La zona roja.

CAPITULO 17

Matthew

<< Soy un bonito complemento, ¿Verdad?>>

<<Matthew Lennox, deja de ser tan idiota. HABLO EN SERIO.>>

<<Y yo, preciosa.>>

<< Dije que todo está controlado, nadie sabrá que eres tú, se veía tanto de tu cara como a un ladrón con pasamontañas>>

<< HACIA FRÍO>>

Adjunta un gif de un gato tiritando y sonrío de mientras tecleo otra respuesta para Lilith. El partido de hockey que prometí ver, queda olvidado, como todo a mi alrededor mientras tecleo.

<< Menos mal que estuve ahí para solucionarlo>>

— ¿Por qué sonríes a la pantalla como un idiota? — Levanto la vista encontrando a Anderson repantigado en el sillón de la sala de estar de O'Donnell mientras mi sobrina le aplica colorete.

— Cuida tu boca. — Mi amigo rueda los ojos como si fuera una molestia.

— No respondes a mí pregunta.

— Solo me enviaron un gif gracioso. — En realidad no lo es, pero es la mejor respuesta que puedo darle. — Estás quedando muy guapo.

— De alguna forma debo atraer a las chicas está noche.

— Después te toca a ti— sonríe mi sobrina a medio camino de pintar con sombra de ojos azul a mi amigo.

— No hace falta cielo, solo Anderson saldrá esta noche.

Mi sobrina hace un puchero y le regalo una pequeña sonrisa mientras Anderson cruza las manos sobre su abdomen. Es increíble lo que dejamos que haga el pequeño demonio pelirrojo.

— ¿Quién saldrá esta noche? — O'Donnell entra a su salón y coloca las manos sobre su cadera mirándonos.

— Nadie— responde rápido mi amigo mientras mi sobrina se aguanta una risita.

— Eso creía, — el entrenador se acerca a mí sobrina y la despeina haciendo que se queje. — Estás dejando a mí chico guapísimo.

— Él ya es guapísimo. — Contesta Audrey coqueta mientras Anderson pestañea en su dirección. Está enamorada.

— Si sigues diciendo eso, al final se lo creerá.

— Es más guapo que tú, tío.

— La niña ha hablado, señores— se pavonea Anderson.

— Estoy contando los minutos que faltan para que su madre se la lleve— entrecierro los ojos hacia ella que me mira con fanfarronería antes de seguir maquillando a mi amigo.

O'Donnell niega con la cabeza mientras pincha con un dedo el turbante rosa pomposo que mi sobrina le colocó a su jugador.

— A veces me pregunto sí entreno a niños o a hombres.

—¿Viendo a Carter? A princesas.

Mi amigo levanta el dedo medio, lo cual no tiene ningún efecto en su situación.

— Si, tu eres otra Matt — se mofa al entrenador acompañado de mi amigo. — Venía a avisar de que Amanda y yo iremos a cenar. Cuando tú hermana recoja a Audrey, más os vale ir a dormir, mañana tenemos un vuelo que tomar.

— Pero es en la tarde...— se queja mi amigo cortando la frase al darse cuenta de con quién está hablando.

— Tiene la edad suficiente como para que no te digan que debes hacer, solo recuerda que, si no rindes, te dejo fuera y si no cumples, también. — O'Donnell le clava la mirada más severa que tiene a Anderson, mientras yo intento poner la mía en otra parte con la intención de librarme de sus regaños. — Recuérdenlo ambos.

Creo que no volvemos a respirar hasta que suena la puerta siendo cerrada. Suelto un sonoro suspiro y miro a mi amigo que está igual que yo mientras mi sobrina le pinta las uñas, ajena a todo.

— ¿Cómo le aguantas?

— No suele ser tan intenso, — me encojo de hombros—, por lo general intento no molestarlo.

— Espero que tu casa esté lista pronto.

— Según Amanda, a final de la semana que viene tendré las llaves de vuelta. — Miro mi teléfono una vez más viendo un mensaje de Lilith y otro de mi hermana. — Enana, tu madre ya viene a por ti.

Audrey hace un puchero, pero cierra el pintauñas. Carter mira sus uñas y sonríe a mi sobrina, ayuda a recoger todos los productos de maquillaje justo cuando el timbre suena.

Dejo entrar a mí hermana, que tras abrazarme y achuchar mi cara decide tomar a su hija y marcharse. Anderson vuelve del baño con la cara limpia y se deja caer a mí lado.

— ¿Vas a venir a casa de Elon?

Miro mi teléfono junto a la pierna con el mensaje de Lilith abierto, cual le acompaña con unos emojis de cara enfadada.

<< No sé por qué te aguanto>>

<< Eres insoportable.>>

— Hoy no, tengo algo importante que hacer.

— ¿Más que una intervención para Jay?

— Me da igual que le huelan los pies, tío.

— Se nota que nunca te sientas cerca de él — encojo los hombros intentando no reírme. — Disfruta de tu noche, no desgastes la mano.

Anderson se levanta del sofá palmeando mi pierna y cuando se va, espero unos minutos, hasta estar seguro que se encuentra bien lejos de mi casa. Cuando siento que ha pasado el tiempo suficiente, tomo mi chaqueta y mis llaves para salir. Solo veintisiete minutos a pie después, estoy en mi destino frente a la puerta rojiza, la cual una vecina abre y me invita a pasar. Dejando a la vista los quince escalones que me dejan frente a la puerta que más me interesa. La blanca. Toco el timbre tres veces y guardo silencio escuchando los ruidos del interior.

— Así que soy insoportable...— Digo cuando la puerta se abre y unos sorprendidos ojos azules caen sobre mí. Recorro con la mirada a la bonita mujer que luce una camiseta de tirantes y un pantalón mullido de pijama. — He venido a recordarte por qué me aguantas, preciosa.

Lilith agarra mi pechera y me empuja dentro de su casa antes de comprobar si alguien estaba mirando y cerrar de un portazo.

— ¿Vienes a mí casa después de tomarte a risa mis preocupaciones? — Cuestiona cruzando sus brazos. Quiere parecer molesta, pero es demasiado tierna con sus labios fruncidos y sus cejas medio arrugadas. No quiero molestarla más, lo juro, pero es imposible no mirar sus preciosas tetas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.