Matthew
<< Soy un bonito complemento, ¿Verdad?>>
<<Matthew Lennox, deja de ser tan idiota. HABLO EN SERIO.>>
<<Y yo, preciosa.>>
<< Dije que todo está controlado, nadie sabrá que eres tú, se veía tanto de tu cara como a un ladrón con pasamontañas>>
<< HACIA FRÍO>>
Adjunta un gif de un gato tiritando y sonrío de mientras tecleo otra respuesta para Lilith. El partido de hockey que prometí ver, queda olvidado, como todo a mi alrededor mientras tecleo.
<< Menos mal que estuve ahí para solucionarlo>>
— ¿Por qué sonríes a la pantalla como un idiota? — Levanto la vista encontrando a Anderson repantigado en el sillón de la sala de estar de O'Donnell mientras mi sobrina le aplica colorete.
— Cuida tu boca. — Mi amigo rueda los ojos como si fuera una molestia.
— No respondes a mí pregunta.
— Solo me enviaron un gif gracioso. — En realidad no lo es, pero es la mejor respuesta que puedo darle. — Estás quedando muy guapo.
— De alguna forma debo atraer a las chicas está noche.
— Después te toca a ti— sonríe mi sobrina a medio camino de pintar con sombra de ojos azul a mi amigo.
— No hace falta cielo, solo Anderson saldrá esta noche.
Mi sobrina hace un puchero y le regalo una pequeña sonrisa mientras Anderson cruza las manos sobre su abdomen. Es increíble lo que dejamos que haga el pequeño demonio pelirrojo.
— ¿Quién saldrá esta noche? — O'Donnell entra a su salón y coloca las manos sobre su cadera mirándonos.
— Nadie— responde rápido mi amigo mientras mi sobrina se aguanta una risita.
— Eso creía, — el entrenador se acerca a mí sobrina y la despeina haciendo que se queje. — Estás dejando a mí chico guapísimo.
— Él ya es guapísimo. — Contesta Audrey coqueta mientras Anderson pestañea en su dirección. Está enamorada.
— Si sigues diciendo eso, al final se lo creerá.
— Es más guapo que tú, tío.
— La niña ha hablado, señores— se pavonea Anderson.
— Estoy contando los minutos que faltan para que su madre se la lleve— entrecierro los ojos hacia ella que me mira con fanfarronería antes de seguir maquillando a mi amigo.
O'Donnell niega con la cabeza mientras pincha con un dedo el turbante rosa pomposo que mi sobrina le colocó a su jugador.
— A veces me pregunto sí entreno a niños o a hombres.
—¿Viendo a Carter? A princesas.
Mi amigo levanta el dedo medio, lo cual no tiene ningún efecto en su situación.
— Si, tu eres otra Matt — se mofa al entrenador acompañado de mi amigo. — Venía a avisar de que Amanda y yo iremos a cenar. Cuando tú hermana recoja a Audrey, más os vale ir a dormir, mañana tenemos un vuelo que tomar.
— Pero es en la tarde...— se queja mi amigo cortando la frase al darse cuenta de con quién está hablando.
— Tiene la edad suficiente como para que no te digan que debes hacer, solo recuerda que, si no rindes, te dejo fuera y si no cumples, también. — O'Donnell le clava la mirada más severa que tiene a Anderson, mientras yo intento poner la mía en otra parte con la intención de librarme de sus regaños. — Recuérdenlo ambos.
Creo que no volvemos a respirar hasta que suena la puerta siendo cerrada. Suelto un sonoro suspiro y miro a mi amigo que está igual que yo mientras mi sobrina le pinta las uñas, ajena a todo.
— ¿Cómo le aguantas?
— No suele ser tan intenso, — me encojo de hombros—, por lo general intento no molestarlo.
— Espero que tu casa esté lista pronto.
— Según Amanda, a final de la semana que viene tendré las llaves de vuelta. — Miro mi teléfono una vez más viendo un mensaje de Lilith y otro de mi hermana. — Enana, tu madre ya viene a por ti.
Audrey hace un puchero, pero cierra el pintauñas. Carter mira sus uñas y sonríe a mi sobrina, ayuda a recoger todos los productos de maquillaje justo cuando el timbre suena.
Dejo entrar a mí hermana, que tras abrazarme y achuchar mi cara decide tomar a su hija y marcharse. Anderson vuelve del baño con la cara limpia y se deja caer a mí lado.
— ¿Vas a venir a casa de Elon?
Miro mi teléfono junto a la pierna con el mensaje de Lilith abierto, cual le acompaña con unos emojis de cara enfadada.
<< No sé por qué te aguanto>>
<< Eres insoportable.>>
— Hoy no, tengo algo importante que hacer.
— ¿Más que una intervención para Jay?
— Me da igual que le huelan los pies, tío.
— Se nota que nunca te sientas cerca de él — encojo los hombros intentando no reírme. — Disfruta de tu noche, no desgastes la mano.
Anderson se levanta del sofá palmeando mi pierna y cuando se va, espero unos minutos, hasta estar seguro que se encuentra bien lejos de mi casa. Cuando siento que ha pasado el tiempo suficiente, tomo mi chaqueta y mis llaves para salir. Solo veintisiete minutos a pie después, estoy en mi destino frente a la puerta rojiza, la cual una vecina abre y me invita a pasar. Dejando a la vista los quince escalones que me dejan frente a la puerta que más me interesa. La blanca. Toco el timbre tres veces y guardo silencio escuchando los ruidos del interior.
— Así que soy insoportable...— Digo cuando la puerta se abre y unos sorprendidos ojos azules caen sobre mí. Recorro con la mirada a la bonita mujer que luce una camiseta de tirantes y un pantalón mullido de pijama. — He venido a recordarte por qué me aguantas, preciosa.
Lilith agarra mi pechera y me empuja dentro de su casa antes de comprobar si alguien estaba mirando y cerrar de un portazo.
— ¿Vienes a mí casa después de tomarte a risa mis preocupaciones? — Cuestiona cruzando sus brazos. Quiere parecer molesta, pero es demasiado tierna con sus labios fruncidos y sus cejas medio arrugadas. No quiero molestarla más, lo juro, pero es imposible no mirar sus preciosas tetas.
#1039 en Novela romántica
#389 en Chick lit
amor desamor, problemas familia, jugadores de ftbol americano
Editado: 15.05.2026