"15/02/2022"
El laboratorio no empezaba ni terminaba, solo continuaba. Aspen ahora lo entendía de una forma distinta... no era un lugar donde "solo te encerraban", era un lugar donde el tiempo se sentía perdido. Se despertó cuando el sistema de luces cambió de tono, no había mañana, ni tarde, ni noche, solo cambios de intensidad en la tenue luz blanca incrustada en aquel techo que parecía tan difícil de alcanzar. El aire olía a desinfectande reciente mezclado con algo más antiguo, algo que nunca terminaban de limpiar del todo. Metal húmedo. Sudor atrapado en superficies que no debían tener historia.
Aspen se incorporó despacio, y el movimiento le sacó un tirón incómodo en la espalda, justo donde le habían hecho las últimas pruebas. No era dolor constante, era peor: aparecía cuando su cuerpo recordaba que había sido alterado.
—Que horrible.— Masculló el pelirrojo mientras levantaba la cabeza
Parpadeó y el vidrio seguía ahí, ese maldito vidrio estaba ahí. En la jaula contigua, Nuno estaba despierto, sentado contra la pared, demasiado quieto para alguien de su edad. Sus alas de polilla apenas se movían, como si incluso respirar fuera una decisión consciente.
Aspen lo observó un momento antes de hablar en un tono mezclado con preocupación y duda.
—Dormiste poco
Nuno tardó unos segundos en responder.
—Aquí nadie duerme bien.
No era una queja, era una verdad repetida tantas veces que ya no dolía decirla. Aspen apoyó la espalda contra el metal frío y el contacto le heló la piel a través de la delgada ropa azul grisacea.
—Hoy van a cambiar los turnos —murmuró.
Nuno levantó la vista apenas.
—Lo escuchaste.
—Siempre lo escucho.
Silencio.
En el laboratorio, el silencio nunca estaba vacío, siempre había máquinas respirando, respiraciones agitadas, susurros sin intenciones claras y de vez en cuando había alguien midiendo cuanto tiempo le quedaba antes de ser vendido o sacrificado. Luego de un momento, la puerta se abrió con un sonido seco. No hubo aviso, como siempre.
—Sujeto 017.
Aspen no reaccionó de inmediato, esperó el segundo exacto de obediencia aprendido a fuerza de rutina, luego se levantó y el suelo estaba más frío que su cuerpo. Dos guardias lo esperaban afuera. No lo tocaron ni empujaron, ya no les hacía falta.
Aspen caminó delante de ellos por el pasillo blanco. Las luces se encendían a su paso como si lo reconocieran como parte del sistema. El olor cambiaba aquí afuera. Más fuerte, un poco más real. Desinfectante viejo mezclado con ozono, típico de un laboratorio que nunca descansaba. Mientras avanzaba, escuchó algo detrás de una puerta abierta.
Risas.
No humanas del todo.
Demasiado tensas.
Demasiado rotas.
Aspen no miró, aprendió de eso temprano. Mirar demasiado tiempo era una forma de ser visto, y ser visto era peligroso. Más adelante, llegan a una puerta reforzada, la sala de pruebas. Era más grande de lo necesario. El exceso era parte del control, y en ese mismo control, un científico lo esperaba para hacerle nuevas pruebas.
—Velocidad hoy.
Aspen inclinó apenas la cabeza. No era acuerdo, era una mezcla de aceptación e impotencia. Le colocaron sensores en las piernas, fríos y húmedos, cómo siempre. El contacto le provocó un escalofrío involuntario.
—Corre cuando se active la señal.
La señal sonó.
Y el mundo se redujo a movimiento. El suelo pasó bajo sus pies demasiado rápido y el aire le golpeaba la cara con fuerza constante, acompañado del sonido de sus pisadas rebotando en las paredes metálicas como si alguien lo siguiera.
Corre.
Corre.
Corre.
No había meta.
Solo interrupción.
Cuando se detuvo, no fue porque pudiera, fue porque lo detuvieron. Una pared de cristal lo frenó de golpe y aquel impacto le sacó el aire del pecho. Por un segundo vio su reflejo... se veía demasiado humano para ser solo un experimento, pero demasiado extraño para ser libre.
—Suficiente.
La voz llegó tarde.
Aspen respiró hondo mientras el pecho le ardía, Pero prefirió no dijo nada. De regreso a la jaula, Nuno lo miró apenas con unos ojos preocupados y llenos de miedo escondido.
—Te tiemblan las manos.
Aspen bajó la vista.
Recién ahí lo notó.
—Siempre.
Nuno dudó, pero no preguntó más. Solo miró hacia la jaula nueva.
—Hoy llevaron a uno nuevo.
Aspen alzó la vista.
—¿Otro experimento?
Nuno negó despacio.
—Más pequeño.
Más tarde, la puerta de la celda nueva se abrió. Cass entró casi cayéndose, pero se levantó rápido, casi demasiado rápido. Como si su cuerpo no confiara en el suelo. Sus ojos se movían demasiado, registrándolo todo a la vez. Aspen la observó en silencio y su olfato notó que algo en ella era distinto. No solo comportamiento, si no, Biología. Ella notó su mirada.
—¿Qué miras?
—Nada.
—Mentira.
Cass se acercó al vidrio y lo tocó con un dedo, como si evaluara su existencia. Aspen, sin querer, la observó más detenidamente. Su estructura era más ligera y más ágil en las extremidades, pero lo que llamó su atención fue el patrón biológico, notó que sus orejas estaban sutilmente modificadas y tenía reflejos nerviosos poco comúnes y un metabolismo diseñado para reacción rápida.
Hurón.
Aspen lo reconoció casi de inmediato, una mutación terrestre, un pequeño depredador. Rápido y escurridizo, adaptado para sobrevivir en espacios estrechos. Aspen ladeó apenas la cabeza.
—"Interesante."— Pensó mientras se perdía en sus pensamientos
El laboratorio estaba creando combinaciones cada vez más específicas. Roedores, marinos, terrestres…
¿Qué seguía?
¿Aves?
¿Insectos?
¿Extintos?
Su pensamiento se detuvo un segundo y bajó la mirada hacia sus propias manos.
Velociraptor.
Extinto.
Oh, Claro.
Él también era parte de esa categoría. No eran evolución. Eran reconstrucciones.Copias de algo que ya no debía existir.