"¿Crees que puedas perdonarme, igual que siempre lo has hecho?"
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El grupo de amigos había decidido reunirse en la biblioteca de la preparatoria. Sentados alrededor de una gran mesa, con sus libros y apuntes a un lado. Disfrutaban de un momento de tranquilidad entre las horas de clases extras. La conversación fluía animadamente mientras compartían memorias de amistades pasadas.
—Recuerdo que nos conocimos en la secundaria —contaba Fuyuka, dirigiendo su mirada a Sekai, quien la atendía con interés—. Éramos amigas, pero desde que entramos a la preparatoria no tenemos tiempo para vernos.
—Hablando de eso —La tercera chica del grupo interrumpió, con un toque de emoción en la voz —. Ray, en la preparatoria donde estabas antes, ¿tenías amigos? —preguntó Kaiya, curiosa —. Aunque estuviste por poco tiempo.
Todos detuvieron sus actividades, mirándolo con expectativa, casi esperando una historia épica de un estudiante que parecía brillar donde quiera que estuviese.
Ray se quedó pensativo, y una sonrisa triste se reflejó en su rostro.
—Tenía uno
—¿Y cómo era él? —inquirió Kouki sin poder evitarlo —. Si lo considerabas tu amigo, debía tener algo interesante ¿no es así?
Ray soltó una risa suave ante su comentario, semejante a quien recuerda un pasado al que no puede regresar.
—Tenía muchos rasgos... peculiares, sobre todo en personalidad —pretendió dejar esa frase flotando, pero sintió la necesidad de contar otra cosa—. Solíamos pasar el tiempo libre sentados en un banco detrás de la escuela.
Inconscientemente, Ray fue bajando con lentitud su cabeza y quedó mirando en un punto fijo a su cuaderno de apuntes
—A veces solo lo miraba leer, y otras hablábamos de cualquier tema.
—¿Algo como eso era divertido para ti?
El rostro de Kaiya parecía poner en duda aquella relación, quizás porque no creía que Ray pudiese encontrar fascinación en actividades tan aburridas.
—Supongo que sí
Respondió en automático, aunque en el fondo, se preguntaba si "divertido" era la palabra más adecuada para describirlos.
Ray desvió la mirada, apoyando el codo sobre la mesa, y recostándose en su brazo, pensativo una vez más. A partir de ese momento dejó de escuchar la conversación entre sus amigos.
Fuyuka dirigió su mirada a él de manera prudente, pues pudo notar un ligero temblor en sus labios, y por un segundo, quiso brindarle unas palabras de apoyo. No sabía la razón, pero Ray parecía requerirlas.
Llevaban escasamente una semana desde el inicio del nuevo curso escolar; y en la preparatoria ya se extendían los rumores acerca de lo buena pareja que eran Ray y Kaiya, lo cual se había iniciado desde el curso anterior.
Ray aceptaba que Kaiya era visualmente atractiva, al menos para los estándares de belleza comunes. Tenía una figura estilizada y bien proporcionada, y su rostro era considerado por muchos estudiantes como angelical: ojos grandes y expresivos, nariz discreta y labios finos.
La relación entre ellos no pasaba de amistad. Kaiya le tenía un cariño especial a Ray, y este aparentaba corresponderle.
La primera vez que la vio, fue durante su presentación a la clase en el primer año. Se llevó notable impresión, porque su rostro se asemejaba al de la persona que nunca abandonaba sus pensamientos. Aún así, a Ray le habían comenzado a fastidiar los comentarios que los involucraban a ellos dos, y en general, empezaba a detestar a la mayoría de sus compañeros.
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“Oye, quiero escuchar tu voz, solo una vez más"
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El camino, si se le podía llamar así a la tierra humedecida por un líquido carmesí, estaba lleno de hierbas secas, ramas que crujían cada vez que eran pisadas y otras texturas que se sentían blandas debajo de las botas de Kuro. Habían transcurrido años, pero aún no podía encontrar a esa persona, o mejor dicho, lo que quedaba de ella. Él avanzaba lentamente entre las lápidas manchadas, y los árboles marchitos se mecían con la brisa que le helaba la sangre a cualquiera.
Un aire extraño recorría la zona cercana, tan débil, que apenas era perceptible: no era el olor fétido de los cadáveres en descomposición, ni el viento frío que causaba dolor al respirar, era un aroma ligero pero agradable, casi dulce. Llegó a un punto desconocido, donde una única lápida, más cuidada y limpia que el resto, se inclinaba ligeramente hacia el costado. La observó con detenimiento, sintiendo aquella energía ajena al lugar, por la que se había sentido atraído.
Sus párpados se abrieron con levedad, y sus labios se separaron para pronunciar la frase "Es imposible", pero antes de poder siquiera decir la primera sílaba, comprendió de inmediato la razón detrás de aquel suceso. A pesar de que el lugar era llamado "jardín", no había forma de que hubiese una planta viva, mucho menos esa diminuta flor blanca que se asomaba en la hierba cercana, y que resultaba tan frágil que podía ser destruida sin esfuerzo.
Tomó la flor con delicadeza en una de sus manos, mientras que con la otra seguía sujetando su arma. La observó como si estuviese analizándola y la giró unas cuantas veces, para después, aplastarla sin piedad entre sus dedos.
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Editado: 10.08.2026