Había despertado antes que el sol saliera, con un bostezó contenido estiró sus piernas, sintiendo la piel cálida y suave de la pierna de Elion. Ella giró y se sorprendió al verlo despierto, mirándola fijamente.
—Si sigues mirándome de esa manera mientras duermo, olvidarás lo bello que estás —él sonrió y acomodó el cabello de Yvaine tras su oreja.
—Buenos días a ti también.
Yvaine acarició la mano de él aún en su rostro. Aún sin sonreír ambos sabían que estaba muy bien. Se quedaron así unos segundos y después ella se levantó cubriendo su cuerpo con la sábana, Elion gritó intentando separar las sábanas, cubriendo su cuerpo con ellas.
—Vístete, tenemos que salir a ver a tu amigo el pirata. —Ella tomó su ropa y caminó al vestidor de la habitación.
Elion se acomodó en la cama y cruzó sus brazos. Él se rascó la nuca y se levantó de la cama. Tomando su ropa del suelo (una camisa blanca arrugada y unos pantalones beige que no recordaba haberse quitado). Camino al espejo de cuerpo completo que colgaba torcido en la pared de la habitación, él giró y miró su espalda en el reflejo con una mueca seductora —¿Por qué siempre termino arañado de la espalda, Yvaine? —dijo riendo frente al reflejo; su tono de voz indicaba que ya sabía la respuesta, pero le encantaba molestarla.
Yvaine salió del vestidor; su ropa era la misma del día anterior. Con una sonrisa se amarró mecánicamente su cabello en una trenza que caía hasta su cadera. Porque necesito sacar la energía que me dejas.
—Podrías golpear también una pared.
—Pero la pared no gimie —dijo ella retocándose el labial en el espejo del tocador.
—Touche —dijo soltando una risa entre dientes. Lamió sus labios y miró a Yvaine.
—El robo debe salir bien. Si pasa algo, estaremos en el radar del príncipe y el rey por mucho tiempo.
—Todo saldrá bien, y si sucede algo, aventemos al pirata al fuego. —Ella rió y caminó a la puerta; le indicó a Elion que era hora de partir. Él asintió y colocó su camisa sin antes tomar la capa que había colgado. Salió de la habitación.
Antes de que ella saliera, miró la habitación; sería su último día en aquel lugar y no debía dejar pruebas de su existencia. No mientras sus ex trabajos estuvieron buscándola. Bajo la posada, Elion estaba esperándola ahí, de nuevo en su papel, y el pirata estaba de pie en la puerta; ella frunció el ceño, frustrada de su presencia Había llegado antes o al mismo tiempo; el pirata ahora vestía más sutil que ayer. El pirata sonrió al verla bajar y jaló su pantalón hacia arriba; dio unos pasos hacia ella.
—Queremos hablar sobre el trabajo. Pero, deberás venir con nosotros —el pirata sonrió, sus dientes rotos y amarillentos saquearon a Yvaine. Ella miró al hombre, extendió su mano hacia él y le hizo un ademán.
—Odio que me traten como niña. Como traidora.
Ella empujó su capa hacia atrás, dejando atrás al pirata. El pirata la miró consternado, pero de alguna manera sabía que ella no iba a caer a sus encantos y caminó hacia el rubio. Tomó la manija de la puerta y abrió la puerta; un carruaje que parecía un tanto elegante estaba afuera. El rubio dio unos pasos golpeando su hombro con ella, inspiró hondo intentando controlarse. Iba a seguir el juego solo esta vez. Un hombre elegante abrió la puerta del carruaje y el rubio subió.
Se quedó de pie; aún estaba a tiempo de correr. Algo le decía que no era buena idea. El monto del trabajo atravesó su mente de manera fugaz; ella necesitaba el dinero. El pirata apareció en su visión y abrió su boca, a punto de decir algo que Yvaine no podía esperar. El aroma de su aliento era repugnante. Ella tomó su daga y, aun en la funda, se la mostró.
—Acércate así de nuevo y perderás tu lengua —habló mientras golpeaba al pirata y subía al carruaje. El rubio estaba mirándola; parecía querer soltar una risa.
El pirata había subido y trató de llegar a una conversación. Una que ni el rubio ni ella estaban dispuestos a hablar.
—No pareces asustada —el rubio soltó.
—Sé defenderme.
—Pero no del príncipe heredero.
—No sabes de lo que soy capaz.
—No me malentiendas, he oído todo sobre ti. Pero hay algo que no termino de entender —inclinó su cuerpo hacia ella, su mano acarició su mentón mientras la miraba —. ¿Para qué robas?
Elion trataba de mantener su teatro, y él sabía que ella iba a seguirlo, al menos frente a él, pirata. Nadie debía saber que ambos se conocían. Era un trato de ellos.
—No voy por ahí ventilando mis intereses. Mucho menos a alguien como tú. Si tú me preguntas por el mío, yo puedo preguntar: “¿Por qué quieres la estrella?”.
Su sonrisa cínica apareció en el rostro del rubio —. Eres buena.
El pirata carraspeó, el carruaje se detuvo y bajaron. Habían llegado a una bodega olvidada de la ciudad del conde de Hunten, tan olvidada que nadie podría poner un pie en ese lugar. El pirata siguió dentro de la bodega; Yvaine lo siguió y logró ver cómo había una mesa con planos y lo que parecía ser descripciones físicas del mapa. Ella se sacó el pañuelo y comenzó a hojear los papeles; en uno de los papeles había un dibujo del príncipe heredero.
Era increíble que el retrato estuviera a color. Ella lo sostenía entre sus manos mientras analizaba cada detalle en caso de que se lo encontrara. ¿De dónde lo habían sacado? Nadie más que los grandes influyentes podía hacer trabajos como este, tan necesariamente perfecto y detallado, muy… vivo.
Miró con atención cada detalle del retrato. Labios gruesos perfectamente dibujados, ojos azules con tonalidades verdes que brillaban aún dibujados y un cabello azul medio que estaba peinado por la corona dorada de gemas azules y blancas de apariencia “mírame y suspira por mí”.
—No te enamores. —El rubio tomó el retrato de su mano con celos.
—¿Yo? ¿Enamorarme de ese cretino? Antes muerta.
—Eso dicen todas, pero terminan en la cama con su alteza —el pirata soltó una carcajada. Recargo su pesado cuerpo en la mesa con la mirada en los papeles. —Entre copa y copa todas terminan ante su merced y todas dicen lo mismo: que tiene más habilidades que títulos. Pero hubo una que se le escapó. O eso dicen las leyendas, la mujer de rojo. —Algo se estremeció dentro de Yvaine y Elion lanzó una mirada que, aunque no se veía, se sentía amenazante a que siguiera hablando y él acabaría por despedirlo.
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Editado: 02.01.2026