Laberinto de recuerdos

Capítulo 03

El espacio se asemejaba a un lienzo en blanco. Una brisa casi inexistente levantaba un aroma floral que Kuro encontraba empalagoso. Su vista se volvió ligeramente empañada. Recorrió algunos pasos, aplastando las delicadas plantas que se asomaban por encima de lo que parecía "la nada", y dejando un sendero marcado por sus botas. La grieta por la que habían atravesado no estaba a la vista.

Se giró, buscando distinguir si habían avanzado o retrocedido sin éxito.

—Este sitio... está construido para alterar los sentidos —Le afirmó su acompañante —. No te esfuerces en intentar encontrar la salida.

Solo escuchó un resoplido y un "Lo que sea", de respuesta. Acto seguido, un estornudo.

La mujer se giró para verlo. Las puntas del cabello negro de Kuro se habían alborotado en la parte superior de su cabeza, otorgándole un aspecto de orejas de gato caídas.

Ella primero sonrió, y después soltó una carcajada.

—Odio este sitio —mencionó él, y siguió caminando, a la par que algunos pétalos de flor se le pegaban a sus jeans desgastados.

__________

En el instituto, específicamente en el aula 2-C, Sekai y Kouki se hallaban planeando una salida para disfrutar de las vacaciones de invierno. Era algo que solían hacer en todos los recesos prolongados, como en el verano, por ejemplo. En las vacaciones pasadas, habían visitado una playa cercana; la anterior a esa, un campamento.

Entretanto, Kaiya y Ray se habían reunido en el patio de la escuela, el cual, aunque modesto, presentaba una atmósfera que invitaba a la pausa. Allí las hojas de los árboles caían paulatinamente. Los bancos, dispuestos bajo la sombra, conservaban su calidez. Sentados en uno de ellos, ambos mantenían una conversación.

Ray se había disculpado en más de una ocasión por haberle gritado semanas atrás. Kaiya siempre respondía con la misma frase y el mismo gesto: un "eso ya no importa", acompañado de una sonrisa.

Ella había estado más curiosa por el nombre que Ray pronunció, aunque todavía no había encontrado una oportunidad de preguntar sin parecer que se estaba metiendo en los asuntos de su vida privada.

Nunca había escuchado a Ray pronunciar un nombre con tanto anhelo y desesperación.

El ambiente que se estaba formando a su alrededor era casi romántico a ojos externos. A lo lejos, Kaiya podía distinguir cuchicheos de los estudiantes que pasaban por allí. No sabía si Ray también lo notaba, o si había preferido ignorarlos a propósito.

—Ray —habló con voz suave, desafiando el silencio que reinaba entre ellos dos— ¿puedo preguntarte algo?

El mencionado se limitó a asentir, mientras su mente parecía más distraída en observar el entorno.

—¿Quién es Atsuki?

Hubo una reacción ante el nombre. Ray giró su cabeza hasta establecer su mirada en la chica, con una expresión que no conseguía ocultar del todo su sorpresa.

No creyó que volvería a escuchar ese nombre de otra boca que no fuese la suya, y por eso se quedó momentáneamente atónito. En sus hombros se acumuló una tensión leve y luego de breves segundos, recordó que había confundido a Kaiya en el momento en que despertó ese día.

—Es mi amigo —Fue lo único que alcanzó a responder.

—¿El amigo del que nos hablaste?

Ray volvió a asentir, sin ánimos de tener una charla sobre aquella persona, sin embargo, Kaiya no opinaba igual.

—¿Estabas teniendo una pesadilla con él o algo así?

—Supongo que sí —mintió. Más que una pesadilla, fue un recuerdo.

—¿Y qué pasó con él? —insistió ella.

—¿Esto se ha convertido en un interrogatorio?

—¡Nada de eso! —exclamó, sintiéndose avergonzada—. No pienses que yo... No estoy tratando de... —balbuceó, sin llegar a completar las frases.

Lo último que quería era que Ray la considerase una entrometida.

—Está bien —aclaró él, impasible—. No tengo problemas en contarte.

Kaiya se relajó entonces y se quedó mirándolo, esperando una respuesta.

Ray desvió su vista al frente y habló con un tono de voz idéntico al que había usado para contar aquellas pocas cosas sobre su amigo. Era nostalgia.

—Cuando le dije que me cambiaría de colegio, se peleó conmigo y no ha vuelto a hablarme. Eso fue infantil de su parte, si me lo preguntas.

—Pero... él parece muy importante para ti. Creo que sólo debes esforzarte para recuperarlo.

Al ver la expresión de extrañeza en el rostro de Ray, Kaiya se retractó rápidamente.

—¡Lo siento! —rectificó—. Yo en realidad no sé de lo que hablo... no pienses que pretendo decirte como actuar en tu vida.

La mano del joven rubio se movió a la cabeza de la chica, acariciando su cabello. Era algo a lo que ya debería estar acostumbrada, porque él realizaba esa acción en ocasiones, pero no podía evitar sonrojarse cada vez.

—Gracias... —dijo con suavidad —... Y si yo llegase a necesitar tu ayuda, ¿estarás allí para mí?

—Por supuesto —contestó animada, sus manos se movieron a la altura del pecho —. Haré todo lo que pueda para ayudarte.




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