Lilith
Despierto con el timbre sonando furiosamente, ruedo para bajar de la cama, pero choco contra algo duro. Me lleva segundos abrir los ojos y recordar que dormí con Matthew. Con un gruñido, frustrada por el maldito sonido, hago casi contorsionismo para poder saltarlo. A ciegas tomo mi bata del suelo y la cierro ocultando mi cuerpo de cualquier manera, para correr hacia la puerta y abrir de un tirón lista para gritar. Sin embargo, mi cara cae de vergüenza al ver el hombre con el portapapeles. Jeremy, El hermano de Megan al menos tiene la decencia de no comentar mi falta de ropa, siempre ha sido alguien educado.
— Lo siento, me quedé dormida, no recordaba que vendrían hoy.
Megan fue muy eficaz contratando a la empresa de su hermano. Miro el reloj de mi pared y me sorprende haber dormido tanto, aunque más me sorprende la eficiencia de la compañía de Jeremy. Nunca creí que incluso sería menos, pero lo han hecho a toda prisa.
— No te preocupes, — me extiende una tablilla con papeles que tomo entre mis manos— vamos a ir subiendo sus cajas, revisa que está todo y firma ahí.
—Habéis venido rápido.
—Todo por una amiga de mi hermana — bromea el chico. — En realidad teníamos otro viaje y era poca mercancía.
—Aun así, hace bulto.
—Nos ha ayudado a completar el último viaje de la mañana— se encoge de hombros, —y te has ahorrado un dinero.
—Agradeceré mil veces a Meg.
—Sera mejor que no, es un dolor de cabeza — dice mientras se aleja por las escaleras.
Los chicos de la empresa de transporte, que consiste en el hermano de mi amiga y su compañero, adentran en mi apartamento las cinco cajas que recogen el resto de mi vida, una mesa y un sillón, con los cuales no sé qué hacer, llenan mi pequeño salón carente de espacio.
— Esto era lo último— dice dejando una caja con la palabra libros en la solapa.
Al menos he recuperado más de lo que creí, me ha sorprendido enormemente cuando mi futuro exmarido, Sebastian, me llamó y terminó diciendo que fuera a por mis cosas. Pensé que ya las habría tirado, pero la que era mi mejor amiga, afirma que él estuvo muy simpático y encantado de vaciar el trastero.
Malditos idiotas.
Mientras firmo los papeles por el rabillo del ojo veo a Matthew bajo el marco de la puerta, despeinado y sin camiseta, solo vistiendo sus pantalones de anoche.
— Vaya, Matthew Lennox— dice el compañero de Jeremy.
— Si, — le entrego su tablilla con todo lo que necesita. — Gracias por todo, ya pueden marcharse.
El chico no aparta la vista de mi acompañante mientras abandona el apartamento. Supongo que hoy compartirá con sus otros compañeros que vio a una estrella deportiva en ropa interior durante su última entrega. Y, sorprendentemente, me da igual que se lo digan a Meg.
— No te hacía tan snob, esto cuesta una fortuna — volteo para ver a Matthew fisgoneando en una caja con mi jarrón feo como yo lo llamo entre sus manos.
— Que le voy a hacer, una es pobre, pero con gustos caros— me acerco e intento arrebatárselo, pero lo aleja estudiándolo con más detenimiento.
— ¿Tienes un jarrón de diseño y de verdad vives en este apartamento?
— Fue un regalo de cuando entrevisté a Arnold Leblanc para mí antiguo trabajo.
— Te regaló el más feo de sus trabajos — empieza a reír despeinandose más el cabello.
— Es horrible, en eso coincido, pero no podía decir que no y además siempre puedo venderlo.
— No quiero ser aguafiestas, pero aquí tendrás que vender muchas cosas. Vives en una caja de cerillas.
— Gracias, Matthew, no lo había notado.
— No te enfades— toma mi mano atrayéndome hacia su pecho. — Puedes buscar un trastero.
— No, no lo haré. La mayoría son papeles viejos, revisaré todo y solo me quedaré lo que resulte útil— besa mis labios.
— Pero más tarde ¿sí? — suelta el jarrón y cierra la caja. —¿No vas a alimentarme?
— ¿Yo?
— Si, tú.
— ¿No se supone que es el hombre quien le hace el desayuno a la chica?
— Pero es tu casa, sería grosero que hurgase en tus armarios.
— Y por eso debería hacerte el desayuno...
— Exacto.
— Como yo lo veo eres tú quién debe hacérmelo, como compensación por dejarte dormir en mi casa. Un pago, bastante adecuado, — enfatizo, — por todos mis buenos servicios.
— ¿No he pagado lo suficiente bien aún?
Entrecierro los ojos en su dirección juzgando su mirada coqueta y sus jugueteos tímidos de manos, que realmente, todo el mundo de aquí Madagascar sabe que no son para nada tímidos.
— ¿Tortitas o una miserable leche con cereales? — Voy hacia la cocina después de rodarle los ojos.
— La duda ofende.
— Bien, leche será...— canturreo.
— Lilith...
Protesta el jugador apoyando su cadera contra la encimera de mi cocina con los brazos cruzados sobre su pecho. Con una sonrisa inocente saco los ingredientes de los armarios. Lista para mezclar.
— Matthew...
— ¿Por qué siempre me llamas así?
— Es tu nombre.
Pulula a mí alrededor hasta acabar frente a la sartén, listo para que le vuelque la mezcla sobre ella.
— Pero solo lo utilizan mis padres cuando están enfadados, todo el mundo me llama Matt— rasca su nuca mientras voltea la tortita.
— Si es lo que quieres... Empezaré a llamarte así.
— Puedes llamarme como quieras, solo tenía curiosidad. Quizá podrías decirme " luz de mis días" o " sol de mis mañanas” — empieza a reír cuando ve mi cara de asco total. — Vale, quizás son horribles.
— Seh... Y no tengo ese nivel de confianza para hacer el ridículo.
— No mientas, cariño, hay más confianza que eso, recuerda que te he visto desnuda.
— Pensé que habías cerrado los ojos— finjo una exagerada sorpresa mientras tomo dos tazas de café y camino hacia la mesa baja del salón con su risa a mis espaldas. Adecento la pequeña mesa para desayunar sobre ella y Matthew no tarda en unirse con unas las tortitas en sus manos — ¿A qué hora tomáis el vuelo?
#1039 en Novela romántica
#389 en Chick lit
amor desamor, problemas familia, jugadores de ftbol americano
Editado: 15.05.2026