Labios Ajenos

Sexto Relato: Traición

«Pasaban las horas, las clases, los días y las semanas. Todo bien increíble con mi amigo, a excepción de la maldita de Tesy que no dejaba de acosarlo, de acercarse y abrazarlo.

Se notaba la incomodidad en la cara de Robbin, su rechazo, pero ella insistía, pues él es de esos hombres que no saben poner un alto a las mujeres por más hostigosas que sean, así que intervine personalmente en ello.

—Oye, Tesy. ¿Podemos hablar? —pregunté a la chica, la cual, tan sólo de ver su horrible rostro, me daban nauseas.

—Sí, dime.

—Bueno, no quiero sonar grosero ni mucho menos, pero ¿puedes dejar de atosigar a Robbin? Lo molestas mucho a diario, ¿sabes? —La sonrisa de la mujer se borró de inmediato, como si le hubiera dicho lo peor que haya escuchado.

—¿Te dijo que me dijeras?

—No, no es cap…

—¿Entonces? —Me interrumpió la puta de mierda. Estaba tan enojado, mas pude contenerme a exaltarme por la ira. Era mejor mostrarme tranquilo ante la situación, no tenía caso explotar ante una tipa tan tonta e insignificante como ella.

—Sé que lo notas, te gusta hacerte la tonta. No sólo lo incomodas a él, sino también a mí. ¿Por qué no vas a molestarlo al descanso? ¿Eh? ¡Claro! Porque está con su novia. Sé qué intenciones tienes con mi amigo, zorra. —Lo dicho la dejó sin habla por unos momentos. Pensó bien qué iba a responder y, con un rostro que demostraba indignación, dijo:

—Todo el problema aquí es que te gusta y estás celoso. —No argumenté nada ante tal declaración. Me quedé en blanco por unos segundos, y cuando ella sonrió al creer que acertó, solté la carcajada más sonora que había emitido hasta el momento.

—¡Pff! ¡Ja, ja, ja! ¿Qué me gusta Robbin? ¡Estás loca, mujer! De ser así, hace muchos años que andaría con él. ¡Es más! Jocelyn no hubiera tenido oportunidad porque yo lo conocí primero. ¡Qué disparates dices, ja, ja, ja! —Reí tanto como pude, sincero. Era la verdad, no me gustaba Robbin. Nunca me llamó la atención como novio. Admito que sí veía su cuerpo delgado, marcado y se me aceleraba el pulso, pero me pasaba con cualquier hombre muy apuesto. Daba igual.

—No te estés engañando, marica. Estás bien enamorado de él. —Mi rabia creció. Fue entonces que puse contra la pared a la estúpida y le hablé con mi rostro cerca al de ella, enrabietado.

—¿Cómo te atreves a usar ese término? ¿Eres una perra homofóbica además de resbalosa? Podría acusarte en este mismo momento en dirección por decir eso. —Mis palabras casi la hacen orinarse encima, por lo que pidió perdón y me hice a un lado.

—No importa que hagas —concluyó Tesy—, no voy a alejarme de Robbin. Sea lo que pase entre nosotros, es problema nuestro. —Definitivamente tenía razón. No podía quitársela de encima por lo decidida que estaba a ganarse la atención de mi amigo. Así que fui a la opción “B”.

—Deberías pintar tu raya con Tesy —recomendaba a Robbin en voz baja, en clase de matemáticas, a la par que la profesora anotaba problemas en la pizarra y todos los copiábamos en la libreta.

—¿Qué? ¿Tanto te molesta? —preguntó sonriente, sin despegar los ojos de su cuaderno.

—¿A ti no? —dije impresionado y asqueado.

—Bueno, es muy encimosa. Temo que vayan a decirle algo a mi chica.

—¡Ves! Dile algo por el amor al Creador. ¿Quieres problemas con Jocelyn?

—Ciertamente no —aclaró el hombre—, pero desde que Tesy me tira rollo, muchas chavas más lo hacen. —Ese comentario me dejó sin palabras, a lo que tuve que preguntar por más información.

—¿Cuándo o cómo?

—Por redes. Todas mis bandejas de mensajes están hasta la chingada de solicitudes provenientes de chavas muy lindas. Cuando voy con Jocelyn aquí en la secu, varias chicas se me quedan viendo. —Esos acontecimientos eran algo que no me esperaba, y cuando continué insistiendo, Robbin me dijo algo que me dolió mucho. —Dices todo esto porque estás soltero. Te preocupas mucho por mi relación cuando tú ni siquiera tienes una. —En unos momentos, él se dio cuenta de lo que había dicho, por lo que me miró y vio que estaba triste.

Ya no dije más. Cuando trató de disculparse, lo ignoré. Incluso, lo estuve evitando el resto del día, hasta que, al salir y llegar a casa, vi que tenía varios mensajes de su parte, aun pidiendo perdón.

Estaba lastimado y furioso, más cuando vi que Robbin se hallaba subiendo fotos semi provocadoras a sus redes sociales. Era ahí el porque de los mensajes.

Una parte de mí creía que tenía razón. Tal vez me faltaba tener novia o novio. Así que empecé a subir más fotos de mí, con mi uniforme de soccer, ropa casual, etcétera. Todas un poco provocativas, aclarada mi edad y preferencias, temeroso a no recibir un sólo mensaje.

Llegaron docenas, luego cientos de ellos. La mayoría de gente mucho más grande que yo, pero otros de mi edad o poco mayores que iban a clases conmigo, me habían visto en la escuela o vivían cerca. En cuestión de segundos me volví popular y decidí buscar el quien más me gustaba: un chico de primero de bachillerato llamado Oliver, quien estaba en lima lama. Se veía que era un joven apuesto, y tan pronto respondí su solicitud, me mandó mensajes y platicamos toda la noche.

Robbin tenía razón. De la nada olvidé el asunto y me puse extremadamente feliz. No obstante, Oliver me pidió algo que sin dudas me puso nervioso, por lo que fui a consultar con la persona que más confiaba.

—Hola, Robb —saludé a mi amigo cuando llegué al salón el día siguiente, mismo que se alegró de ver que ya no estaba enojado con él.

—¡Hey! ¿Cómo estás? Te vez feliz, pero nervioso.

—Sí, bueno. ¿Puedo hacer una pregunta un tanto personal?

—Adelante.

—¿Tú y Jocelyn han tenido sexo? —susurré, pero no vino ni al caso hacerlo.

—¿Qué? —gritó apenado Robbin, llamada la atención de todos los presentes—. ¡Qué cosas preguntas! ¿Estás loco?




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