Lágrima del Alba

CAPÍTULO 09

Cuando ocurrió el ataque, Elira, Aerion, Tharen y Calen regresaron a la academia en un estado de caos. Aerion, aunque físicamente recuperado, no podía dejar de mirar la marca en su pecho: una forma tenue que se asemejaba a una flor, grabada como un recuerdo del poder de Lyra. Era algo que nunca había visto antes, ni siquiera en los días en que Lyra practicaba su don en secreto.

El grupo se dirigió de inmediato a la oficina del director de la academia de cadetes. Al entrar, sus rostros mostraban la mezcla de urgencia, culpa y la desesperación que sentían. El director, un hombre alto y severo, con el cabello gris recogido hacia atrás y un uniforme impecable, escuchó su relato con el ceño fruncido.

—¿Qué estaban pensando? ¡Ir tan cerca de la frontera sin autorización! —espetó el director, golpeando el escritorio con la palma de la mano haciendo que todos los objetos levitaran por unos segundos.

Elira, que permanecía con la cabeza baja, finalmente habló, su voz temblorosa.

—Fue mi culpa, señor. Si no hubiera seguido a ese animal, nada de esto habría pasado.

El director la miró con dureza antes de responder.

—Recuerden esto: hay personas con el don de transformarse en animales. Deben ser más cuidadosos. Ahora, esto es más grande que ustedes —suspiró profundamente antes de agregar—nos dirigiremos a la ciudad de inmediato. Esto debe ser informado a la Reina.

El grupo partió hacia la capital sin demora, el silencio entre ellos era pesado. Aerion no dejaba de tocarse el pecho, preocupado no solo por la marca que Lyra había dejado, sino también por lo que le habría ocurrido después de que fue llevada.

La ciudad era majestuosa, pero el castillo era aún más impresionante. Las altas torres doradas brillaban bajo la luz del sol, reflejando un esplendor que parecía casi irreal. Dentro, el lujo era abrumador: las paredes estaban cubiertas de ornamentos dorados, pinturas detalladas de victorias pasadas que parecían moverse y estatuas de mármol que representaban figuras legendarias. El suelo, de mármol pulido, reflejaba como un espejo los pasos nerviosos del grupo.

—Nos darán una audiencia con la Reina de inmediato —anunció un oficial que los acompañaba, su voz firme pero cortés.

Al entrar en la sala del trono, los cuatro jóvenes se sintieron pequeños bajo la grandeza del lugar. La Reina, sentada en un trono tallado en oro y decorado con piedras preciosas, los observaba con una mezcla de calma y autoridad. A su lado, el oficial superior del ejército permanecía de pie, observándolos con una mirada penetrante.

Aerion, con esfuerzo, explicó lo sucedido. Se centró en el ataque, el secuestro de Lyra y la presencia de los soldados del Reino de las Sombras, omitiendo deliberadamente los detalles de la sanación. Pero al mencionar de forma breve que Lyra había sanado su herida, un destello cruzó los ojos de la Reina, algo que los chicos no pasaron por alto.

La Reina mantuvo una expresión neutral, aunque su tono de voz era firme cuando habló.

—Solicitaré una audiencia con el Rey del Reino de las Sombras. Se encontraban en tierras de nadie lo que hace difícil solicitar la restitución de la chica, pero nos aseguraremos de que sea entregada de vuelta.

El oficial superior ordenó aumentar la seguridad en la frontera y establecer un toque de queda en las ciudades cercanas.

—Es todo. Llévenlos a su habitación.

El director los tranquilizó al salir, asegurándoles que estarían a salvo en el castillo. Sin embargo, el silencio entre los jóvenes cuando llegaron a la habitación era inquietante.

—Eso fue... raro —murmuró Calen, rompiendo finalmente el silencio.

Los demás asintieron, sabiendo que había algo en la reacción de la Reina que no encajaba. Les asignaron una habitación con una sala común amplia y dormitorios separados, Aerion no dejaba de caminar por la sala cruzado de brazos mientras que Calen y Tharen se distraían compitiendo sobre quien hacía más flexiones y Elira permanecía seria, sentada en un sillón de la estancia con un libro en manos pero sin prestarle atención, con la mirada perdida.

A pesar de la opulencia que los rodeaba los cuatro estaban sumergidos en sus propias preocupaciones sin éxito en encontrar descanso, esa misma noche, los chicos decidieron aventurarse por el castillo, incapaces de ignorar la preocupación sobre el bienestar de Lyra, querían encontrar una forma de ayudar de traerla de vuelta. La curiosidad los llevó a explorar pasillos que no estaban destinados a visitantes, y pronto encontraron una sección privada en un rincón polvoriento y oscuro de la biblioteca del castillo.

Allí, entre libros dañados por el tiempo, Elira encontró uno con páginas apenas legibles. Al hojearlo, las palabras "Lágrima del Alba" captaron su atención.

—¿Lágrima del Alba? —preguntó en voz baja, mientras los demás se inclinaban para mirar el texto.

—Nunca he oído hablar de eso —respondió Aerion, frunciendo el ceño.

Elira siguió leyendo, pero gran parte del texto estaba borroso o en una lengua que no entendía. Sin embargo, la mención de una antigua familia real y un objeto de gran poder despertó más preguntas que respuestas.

En una pared cercana, encontraron una pintura vieja, cubierta de polvo y deteriorada por el tiempo. Mostraba a una familia real, un rey y una reina con una niña pequeña entre ellos. La niña tenía el cabello dorado y ojos verdes que les recordaban demasiado a Lyra.

—Esto... no puede ser una coincidencia —susurró Tharen, mirando la pintura con una mezcla de asombro y desconcierto.

Antes de que pudieran analizar más, escucharon pasos acercándose. Rápidamente, Aerion apagó el destello que había formado con su don y se escondieron entre las estanterías.

Habían pasado dos días desde la llegada de los chicos al castillo, y aunque sus cuerpos estaban allí, sus mentes parecían estar en otro lugar. Las miradas nerviosas que intercambiaban, los susurros en los pasillos y las largas pausas antes de responder las preguntas de los oficiales no pasaron desapercibidas para la Reina Altheria. Desde su trono, la monarca observaba todo con una calma calculada, pero detrás de su semblante sereno, estaba trabajando en una estrategia.




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