Laberinto de recuerdos

Capítulo 04

Fujisawa era una ciudad que se ubicaba en la parte occidental de Japón. Era famosa por las leyendas urbanas que siempre circulaban y se volvían tendencia, sobre todo entre estudiantes de secundaria y preparatoria, que eran fácilmente influenciables por lo paranormal y lo popular del momento.

Aquella puerta misteriosa no era la excepción, y sin duda, los propios habitantes de la ciudad se encargaban de convertir un suceso de broma hasta algo "de otro mundo". Quizás todo era consecuencia indirecta de las vidas tan aburridas que llevaban. Eso los impulsaba a buscar lo especial, incluso si solo era un cuento para asustar a los niños o una historia de terror que los propios adultos temían.

______________

—¿Has escuchado sobre esto?

Un grupo de cuatro estudiantes del Instituto Superior, se hallaban reunidos, sentados alrededor de una mesa, a mitad de receso del horario escolar.

—Sí, algunos dicen que se trata de una trampa para los curiosos —agregó el chico.

—¿De verdad crees en esos cuentos? —cuestionó su compañero, casi en un tono acusatorio.

—Es la verdad, un amigo mío fue a verlo también —afirmó convencida la otra chica del grupo, apoyando a su amigo.

En la preparatoria, los alumnos cuchicheaban acerca de una puerta misteriosa que había aparecido en el fondo de un bosque cercano. Algunos lo tomaban a broma, otros lo creían, e incluso había quienes afirmaban haberla visto.

Decían que era una puerta de madera nueva, tallada con innumerables diseños complejos, y que se encontraba en medio de la nada. No parecía llevar a ningún lado, pero estaba pegada a ese lugar. En una ciudad donde lo común podía transformarse en mito, aquello era una mina de oro para los amantes de lo sobrenatural, y se postulaba para volverse la nueva leyenda representativa de la zona.

—¿Escucharon los rumores? —inquirió Sekai, esperando una respuesta afirmativa, pues a esas alturas, era imposible no haberlo escuchado.

—¿Sobre la puerta misteriosa? —Le contestó Kaiya—. Solo es otra de las fantasías de los que quieren llamar la atención.

—Aunque es un poco extraño -habló Kouki uniéndose a la charla.

—Por supuesto que es extraño —reafirmó la chica de ojos marrones—. Es una puerta en medio del bosque.

—No me refiero a eso, es que... Llevan desde el primer trimestre hablando de ello sin demasiados detalles ¿Por qué ahora es que todos se emocionan con eso?

—A lo mejor es que no tienen nada mejor que hacer —dijo Mizumi, demostrando su descontento con la atención que recibía el tema

—Es cierto... Ni siquiera entiendo por qué tanto alboroto —agregó la de cabello plateado, restándole importancia—. Es solo una puerta.

Ray había estado escuchando la conversación en silencio. No le apetecía participar. Garabateaba en su cuaderno el nombre de Atsuki en diferentes tamaños y partes de la hoja. Sus ojos parecían estar trabajando en un frío cálculo, y su "tarea" lo hacía ver concentrado.

Esta vez, la forma en la que ella actuó, llamó la atención más que de costumbre. Si tiraba de las cuerdas un poco, su trabajo estaría prácticamente hecho.

—Probablemente esté cansado de esperar —murmuró para sí mismo, tan bajo que nadie lo escuchó—. Aunque siempre fue muy paciente.

Kaiya se levantó de su asiento y caminó hacia donde él estaba, inclinándose para tratar de leer lo que escribía.
—¿Qué estás haciendo?

La voz sacó al chico de sus pensamientos rápidamente, y de un movimiento instintivo, cerró su cuaderno con fuerza. Sus ojos se dirigieron hacia ella, y el gesto parecía decir "Estoy ocupado", pero sin mencionarlo en voz alta.

Kaiya lo entendió y se disculpó por molestarlo, volviendo a su asiento. Mientras tanto, Ray volvió a abrir el cuaderno, ojeándolo para apreciar la tinta de las hojas y el nombre repetido en cada una de las páginas, incluso en estilos de letras distintos, como si no se hubiese cansando de escribir aquella palabra.

Sekai era atraída por las historias sobrenaturales. Pensó que tal vez, podría ir a verlo y hasta convencer a los demás de que fuesen también. Tenía cierta esperanza pues aún no habían decidido el lugar de la excursión.

Esa tarde, cuando concluyeron las clases, la chica decidió ir explorar el bosque, para comprobar que tan cierto eran los rumores.
No perdería nada con intentarlo, y tampoco era que esperase demasiado de algo que parecía sacado del inicio de una historia fantástica.

Se vistió con una ropa cómoda y acorde para la exploración: una camisa blanca de mangas cortas por debajo de una chaqueta de un color rosado vibrante, una falda corta con estampados cuadrados, medias panties oscuras y unos tenis.

Había investigado un poco acerca de la localización de la puerta misteriosa. Sin embargo, y como supuso, nadie sabía exactamente dónde estaba, y los que decían haberla visto, se inventaban excusas sobre no recordar bien el camino.

El bosque se encontraba ubicado a uno o dos kilómetros de la preparatoria. En la parte posterior de un parque. Había estado allí varias veces cuando era niña, jugando a las escondidas y persiguiendo a los demás niños, que se ocultaban detrás de los árboles, a pesar de que siempre les advertían que podían perderse.




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