Lágrima de Sangre

CAPÍTULO 16

Desperté buscando el calor que me envolvía hace no mucho tiempo. Dos doncellas entraron al escucharme moverme entre las sábanas y, tras despertarme por completo, me ayudaron a vestirme. Me colocaron un vestido de seda marfil cubierto por una sobrefalda de terciopelo azul profundo, bordada en los bordes con hilos dorados que brillaban a la luz matutina del ventanal. Un cinturón de cuero fino se ajustó a mi cintura y sobre mis hombros cayó un manto ligero de lana gris. Mis cabellos fueron recogidos en un trenzado bajo sujeto con un broche de oro labrado en forma de lirio.

En los pasillos, el eco de mis pasos me guió hasta el salón del trono. Allí encontré a Rowen rodeado por el consejo. Sus rostros estaban tensos, susurros apagados corrían de boca en boca. Pero al verme, las voces cesaron como si mi sola presencia hubiera apagado una antorcha.

—Aurelisse —dijo Rowen, su voz resonó con eco en la estancia y apartándose de los hombres caminó hacia mí. Sus cuerpo llevaba el peso de algo más que el acero de su espada— hay testigos que creen haber visto a Altheria. He enviado un escuadrón de búsqueda y partiré con el siguiente hacia las aldeas vecinas para calmar el caos —se detuvo, suavizando la voz— ¿Te veo más tarde?

Asentí en silencio, con los ojos puestos en aquellos hombres que hacía apenas un día juraban fidelidad a mi padre.

—Procura no ir más allá de los límites visibles del jardín, por favor —añadió Rowen, buscándome con la mirada como si su petición fuera plegaria.

—No lo haré —respondí, sin comprender del todo la intensidad de su preocupación.

Después de la merienda en mis aposentos tuve una lección con la señora Elsbeth en la sala de estudio dónde el pupitre de Alltheria seguía vacío y mi mente vacilaba entre la ausencia de su ser y el tema sobre caligrafía y lenguas que la buena mujer se esforzaba por impartir, al terminar salí a despejar mi mente a los jardines, recorrerlos era parte de mi rutina habitual y aprovechaba para armar un ramo de flores silvestres a mi paso. El sol ya había pasado su punto más alto y Rowen estaría en el castillo en cualquier momento. Me encontré pensando en la última vez que visité cualquier aldea y mucho menos la ciudad principal del reino, con todo pasando tan rápido no habíamos tenido tiempo para la presentación oficial con la gente del reino como era debido.

El sonido ligero del agua me atrajo hasta el pequeño lago al que iba de vez en cuando en tiempos de calor, hoy no hacía precisamente frío, pero el clima se prestaba nublado. Un árbol se inclinaba hacía el espejo aqua verdoso, me quité las zapatillas con una sonrisa impaciente mientras el agua brillante me tentaba a acercarme.

En una mano llevaba mi ramo de flores silvestres y con la otra levanté la falda del vestido para subir al viejo tronco que se alzaba sobre el cuerpo de agua, con cuidado me senté en la corteza la cual no era más gruesa que un banco cualquiera. Con los pies tocando el frío refrescante pequeños pececillos aparecieron al dejar caer una pequeña flor violeta sobre el agua por accidente.

—Siempre me he preguntado cómo será ser un pez— pensé balanceando mis piernas colgando del viejo tronco.

Mi vestido se empapó por el salpique en la falda haciéndola ligeramente más pesada y me pregunté qué color se vería más hermoso bajo el agua donde los rayos del sol la perforan delicadamente y brilla al compás de las escamas de sus acompañantes.

Un crujir interrumpió mi reunión con los peces e inmediatamente levanté la vista buscando el origen del sonido. Una pisada, luego otra y otra. Despacio me puse de cuclillas hasta ponerme completamente de pie sujetándome ligeramente de otra rama del mismo árbol que se alzaba por encima de mi cabeza.

—¡Aurelisse! —exclamó la voz grave de Rowen. Solté el aire que no sabía que retenía mientras lo observaba acercarse. Surgió de los arbustos, con el rostro cansado pero una sonrisa amplia que disipaba la severidad de sus facciones.

—Así que aquí pasa su tiempo libre la reina de Elaria —dijo, posando la mano sobre el mango de su espada.

—No por voluntad. Si fuera por mí estaría... —pero antes de terminar, Rowen ya avanzaba hacia el tronco.

—¡Rowen espera!—su peso hizo que la madera gimiera bajo sus botas. Ambos nos detuvimos inmóviles mirando la rama que amenazaba en demostrar su contradictoria fragilidad.

—No sé nadar —musité apenas, justo antes de que la rama cediera y me hundiera en el agua helada.

El agua me envolvió como un muro helado. Todo se volvió borroso, espeso, con un eco sordo en mis oídos. Mi ramo de flores se dispersó en la corriente tranquila, como estrellas arrancadas del cielo. Abrí la boca para gritar y el líquido me quemó la garganta; mis brazos batieron en un intento inútil de alcanzar la superficie.

Un estruendo rompió el agua detrás de mí. Sólo un instante después, unos brazos fuertes me rodearon con urgencia. Sentí el calor de un cuerpo que se abría paso a través del lago y la firmeza de unas manos que no dudaban en sostenerme contra su pecho. El mundo recuperó el aire cuando mis labios emergieron, jadeantes, tosiendo entre espasmos que arrancaban lágrimas a mis ojos.

—¡Aurelisse! —la voz de Rowen, grave y cercana, vibró en mi oído.

Me sujetó con fuerza hasta llevarme a la orilla. Nos arrastramos entre la hierba húmeda, el agua escurriendo en cascadas de nuestros ropajes. Tumbada sobre el césped, tosí hasta vaciar mis pulmones del agua que me había arrancado el aliento.

Él estaba sobre mí, inclinado demasiado cerca, su cabello rubio pegado a la frente con la respiración agitada. Sus manos temblaban aún sobre mis brazos, indecisos como si temiera soltarme y volver a exponerse a perderme.

—¿Por qué saltaste? —alcancé a escupir entre jadeos, aún temblando. Hubiera bastado con utilizar su don para sacarme del agua.

Rowen me sostuvo la mirada, sus ojos verdes intensos como llamas me atravesaron. Una sonrisa breve, insegura, curvó sus labios.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.