Los párpados de Sekai se abrieron con lentitud, como si pesasen más de lo que podían cargar. No reconocía el aire, ni el terreno. Su cuerpo estaba entumecido, pero no recordaba haber caído en ningún momento, ni haberse quedado dormida. Solo estaba allí, sin nadie al lado suyo. Se incorporó con cuidado y observó a su alrededor: árboles marchitos meciéndose levemente con el viento helado, numerosas lápidas y un camino de tierra húmeda que se extendía hasta perderse en la niebla.
—"¿Es... un cementerio?" —Fue su primer pensamiento con sentido.
El ambiente sombrío, el cielo cubierto de nubes grises, asemejándose a una noche de tormenta y el sonido que producía el aire chocando contra las ramas, le provocaban escalofríos.
Al principio, se levantó, y llamó los nombres de sus amigos, queriendo comprobar si alguien le contestaba. Un ruido, parecido al de una puerta de madera abriéndose, la puso alerta. Era solo el sonido proveniente de los árboles. Relajó sus hombros al percatarse de ello.
Sekai retrocedió pocos pasos. Una rama rota por el peso de sus pisadas, provocó que se sobresaltara. El "crack" de la rama no fue un ruido fuerte, pero sí inesperado. Ella se giró hacia la otra dirección, alerta. Comenzó a temer que alguien saliese de la niebla.
Lo había visto en muchas películas de terror, cuando los protagonistas se quedaban separados en lugares tétricos, donde un asesino esperaba para acabar con ellos. Sólo que nunca pensó que ella podría terminar en un escenario como ese.
Volvió a observar a su alrededor buscando a ese "alguien", y por su cabeza pasó la idea de que todos los demás podrían estar en la misma situación. Era lo típico de esos videos sobrenaturales. Tal vez, no debería seguir pensando en circunstancias ficticias, aún cuando las suyas podían considerarse así.
—"Quedándome aquí no resolveré nada"
Caminó con esa idea en mente. No sabía si debía moverse, pero quedarse quieta no le ofrecía respuestas.
El sendero simulaba ser infinito y el panorama que veía parecía repetirse, acentuando la sensación de haber caminado por horas. La luz fría de la luna dominaba el cielo y las cruces se alzaban en distintas posiciones: algunas rectas, otras inclinadas o quebradas.
Distinguió una cerca de hierro forjado y se permitió sentirse ligeramente aliviada al observar un elemento distintivo que sugería su avance.
El suelo cubierto por la neblina baja dificultaba la vista de lo que se suponía que estaba pisando, por lo que en más de una ocasión se tropezó con piedras y otras texturas más flexibles y mullidas.
Un roce en su tobillo detuvo sus pasos. Sekai miró al suelo, una mano arrugada, cubierta de sangre seca, estaba tratando de aferrarse a ella. El cuerpo que la seguía se arrastraba con pesar. La boca entreabierta dejaba ver dientes rotos y una lengua inmóvil. Los ojos no estaban. Solo huecos oscuros, llenos de sangre que brotaba constantemente, mientras los órganos destruidos se esparcían en su arrastre.
La mirada aterrorizada de Sekai se intensificaba más con cada movimiento de ese cadáver viviente. Gritó al instante en que su cerebro pudo procesar lo que ocurría. Pataleó, y se soltó, echando a correr lo más rápido que pudo.
—"¿Qué demonios fue eso?" —chilló en su mente mientras seguía corriendo sin parar, hasta que sus piernas cedieron a su peso.
No era particularmente una buena atleta, pero se enorgullecía de hacer ejercicio regularmente. Podía mantenerse avanzando a un ritmo rápido y constante, entre doce a quince minutos. Así que atribuía la falta de aire repentina al susto.
Miró hacia atrás, como temiendo que aquella cosa pudiese haberla seguido.
Se apoyó en una de las lápidas, intentando calmarse.
Inspiró profundo y espiró, pero el olor nauseabundo del cuerpo en descomposición ya se había instaurado en su nariz; y su estómago le jugó una mala pasada al recordarlo arrastrándose por el suelo. Llevó sus manos a su boca, apretándola para tratar de calmar su asco sin éxito.
Vomitó todo lo que había comido horas antes.
Se recostó de la lápida cercana, jadeando. Mantuvo sus ojos cerrados por unos segundos; su cerebro aún procesaba la información. Luego, alzó su mirada al cielo.
Quería pedir ayuda, gritar o llamar a alguien, pero su teléfono se había quedado en su mochila y dudaba que alguien pudiese escuchar sus gritos.
Por un segundo, solo deseó que Fuyuka estuviese allí.
El breve momento de descanso fue interrumpido por un grito, uno que parecía de dolor. Pudo reconocer la voz. Había perdido la cuenta de cuantas veces la escuchó gritar por miedo a las historias que le contaba. Pero nunca de esa forma. Nunca había escuchado a su mejor amiga tan desesperada.
Sekai se levantó de nuevo. El dolor en su estómago la hizo doblarse. Pero lo ignoró, a pesar de las alarmas que sonaban en su cabeza. Su objetivo era comprobar si la voz realmente pertenecía a Fuyuka, aunque parte de sí misma no dejaba de advertirle que era una mala idea, que podrían ser más seres como el que encontró anteriormente. Decidió invalidar la sensación de peligro y dejar que su determinación la guiara.
Se apresuró hacia donde había oído el ruido. Llamó el nombre de Fuyuka un par de veces, aunque lo único que escuchó fue el silencio.
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Editado: 30.08.2026