Lágrima del Alba

CAPÍTULO 03

La biblioteca del Reino de la Luz era tan majestuosa como legendaria. Las puertas altas de madera estaban talladas con intrincados patrones que representaban la historia del reino que parecían tener vida propia: escenas de paz, conocimiento y, por supuesto, la figura imponente de la Reina Altheria en la parte central.

Al cruzarlas, nos recibió el aroma inconfundible de los libros antiguos, mezclado con la luz que entraba a través de los ventanales altos, pintando mosaicos de colores en el suelo. Estanterías que se extendían hasta el techo llenaban el espacio, y en el centro habían largas mesas de madera con lámparas flotantes doradas. Un silencio casi reverencial dominaba el lugar.

—Este lugar siempre me impresiona —dijo Elira, recorriendo con los ojos las hileras de estanterías— hay tanto conocimiento aquí...

—Y tanto que nunca leeremos —bromeó Calen, aunque su voz era un poco más baja de lo habitual, como si no quisiera romper la calma del lugar.

—Depende de cuánto tiempo tengamos —dijo Tharen con seriedad mientras examinaba los títulos en una de las estanterías cercanas.

Mientras los demás exploraban, yo me quedé cerca de Elira, quien parecía fascinada por una sección dedicada a la historia del reino.

—Mira esto, Lyra — Elira sacó un libro pesado de una de las estanterías y lo colocó sobre una mesa. La portada estaba decorada con detalles dorados y mostraba el emblema del reino.

—¿Qué encontraste? —pregunté mientras tomaba asiento junto a ella.

—Es un texto sobre los primeros años de la Reina Altheria. Pero, mira... —abrió el libro y señaló un espacio en blanco— hay páginas faltantes.

Fruncí el ceño mientras pasaba las hojas. No era solo una página; parecía que habían arrancado varias secciones completas del libro.

—Eso es extraño —murmuré.

—Muy extraño —respondió Elira, pensativa—es como si alguien hubiera querido borrar algo de la historia.

Aerion, que había estado ojeando otro libro cerca, se acercó al escuchar nuestras voces.

—¿Algo interesante? —preguntó, mirando las páginas incompletas.

—Eso depende de cómo lo veas. Este libro debería contar cómo la Reina unificó el reino, pero alguien ha arrancado parte de la historia —explicó Elira, con una mezcla de frustración y curiosidad.

Aerion permaneció en silencio, observando las páginas faltantes con una mirada seria.

—Vamos Elira, cualquiera pudo arrancarlas o quizás algunas cosas no están destinadas a ser recordadas, de cualquier modo le comentaré a mi padre sobre tu preocupación, seguro pueda hacer algo al respecto —dijo finalmente, aunque su tono sugería que no estaba seguro de sus propias palabras.

Mientras Elira y Tharen examinaban el libro con las páginas arrancadas, me alejé un poco, dejando que ellos debatieran. Mi mirada se desvió hacia una sección cercana dedicada a herbolaria. Los lomos de los libros estaban decorados con intrincados patrones de flores y hojas, y algunos títulos brillaban con letras doradas bajo la luz tenue.

Uno de ellos captó mi atención: "Secretos olvidados de la herbolaria ancestral". Mi dedo recorrió el borde del lomo antes de tirar suavemente de él. El libro era más pesado de lo que esperaba, con un diseño sencillo pero elegante, y al abrirlo, un leve aroma a hierbas secas se desprendió de sus páginas.

Al hojearlo, encontré información sobre plantas que nunca había visto antes, algunas con propiedades que parecían... mágicas. Había dibujos detallados, notas al margen e incluso fórmulas para ungüentos y pociones.

—¿Lyra? ¿Qué encontraste? —preguntó Elira al notar que me había apartado.

—Solo un libro de herbolaria. Parece interesante. Tal vez lo lea durante mi turno esta noche.

—¿Lo vas a llevar? —preguntó Calen, arqueando una ceja.

—Lo devolveré mañana. Solo quiero revisar algunas cosas —respondí mientras lo colocaba cuidadosamente en mi bolsa.

Aerion me observó en silencio, como si quisiera decir algo, pero no lo hizo.

Después de explorar la biblioteca, regresamos a los establos para recoger a nuestros caballos. Aerion sugirió que fuéramos a su casa para comer, y todos estuvimos de acuerdo. La casa de su familia estaba ubicada en las afueras de la ciudad, rodeada de un pequeño bosque que le daba un aire tranquilo y acogedor.

La propiedad era sencilla pero elegante, construida con madera oscura y piedra, con un jardín lleno de flores que parecían estar perfectamente cuidadas. La madre de Aerion, Lady Miriel, nos recibió en la entrada con una sonrisa cálida y un delantal que dejaba ver que había estado cocinando.

—¡Aerion! Qué bueno que vinieron. Pasen, pasen, la comida está casi lista.

El padre de Aerion, Lord Kaedryn, era un hombre de pocas palabras y miembro del consejo de la reina, con una presencia imponente que era inconfundible. Nos saludó con un leve asentimiento y un apretón de manos firme.

Durante el almuerzo, la mesa estuvo llena de risas y conversaciones animadas. La madre de Aerion había preparado un banquete: pan fresco, guisos especiados, y un postre de cítricos que parecía derretirse en la boca.

—Así que todos son estudiantes de la academia, ¿eh? —dijo Lord Kaedryn, observándonos con atención— es bueno ver que están aprovechando su tiempo en algo útil.

—Sí, señor. Aerion nos mantiene en línea —respondió Calen con una sonrisa, aunque su tono era lo suficientemente informal como para provocar risas.

—Aerion siempre ha sido muy responsable verdad. ¿Y tú, Lyra? —preguntó Lady Miriel, dirigiéndome una mirada amable— ¿Qué es lo que más te apasiona de la academia?

—La herbolaria, sin duda Lady Miriel. Hay algo mágico en las plantas que me apasiona, cómo pueden sanar y transformar —respondí con sinceridad, me resulta fácil hablar con la madre de Aerion, en general les tengo mucho aprecio a ambos.

—Eso es maravilloso. Tal vez puedas enseñarme algo un día —dijo ella, guiñándome un ojo antes de levantarse para traer más té.




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