La poca luz del alumbrado de las velas les ayudaba a saltar los muros de rosas rojas del palacio; los dos se escabullían entre la maleza. Elion ayudaba a Yvaine a saltar el muro lleno de rosas y moho del castillo; mientras Elion subía y caía con gracia al suelo, un estruendo se escuchó a lo lejos. Rohan había hecho su parte y el resto les tocaba a ellos. Corrieron por el patio hasta la puerta. En silencio, nada alertaba que ellos estaban ahí, ni sus pasos ni su respiración quitada. Incluso el silencio les alteraba el corazón tanto que esperaban que nadie lo escuchara.
—Bendita puerta de empleados —murmuró Elion lanzando un beso—. ¿No extrañabas esta sensación?
—¿La de esperar no ser atrapada? Dioses, esto no se compara a nada.
—¿Preparada? ¿Asustada?
Ella rió burlona mientras negaba con la cabeza; su vista se posó sobre él Había olvidado qué era lo que se sentía trabajar con él. Los sentimientos y recuerdos querían salir de su mente y volver a repasar, pero, con un suspiro, alejó todo pensamiento, llamando a la concentración nuevamente hacia ella.
—¿Yo? Nací lista; incluso cuando tú usabas pantalones colgados, yo ya robaba a los nobles del norte. —Yvaine sonrió orgullosa del pasado. Elion soltó una risa.
—Eres terriblemente encantadora.
—Hay demasiado silencio —habló Yvaine en un murmullo mientras miraba a sus lados.
—Todos están ocupados, qué suerte. —Elion abrió la puerta con un alambre diminuto; ambos entraron.
El interior olía a madera y a paredes con humedad. Ambos torcieron la nariz esperando que el aroma se desvaneciera mientras más caminaban. Se detenían en las esquinas, evadiendo a los empleados que aún estaban ahí, y corrían con cubetas de agua hacia el otro lado. Yvaine lleva la delantera, la guía de la misión hacia la bóveda Había memorizado El camino. Y no iba a dejar que los nervios la llevaran a cometer un error. Su mano repuesta en la empuñadura de su daga estaba lista para atacar. Elion miraba los pasillos con atención. Pero su mirada se desviaba a Yvaine. La concentración que tenía en su rostro le hacía olvidar lo que tenía que hacer.
—Si sigues mirándome de esa manera vas a cometer errores, y si lo haces, te odiaré el resto de mi vida.
—Los errores no van conmigo, mour.
Sacó su daga y comenzó a caminar con pasos calculados; Elion la seguía y sacaba piedras con runas que se adherían a la pared, desprendiendo un brillo blanco que le servía a él como ojos y oídos. Otras que interferían con las señales mágicas que comenzaban a mostrarse en los pasillos. Estaban cerca de la bóveda Una pequeña esfera comenzó a flotar por el techo, siguiendo una línea blanca que iba directo hacia ellos. Elion se sobrepuso frente a ella y con un salto pegó la piedra lo más posible al techo. La esfera cayó al suelo.
—Lástima, ya me imaginaba en las portadas. —Yvaine pateó la esfera. Continuando con su trayecto.
Al final del pasillo, había una puerta de cobre con muchas decoraciones bañadas en oro. Habían llegado a la bóveda. Ambos sonrieron. Yvaine se acercó tentando el cobre. Son un silbido; tomó una de las decoraciones y la giró. La puerta se abrió tras un clic sonoro que deleitó sus oídos.
La puerta se abrió, mostrando enormes trofeos y tesoros. Pero al final, bañada en una luz dorada estaba la pieza que estaban buscando. El mapa estaba colocado en un pedestal, enrollado con una cinta roja. Yvaine dio un paso hacia dentro; él la tomó del brazo evitando que siguiera.
—Cinco minutos. —Habló él sin dudar. Ella giró los ojos con desdén y asintió.
—Si me sueltas, lo haré en tres —escupió ella con cierto veneno.
Él la soltó con una sonrisa de oreja a oreja. Muéstrame de qué eres capaz, amor.
Ella sonrió y su silueta se perdió dentro de la bóveda; sellos mágicos se activan. La ando descargas eléctricas que Yvaine rodeaba y saltaba como si de un baile estuviera dando. Desató su capa haciendo que cayera al suelo; siguió avanzando, evitando a toda costa cualquier inconveniente que ocurriera. Y pronto se detuvo. Se inclinó al suelo y miró una gran extensión de lo que tenía frente a ella. Pequeños símbolos y figuras estaban marcadas en el suelo. Mordió su labio inferior con deleite. Inspiró hondo y se levantó llevando sus manos a los costados.
—Mi vieja amiga —susurro para ella con una sonrisa marcada en el rostro.
☄️
Mientras ella descifraba cómo funcionaba la trampa de la plataforma, alguien la miraba por un espejo encantado. Pero no era un simple espejo, un largo pedazo de cristal bañado en oro con decoraciones de estrellas pegado en una pared de mármol blanco. No era una casualidad que mostrará cómo estaba saqueando la bóveda; ese espejo le mostraba lo que él quería ver. Una silueta esbelta de un traje pulcro y lujoso color blanco y dorado miraba con seriedad y suma atención mientras que una mano acariciaba su mentón. Bañado en la tenue luz de una vela mientras miraba fijamente cómo Yvaine se movía. Cada movimiento, cada cabello y paso.
—Alteza, la bóveda ha sido infiltrada y parece ser que van por el mapa. —Un guardia de armadura plateada se acercó. Sin miedo en su voz. Había desorientación y con una mano sujetaba su espada lista para desenfundar.
—¿Cuántos hay esperando? —habló el hombre elegante sin pestañear mientras daba la vuelta para ver al caballero.
—Una mujer, y un hombre que parece ser su socio, la espera afuera.
—Ella está dentro, ¿sola? —el guardia asintió—. Interesante.
Su figura se acercó al espejo, rozó sus manos con el borde dorado del espejo y miró con atención. Más que antes.
—¿Quiere que los detengamos?
—No. —masculló— Quiero ver de lo que es capaz. Envía guardias y diles que esperen mi orden.
—Alteza, pero si llega a robar el mapa…
—Entonces la cacería comenzaría. Nada que entra a esa bóveda, sale sin dueño, incluso ella. Ahora me pertenece.
Las palabras flotaban en el aire con una pesadez inigualable; no lo había soltado al aire así como así. Él estaba seguro de sus palabras y cuando él lo estaba, no había marcha atrás. No era una condena, era un interés.
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Editado: 02.01.2026