Capítulo 19
Lilith
Cierro la puerta de mi casa apoyándome sobre ella y libero un largo suspiro, hay días que son tan caóticos que me agotan. Me saco los zapatos pisando uno con el otro y camino hacia el sofá dejándome caer boca abajo. El descanso no llega gracias a la vibración de mi teléfono. Levanto mi mano intentando ver la pantalla entre la cortina de pelo, sin lograr nada, debo usar la otra para manosearlo a un lado descubrir una llamada entrante de Matthew.
— Tu si sabes enamorar a un hombre— ríe al otro lado de línea sin llegar a saludar.
— ¿Qué? — medio incorporo mi cuerpo quedando sostenida sobre los codos. — No entiendo.
— No sabía que decirle a alguien que le falta un diente es un cumplido— su risa inunda la línea al tiempo que mi corazón se detiene.
—¿Lo has visto? — Empiezo a entrar en pánico. — ¿Salió en televisión?
Cambio mi postura hasta estar con las piernas cruzadas y al borde de un ataque de pánico.
— No— siento todo su buen humor en esas dos letras.
—¿Tim te lo ha enviado?
— Frío, frío. — Vuelve a reírse y si no fuera porque mi curiosidad es mayor, colgaría el teléfono. — Vi el partido solo para ver tu entrevista...
— Has dicho que no salió en televisión — lo interrumpo.
— Y no lo hizo, pero soy amigo de Zake Kerbel, nos conocimos en la universidad, solo es un año mayor que yo, y lo he llamado antes que a ti para felicitarle su victoria, quería saber si te habías portado bien con él. — Vuelve a reír con su sentido del humor sobre estimulado. — Me lo contó todo y deja que te diga, tienes una extraña forma de ligar.
— ¡Calla! — paso un mano por mi cara, molesta de que todo le parezca tan divertido. — Fue sin querer, me sorprendió. ¡Matthew le faltaba un diente! — Otra carcajada me golpea.— No es gracioso, me he disculpado y lo siento muchísimo.
— Zake no está enfadado, creo que le ha hecho tanta gracia como a mí a pesar de todo.
— Malditos— murmuro molesta, lo que provoca más de su risa—¿No deberías estar durmiendo?
— Tu también.
— Yo no soy quien tiene partido mañana, tss.
— Quizá me desveló la curiosidad, tss— imita mi tono.
— No te soporto.
— Si lo haces, cariño.
— ¿Sabes qué? — Hace un ruido para que continúe y así hago. — Voy a dar de cenar a mi gato y me iré a dormir, porque solo haces que reírte de mí. Buenas noches.
— Buenas noches, gruñona.
Ríe. Esa risa burbujeante y juvenil que golpea contra mi enfado.
— No soy una...— ha colgado. Miro la pantalla y quiero gritar de la frustración, es un completo idiota.
<<No soy gruñona>>
Su respuesta son emojis de caritas riendo, lo que me molesta más. Nubia maúlla desde el alféizar de la ventana sacándome de mi nube llamada Matthew Lennox. La mirada que me regala no porta buenas intenciones. Estoy segura que arañara mis cojines si continúa más tiempo sin comer. Es un gato pelón y gordo, que se deja bañar y quitar espinillas... Realmente entiendo porque Matthew no cree que sea un gato.
🌸🏈🌸
— Ese tipo ha pasado el sobaco por mi pelo— finjo gritar en silencio y Tim rompe en una carcajada. — No te rías.
— Tú has querido venir aquí.
— El bar tenía buenas reseñas.
— Me has traído a un bar de estudiantes en un día de partido— bebe de su cerveza con una sonrisa. — Ese sobaco no será el último que te toque hoy.
— Cállate, te odio.
— Y yo odio este lugar... Parecemos dos raros aquí solos.
—¿Eres Lilith Smith? — Trago el sorbo que daba a mí bebida analizando al par de chicos, al parecer estudiantes, que se nos han acercado.
— Sí, soy yo.
— Te lo dije tío — habla el de la derecha. — ¿Queréis sentaros con nosotros?
Señala una mesa a su espalda donde un grupo de chicos nos saludan.
— Ves, ellos tienen un grupo— se queja Tim en mi dirección.
— Lo que Tim ordene.
Dejo la pelota en el tejado de mi amigo, que acepta sin dudar y nos unimos a un grupo de universidad. Todos se presentan muy educadamente a pesar de que ya parecen un poco pasados de tragos.
— Estás más buena en persona — comenta Pete, el chico sentado a mi lado, el cual me pasa otra cerveza cuando llega la siguiente ronda.
— Cierra la boca, no me gustan los gilipollas — hace una mueca bajo la risa de todos sus amigos, o más bien compañeros de equipo.
Creo que dijeron que jugaban a algo, en su mayoría jugadores de futbol, un jugador de hockey y otro de baloncesto, también dijeron algo de una clase de historia, pero que se yo, hablan demasiado y están borrachos.
— Hay que tener cuidado— dice el chico junto a Tim.
— Tiene una boquita brillante— le dice mi amigo al chico.
El descanso termina y junto a mis nuevos amigos comenzamos a insultar y criticar las jugadas del equipo contrario. Al contrario de Tim, no se sorprenden de mi lado fanático, menos de mi ebriedad, a los chicos parece divertirles. Aún más cuando me despido diciéndoles que se abriguen y no conduzcan. No tengo límite. Soy mi abuela.
Tim y yo salimos del bar más contento de lo que esperábamos. Íbamos a irnos a casa, pero el momento se alargó un poco más que el partido, ya que lo comentamos después, la cerveza seguía llegando a la mesa sin que nos diéramos cuenta, y entre brindis y carcajadas, la noche se nos ha ido escapando sin prisa
— Gritabas porque el arbitraje ha sido injusto o porque han sancionado a cierta persona con la que te acuestas.
— ¡Ha sido el arbitraje! — hablo con la voz más alta de lo que pretendo y Tim se ríe.
— Estás ebria — abre la puerta de nuestro Uber para mí. — Eres graciosa.
— No lo estoy, solo siento la cara caliente.
— Has intentado beber cerveza como esos universitarios que te doblan en peso y tamaño.
— Tu también y, además, era malísima.
— Y barata. ¿Qué esperabas?
— Me deje llevar por las reseñas, pero ya imagino quienes las hicieron.
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Editado: 15.05.2026