador de tu crecimiento personal.
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Editado: 15.05.2026