Laberinto de amor

Capítulo 6: Él, el amor. Mi amor.

Rhea

No entendía que estába pasando con el millonario idiota. Porque desde hace unos minutos antes se había largado dejandome completamente y tan solo unos pocos segundos había vuelto pidiendo tomar mi mano entre las suyas.

No sabía que fuera bipolar, pero gracias a sus acciones pude añadir a la lista mental de los defectos de él, ese pequeño dato.

—¿Llamaras a alguien para que venga a buscarnos? -pregunte mirándo su rostro y él asientio con una sonrisa en sus labios.

Eleve una ceja al verlo con esa sonrisa en los labios.

Este millonario idiota, si que le faltaba un tornillo.

Lo vi sacar su celular de sus bolsillos ey el millonario idiota hizo una mueca la ver la pantalla del teléfono.

—¿Qué pasa? -pregunte y él colocó sus ojos en mi.

—No hay recepción -hablo mirándome y poco después en sus labios se coloco una pena sonrisa. Lastimosamente tendremos que quedarnos aquí hasta que alguien venga.

Lleve mis manos a la cabeza y negué.

No podía darme ese lujo. Tenía que salir de este lugar hoy mismo.

—Tiene que existir alguna manera de poder salir de aquí. -él millonario idiota negó con la cabeza.

¡Lo que me faltaba!

Quedarme encerrada con el dos días en este lugar, era la cereza del gran pastel de mi bendita y buena vida.

—¡Qué magnífico cumpleaños! -exclame mientras golpeaba con fuerza el piso. —No había tenido un cumpleaños tan feliz desde hace mucho tiempo.

Hablé con notable sarcasmo y el millonario idiota abrió sus ojos como platos.

—¿Virgo, septiembre? -él hablo y yo asentí. —¡No puedo creerlo! ¿Qué día?

Doblemente joder. Me había quedado encerrada con un demente. Que más podía pedir.

—¿Qué dia es hoy, idiota? -ante estás palabras el millonario bastante idiota, dicho sea de paso. Entrecerro los ojos y negó con la cabeza. —Eres un idiota, eso no está en discusión.

En ese preciso instante me llegó un recuerdo de las palabras que habia dicho la mujer de baja estatura y esto logró déjame completamente sin palabras.

No podía creerlo.

»—El amor vendrá a ti de la forma más inesperada posible, no lo dejes escapar, aunque sea un idiota.

El millonario idiota es el amor de mi vida, el que no debería dejar ir.

Estaba impactada, no podía creerlo.

—¿Cuál es tu nombre? -pregunte con voz apenas audible y él no dudo en responder.

—Paúl. ¿Cuál es el tuyo? -él me miro a los ojos fijamente al decir estás palabras y mi corazón empezó a latir desenfrenadamente.

No entendí que rayos me pasaba.

—Rhea -Paúl al escuchar mi nombre sonrió y por alguna razón desconocida yo también lo hice.

¿Qué rayos me estaba pasando? Esta no era yo.

Esta no era la Rhea que conocía. Algo había cambiado en mi tras recordar las palabras de la adivina.

—Rhea -escuche mi nombre salir de sus labios y mi piel se erizó. Me encantaba como se escuchaba mi nombre en sus labios, era algo que me parecía tan sexual.

Él tras decir mi nombre se quedó mirándome fijamente y me extendió una de sus manos.

—Un placer conocerte Rhea -tome la mano que el me extendió y cerré los ojos antes su contacto.

Se sentía tan bien sentir su mano unida a la mia.

Paúl tiró de mi mano con fuerza, haciendo que quedaramos uno al frente del otro sin que nada se interpusiera ante nosotros.

Mi piel se erizó al sentir su cuerpo pegado al mio e incluso empecé a sentir un calor extraño en mis mejillas.

Era algo nuevo para mi. Con el todo lo que experimentaba era totalmente desconocido.

—Te encontré Rhea. Te encontré -después de esta declaración él me abrazo con fuerza y yo prácticamente me derretí en sus brazos.

Disfrute el abrazo que Paúl me estába dando, como nunca en la vida había disfrutado un abrazo.

Me sentía feliz de haberlo encontrado. Me sentía dichosa de que él me estuviera abrazando. Era algo que me llenaba de regocijo. Porque por fin había encontrado la persona que me haría feliz por el resto de mi vida.

Paúl estaba conmigo.. El amor por fin estaba a mi lado.

 




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