La oscuridad de la celda comenzaba a adentrarse en los huesos de la ladrona; el silencio fomentaba el sonido esclarescente del sonido de las gotas cayendo hacia el suelo La preocupación invadía el pensamiento mientras intentaba encontrar una respuesta a lo que había pasado momentos atrás, una traición que, por muy enamorada que estuviera, no lo vio venir, otra vez. Con una mueca comenzó a revisar que en efecto tuviera con ella la razón de esa traición. Y al sentir el papel contra sus la yema de sus dedos a un costado, soltó un suspiro de alivio. Con el corazón palpitando en el odio y la tristeza, se levantó, caminó hacia los barrotes de la celda, avistando la flama de una antorcha por el pasillo que muy apenas se lograba ver. Con la ira residiendo en su pecho, soltó un grito de frustración, golpeando los barrotes con la esperanza de que cedieran siquiera un poco.
Lo único que ganó fue que el guardia caminara hacia ella gritando que se detuviera. Con una mirada de ira dirigida al guardia, golpeó una última vez más los barrotes, volviendo a dirigirse al interior de la celda. Que en definitiva no era nada cómoda, el suelo húmedo sin ningún lugar donde sentarse, incluso la “cama” era solo una zona con paja directa en el suelo. Con un golpe comenzó a deslizar su espalda en la pared hasta sentarse en el suelo. Con cuidado de no ser vista, tomó el mapa y comenzó a desenrollarlo; la sonrisa comenzaba a tomar origen en su rostro mientras se imaginaba a Elion abriendo el pergamino y notando que solo era una foto bien hecha de su alteza.
El mapa que ella tenía, muy a pesar de tener una apariencia normal, se sentía diferente, mágico Mientras ella desenrollaba con cuidado. Pequeños dibujos y trazos comenzaron a aparecer en el mapa; este le daba la bienvenida con un pequeño animal parecido a una salamandra dibujado con ternura que le saludaba; en efecto, se movía Si era tela la fábrica de estrellas la que se había usado para crear el mapa, entonces no le sorprendía que fuera diferente a lo que ella esperaba de un mapa, pero aquello que sí no se imaginaba era que de alguna manera no había nada. El mapa estaba en blanco, a excepción de la pequeña salamandra vagando por todo el pergamino. Cerró los ojos, soltando un suspiro decepcionada, pero cuando volvió a abrirlos, la salamandra se había ido y unas letras comenzaron a formarse en el centro del mapa. Las letras formaban un nombre, su nombre. Con una intriga más allá de la imaginación, deslizó sus dedos sobre la superficie donde estaba marcado su nombre. <<No era posible>>, pensó ella, pero claro, el mapa es mágico Pero más que intriga, a la ladrona le causaba satisfacción; este era el mapa que todos querían.
Antes de poder guardarlo nuevamente, un nuevo nombre comenzó a aparecer sobre el suyo, un nombre que no esperaba volver a ver.
—Increíble —una voz masculina resonó en la celda. Ella dobló el mapa, exaltada, y alzó la vista escondiéndolo en su espalda. ¿Creaste esa explosión mágica en el norte del castillo? ¿Robaste el mapa que tanto me costó conseguir?
Yvaine se levantó tratando de descubrir de dónde era que provenía la voz. Miraba a sus lados con seriedad y precaución. Giró hacia la pared de la celda, tratando de observar algún tipo de artefacto mágico que distribuyeron la voz en alguna parte; no había nada.
—¿Eso a usted qué te importa? —habló al aire mientras guardaba el mapa en su bolsillo con sigilo.
—Me importa mucho —la voz resonó tras de ella; al darse la vuelta, vio una silueta parada tras el otro lado del barandal de la celda—. Te has metido en mi hogar, has atentado contra mi personal y me has robado. ¿Sabes el crimen que acabas de hacer?
Esta persona estaba sonriendo fríamente mientras se recargaba entre los barrotes. No bastaba con quedársele mirando de más; la simple presencia que emanaba y ese inconfundible color de cabello azul lo delataban. Alioth, no solo el mapa había advertido de su presencia unos segundos antes. Ahora lo estaba viendo frente a ella.
—Alteza, me disculpo por mis acciones. Le pido me perdone por mis actos —con audacia, fingió estar interesada y tener modales propios.
—No te ves arrepentida. —Hablo mientras daba un paso para abrir la celda.
—He sido engañada. Puedo darle los nombres de los verdaderos ladrones y causantes de la explosión mágica. Puedo ayudarle a encontrar el mapa.
Al cruzar miradas contra esos ojos azules, agacho la cabeza mirando las puntas de sus zapatos. La mera idea de que era el fin de su vida pasó por su mente de manera fugaz.
—¿Yvaine? —El mero hecho de escuchar su nombre, el verdadero, salir de su boca hizo que su corazón se detuviera. Preguntas sobre cómo era que había descubierto su nombre comenzaron a golpearla; era tan cuidadosa en ese detalle. Una mano se asomó por los barrotes dejando ver un contrato, pero este era diferente. Ella lo tomó entre sus manos y comenzó a leerlo.
“Tras robar el mapa, Yvaine se asegurará de terminar con la vida del príncipe heredero”.
«¿Qué?» pensó ella mientras trataba de asimilar lo que estaba leyendo. Eso no era lo que ella había firmado; estrujó el contrato en sus manos y miró con frustración hacia otro lado. No solo la habían traicionado, la estaban utilizando como un chivo expiatorio que dejarían para ellos salir libres. En un arrebato de ira y miedo, Yvaine se acercó a los barrotes, apenas asomando su rostro entre ellos.
—¡No! Esto es un timo. Jamás trataría de atentar contra su vida, alteza —alzando la voz, arrugó el papel y lo arrojó al suelo intentando controlar sus propios sentimientos—. Esto debe ser una broma.
—¿Crees que firmar un contrato sobre tratar de acabar con mi vida es una broma? Yvaine, debes estar tú de broma.
—Alioth, no seas tan incrédulo como para creer en este truco de magia.
—¡¿Quién te crees que eres para llamarme por mi nombre?! —golpeó los barrotes, molesto. El tintinear de las llaves junto con la mezcla del sonido de los barrotes siendo golpeados hizo que Yvaine retrocediera; era la primera vez que tenía miedo del futuro, no porque no pudiera contra él, sino porque no encontraba una manera de cambiar el futuro que ella veía.
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Editado: 04.04.2026