Lágrima del Alba

CAPÍTULO 18

La madrugada en la fortaleza era gélida y silenciosa, solo interrumpida por los pasos de los guardias que patrullaban los pasillos. Dentro de la celda, los cuatro jóvenes estaban agachados, discutiendo en murmullos su plan de escape.

—Tenemos una sola oportunidad —susurró Kaedan, su voz apenas audible —la ronda de los guardias cambia en unos minutos. Si logramos forzar la cerradura de la celda con esto... —sacó una pequeña pieza de metal que había tomado del cinturón de uno de los guardias cuando lo empujaron dentro de la celda más temprano.

Tharen asintió, tomando la pieza y analizándola. Su don le permitía prever ciertos movimientos y, con suerte, encontrar la forma correcta de manipular la cerradura sin hacer ruido. Aerion y Calen observaban atentos.

—Bien, todos listos —susurró Elira desde su celda separada— en cuanto la puerta se abra, nos movemos rápido y en silencio.

Tharen comenzó a trabajar la cerradura con precisión, su vista fija y sus manos firmes. Después de unos segundos de tensión, se escuchó un leve "clic". La puerta se abrió lentamente.

Aerion fue el primero en salir, asegurándose de que no hubiera guardias cercanos. Uno a uno, salieron y se movieron entre las sombras de los pasillos. Kaedan guiaba el camino, pues conocía mejor la estructura de la fortaleza. Todo parecía ir bien hasta que, al girar por un corredor, se encontraron cara a cara con dos guardias armados.

—¡Alto ahí! —gritó uno de los soldados, sacando su espada.

—¡Corran! —exclamó Calen, pero era demasiado tarde. Otro guardia apareció detrás de ellos, bloqueando la salida.

En un instante, la tensión explotó. Aerion intentó moverse rápido, pero los guardias ya estaban sobre ellos con una fuerza sobrehumana. Kaedan trató de usar su don de invisibilidad, pero en su estado de agotamiento, solo logró desvanecer por un segundo parte de su cuerpo antes de ser golpeado en el estómago y reducido al suelo.

En cuestión de segundos, los cuatro estaban siendo arrastrados de vuelta a su celda, sus planes frustrados. Los guardias los empujaron dentro con burlas.

—Si van a intentar escapar, al menos háganlo bien —se rió uno de ellos antes de cerrar la celda con un fuerte chasquido.

Kaedan golpeó la pared con frustración.

—¡Maldición! Estábamos tan cerca...

Elira suspiró, dejando caer la cabeza contra los barrotes de su celda —debemos encontrar otra forma. No funcionará si no logramos movernos más rápido y abrir ambas celdas al mismo tiempo.

Tharen, aunque decepcionado, ya estaba analizando lo ocurrido. El grupo con un aire de derrota al final aceptó el resultado, pero no se iban a dar por vencidos ahí.

Pasaron esa noche en la celda, recuperando fuerzas y planeando una nueva estrategia de escape, con la nueva información que recopilaron sobre las horas de los cambios entre guardias, los puntos ciegos que lograron identificar y la rutina en general de la fortaleza, toda información extra iba a ser crucial para lograr un escape exitoso.

La mañana del día siguiente llegó, pasado el medio día el ruido del exterior llamó la atención de los jóvenes, Aerion se acercó a una pequeña abertura en la celda, un espacio entre los barrotes y la piedra que daba vista al mercado desde la altura de la fortaleza.

Su mirada se dirigió a las bulliciosas calles , iluminadas por la leve luz solar que alcanzaba las tierras, antorchas y faroles. Los puestos estaban llenos de movimiento, de comerciantes y compradores que aún terminaban sus transacciones. Pero entonces, algo capturó su atención.

Una figura con trenza dorada, su cabello iluminado por los rayos tenues luz.

Aerion sintió su pecho tensarse. Era ella.

Por un segundo, se quedó inmóvil, incapaz de procesar lo que veía. Pero lo que lo paralizó no fue solo la presencia de Lyra... sino la persona que estaba con ella.

El príncipe.

El heredero de las sombras caminaba a su lado, protegiéndola con su imponente figura. Pero lo que más hirió a Aerion fue la forma en la que ella le sonreía, la manera en que su cuerpo se inclinaba naturalmente hacia él, la intimidad con la que intercambiaban palabras. Y luego, el gesto que rompió algo dentro de él.

El príncipe llevó una mano a la mejilla de Lyra, limpiando algo con un gesto casual, casi... tierno.

No. No puede ser.

Aerion apretó los barrotes con fuerza, sintiendo cómo la rabia y la confusión lo consumían.

—¿Aerion? —preguntó Tharen, notando su reacción.

Aerion se giró lentamente, su expresión endurecida.

—Ella está ahí —susurró con voz tensa— está con él.

Los demás se acercaron rápidamente a la abertura, pero para cuando miraron, la figura de Lyra ya se había perdido entre la multitud.

—¿Estás seguro? —preguntó Calen con incredulidad.

—La reconocería en cualquier lugar —dijo Aerion con firmeza, todavía procesando la escena.

Tragó saliva, sintiendo que el peso de la verdad estaba a punto de caer sobre él.

—¿Y qué hacía? —preguntó Elira, su voz contenida.

Aerion tardó en responder, pero cuando lo hizo, su tono estaba lleno de determinación.

—Parecía estar bien... demasiado bien.

El silencio cayó sobre ellos. Ninguno sabía cómo interpretar aquello.

—Tal vez la obligaron a actuar así —sugirió Tharen, aunque su tono indicaba que ni él mismo estaba convencido.

—O tal vez... —murmuró Aerion, pero no terminó la frase.

No quería ni considerar la posibilidad de que Lyra no necesitara ser rescatada.

Finalmente, tomó aire y los miró con determinación.

—Si no podemos sacarla de allí ahora... entonces debemos hacerlo mejor. Retomamos el plan. Y esta vez, no fallaremos.

Los demás asintieron.

El fracaso de la madrugada anterior solo les había dado más razones para intentarlo de nuevo. Y esta vez, nada los detendría.

El grupo se reunió en la celda, susurros urgentes llenando el aire. Afuera, el viento helado golpeaba contra los muros de la fortaleza, y la guardia realizaba sus rondas con una rutina monótona pero implacable. No tendrían muchas oportunidades para actuar.




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